SoulCharger
4 Libros Publicados
Libros y Cuentos de SoulCharger
La Libertad: Mejor Recompensa
Urban romance El perfume barato del aeropuerto de la Ciudad de México nunca me había parecido tan sofocante.
Pero esa tarde, para Elena Rojas, el aire estaba denso con el nauseabundo olor a traición.
Ahí estaba él, Diego Vargas, el hombre con el que había construido mi imperio cinematográfico, descendiendo del avión como un dios, con esa sonrisa que antes era solo mía.
Ahora, esa sonrisa cínica era para ella, Sofía del Castillo, la actriz "revelación" del momento, una chiquilla cuya juventud insultaba mi existencia.
Los flashes estallaron, los reporteros se arremolinaron como moscas sobre la mierda, y él, mi Diego, el que conocía cada uno de mis sueños, la presentó como su "futura esposa y la estrella de mi próxima gran película".
¿Futura esposa?
Mi mundo se detuvo, el ruido se desvaneció, dejando solo el eco de esas dos palabras.
Años de trabajo, de construir una productora desde cero, de ser su ancla en cada tormenta, reducidos a esto: ser reemplazada por una cara bonita y un cuerpo joven.
Pero lo peor no fue la humillación pública, sino la burla constante de Sofía en las juntas.
"Necesita una visión más… global, ¿saben?" o "el vestuario es un poco… localista" .
¡Estaba intentando desmantelar todo lo que mi equipo y yo habíamos construido!
Sentí la ira burbujear, una sensación que me quemaba por dentro, ¿cómo se atrevía?
Mis mujeres, Carmen "La Curiosa" , Luisa "La Lince" y Rosa "La Rebelde" , también ardían de indignación, y esa lealtad fue mi bálsamo.
Esa niña no era una artista; era un fraude, una mentira andante, eso ya no era solo una traición personal, era una guerra, y Elena "La Leona" nunca rehuía una pelea.
Es hora de que Diego recuerde por qué nunca se debe subestimar a una leona. No Llores por lo Perdido
Suspense El teléfono sonó, interrumpiendo un día que ya era una pesadilla, mi pequeño Ricardo, herido en un accidente, y yo al borde de un ataque de nervios en el hospital.
Pero lo peor no era el accidente, sino lo que escuché a escondidas en un pasillo: mi esposo Mateo y mi hija Valentina, riendo, tramando.
No era preocupación lo que sentían por Ricardo, sino un despreciable plan para usar su dolor y mi culpa en el accidente, en mi contra, para robarme el legado familiar: mi taller de cerámica.
Mi corazón se hizo pedazos mientras escuchaba sus palabras, confirmando que este "accidente" había sido orquestado, no solo para quedarse con mis bienes, sino también para ocultar un oscuro secreto de hace cinco años, que estaba a punto de descubrir.
¿Cómo era posible que las dos personas en las que más confiaba, fueran capaces de tanta maldad?
Pero no me iba a derrumbar, no esta vez, la guerra apenas empezaba, y esta vez, yo jugaría con mis propias reglas, y ellos ni siquiera lo verían venir. El Precio de Hacer Milagro
Fantasía Mi nombre es Ricardo Morales, y mi cocina solía ser mi orgullo, capaz de sanar cualquier alma.
Pero esa misma cocina, o más bien, el "milagro" que producía, me costó la vida.
La última imagen que tuve fue la de Sofía del Valle, la heredera del imperio tequilero, viéndome desangrar, la locura en sus ojos, gritando: "¡Tú dices que tu cocina es un milagro! ¡Pues úsalo para traerlo de vuelta!"
A su lado, el cuerpo congelado de su amante, Marco Flores, un año después de haber desaparecido, y al que yo, supuestamente, debía resucitar.
Le supliqué, mis fuerzas agotándose: "¿Sofia, está muerto. Mi comida cura, no resucita. Lleva un año así."
Ella me escupió, su rostro retorcido por el odio: "¡Tú lo mataste, Ricky! ¡Tú me robaste mi vida con él!"
Me culpó por la muerte de un estafador y me dejó morir, desangrándome por un ritual sin sentido.
Antes de que la oscuridad me engullera, escuché los susurros: Marco no murió buscando la planta milagrosa, sino intentando estafar a la amante de un hombre peligroso.
