SEVERINO DELIZ
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Libros y Cuentos de SEVERINO DELIZ
La Bailarina del Jefe
Mafia Miro mis manos vacías, siento el veneno lento que me consume.
Era Sofía Romero, la bailarina que honraba a la tierra, la hija del líder respetado.
Ahora soy solo la esposa de Miguel Sandoval, "El Jefe", el hombre que masacró a mi familia.
Me casé para "limpiar" el nombre de los míos, para "proteger" a los que quedaban.
Pero la farsa se desvaneció.
Noche tras noche, con una sonrisa torcida, él celebraba su venganza.
"Mi cartel perdió a cien hombres por tu padre, Sofía, tu padre los entregó a las autoridades como si fueran ganado."
Su aliento a tequila, su odio innegable, me consumían.
"Mi familia fue traicionada por la tuya. Así que te haré pagar. Haré de tu vida un infierno."
Y