Toda mi vida, mi sacrificio, fue por una mentira.
Pero entonces, desperté.
Volví. En el día exacto en que la conocí, en el mismo salón, y ella, pálida y frágil, me miró con la misma arrogancia de siempre.
Esta vez, no habría compasión.
"Señorita Del Valle", le dije con una voz que no reconocí. "Su paladar está perdido. Es una causa perdida. Nadie puede curarla."
El silencio se rompió cuando una taza de talavera se estrelló contra la pared. Mi vida anterior me había traicionado, pero esta vez, yo sería quien pusiera las reglas.
Y el juego, cabrones, apenas comenzaba. Cuando la Verdad Duele Más que la Traición
Fantasía El día de mi sentencia, el cielo estaba gris y el aire, pesado.
Llevaba un año en esa celda, acusada de un crimen atroz: el asesinato de la familia De la Vega, la misma que me salvó la vida y me dio un hogar.
La sala del tribunal era un hervidero de odio, susurros de "¡Monstruo!" y "¡Mátala!" me perforaban el alma.
Mateo, el único superviviente, se erguía ante mí, sus ojos antaño llenos de amor, ahora ardían con una furia helada.
Me obligó a tragar la "Lágrima del Alma", una planta ancestral que revela los recuerdos más profundos.
La primera visión, proyectada para que todos la vieran, mostró cómo el joven Mateo me encontró moribunda en un callejón y cómo su familia, con Don Alejandro y Doña Isabel a la cabeza, me acogió y me amó como a una hija.
La multitud estalló en gritos de indignación, confirmando su veredicto: yo era una serpiente ingrata que mordió la mano que la alimentó.
El odio de Mateo se profundizó, y Carla, la dueña de la minera que destruyó mi aldea, susurró veneno a su oído, calificándome de pura oscuridad.
¿Cómo podía alguien que recibió tanto amor cometer tal atrocidad?
¿Era yo realmente un monstruo, incapaz de sentir gratitud?
Pero mi silencio, impuesto por un veneno que Carla me había inyectado, ocultaba una verdad mucho más compleja.
Mateo, atormentado, exigió más, sin saber que cada recuerdo revelaría no solo mi historia, sino también la siniestra manipulación detrás de la tragedia que nos destruyó. Le puede gustar
Anhelando a mi esposo tirano
Xu Shinian Mi exnovio Darrin me humilló en una gala benéfica, diciéndome que yo no valía nada sin él.
Destrozada, bebí demasiado vodka y le exigí a un extraño que me salvara.
A la mañana siguiente, me desperté en un lujoso penthouse con una resaca insoportable y un certificado de matrimonio bajo mi mano.
Me había casado con un completo desconocido que solo firmó con la letra "G".
Pensé que era un error garrafal, pero cuando Darrin amenazó con arruinarme publicando fotos íntimas mías, mi nuevo esposo intervino.
En cuestión de minutos, un equipo legal destrozó la vida de mi ex, borró las fotos y lo dejó llorando en un pasillo.
"Soy tu esposo, y les guardo rencor a los hombres que hacen llorar a mi esposa".
Gus me dijo que solo era un consultor de negocios, pero me regaló un diamante amarillo que valía millones y me vigilaba con una obsesión aterradora.
¿Por qué su voz, su mandíbula afilada y su poder me recordaban tanto a Agustus Williams, el despiadado y temido tirano de Wall Street?
Para pagar mis deudas, acepté un trabajo de cincuenta mil dólares: fotografiar al mismísimo Agustus.
Al hacer zoom en la imagen y ver el reflejo de su rostro en la pantalla, mi sangre se heló por completo.
El intocable monstruo que aterrorizaba a la ciudad y el hombre que me exigía usar su anillo de bodas... eran exactamente la misma persona. Después de que me dejó, me convertí en su madrastra
Evelyn Hart La tarde en que Ricardo regresó, el sol implacable bañaba los impecables jardines de la mansión Vargas, casi tan cegador como el traje de lino blanco que él vestía.
Un deportivo, escandaloso y ostentoso como su dueño, derrapó sobre la grava, soltando a una mujer pálida y frágil, aferrada a él como si su vida dependiera de ello: Camila Soto, la influencer desaparecida.
Los vi entrar por el ventanal, sin invitación, como si la casa aún les perteneciera, ignorando a una Lupe que intentaba detenerlos.
"Vengo a verla a ella," dijo él, su sonrisa torcida, esa misma sonrisa de hace tres años cuando me dejó plantada en el altar, diciendo que buscaba su «espíritu» en un rancho.
"Sofía," espetó, su voz cargada de una autoridad inexistente, "veo que sigues aquí, como una buena perra fiel esperando a su amo."
Luego, Ricardo se desplomó en el sofá de cuero de Alejandro, su padre, y dijo: "Hemos vuelto para quedarnos."
Mi corazón no tembló, solo una fría calma, la calma de quien espera una tormenta anunciada, porque sabía que él no era el rey, y yo ya no era la ingenua que él había abandonado.
Él no sabía que, con Alejandro, había encontrado dignidad, un hogar y un amor profundo que sanó las heridas de su traición.
Me di la vuelta para ir a la cocina, con sus miradas clavadas en mi espalda, pensando que yo seguía siendo la misma Sofía.
Pero justo en ese momento, una pequeña figura se lanzó hacia mí, riendo a carcajadas.
"¡Mami, te encontré!"
Un niño de dos años, con el cabello oscuro y los ojos brillantes de Alejandro, se abrazó a mi pierna, ajeno a la gélida tensión que se cernió sobre el salón.
"Mami," preguntó con su vocecita clara, "¿Quiénes son?" Su traición desencadenó su verdadero poder
Damaguo Changan Durante cinco años, fui el fantasma en la máquina, la arquitecta secreta de la brillante carrera de mi novio, Leo. Yo era "Aura", la creadora anónima del software multimillonario de nuestra empresa, y usé mi influencia oculta para convertirlo en el líder de proyecto estrella en una nueva ciudad a 2,400 kilómetros de distancia.
Lo hice todo por nosotros, por el futuro que se suponía que construiríamos juntos.
Pero cuando finalmente me transferí a su oficina para sorprenderlo, lo encontré abrazado a su nueva asistente, Kiara, la misma chica que había visto riendo en la parte trasera de su motocicleta en un video apenas unos días antes.
Él la llamó su "compañera de escalada", una amiga, nada más.
Entonces, ella cometió un error que le costó millones a nuestra empresa. Cuando la confronté, Leo no la hizo responsable. La defendió. Frente a todo el piso ejecutivo, se volvió contra mí, culpándome por su fracaso.
—Si no puedes con la presión de aquí —escupió, su voz goteando desprecio—, a lo mejor deberías regresarte al corporativo.
El hombre cuya vida entera yo había construido me estaba despidiendo para proteger a otra mujer.
Justo cuando mi mundo se hacía añicos, las puertas del elevador sonaron. Nuestro Director de Tecnología salió, sus ojos recorriendo mi rostro bañado en lágrimas y el de Leo, rojo de furia.
Miró directamente a mi novio, su voz peligrosamente baja.
—¿Tienes el descaro de hablarle en ese tono a la dueña de esta compañía? Es Demasiado Tarde, Estoy Casada
Luo Xi En la vibrante Ciudad de México, Sofía de la Vega, hija de una de las familias más influyentes, vivía una vida de ensueño, prometida al brillante Ricardo, el hombre de quien estaba perdidamente enamorada.
Un día, su padre anunció la noticia que cambiaría sus vidas para siempre: para salvar el imperio familiar de una crisis inminente, Sofía debía contraer un matrimonio de conveniencia con un desconocido del norte.
Justo cuando Sofía, con una valentía inesperada, aceptó su destino y decidió sacrificarse por su familia, Ricardo irrumpió, revelando que él también debía casarse con otra mujer, Clara, a quien le debía un matrimonio temporal por "responsabilidad", prometiendo que después, Sofía y él estarían juntos.
La incredulidad se apoderó de Sofía cuando Ricardo, una y otra vez, eligió a Clara, defendiéndola ciegamente incluso cuando Clara intencionalmente arruinó su vestido de novia y la empujó a una piscina, mientras él la dejaba ahogarse para salvar a la otra.
El amor de su vida la traicionó, dejándola sola y a la deriva, pero en sus momentos más oscuros, Sofía tomó una decisión inquebrantable: se casaría con el hombre del norte, y Ricardo nunca más volvería a verla.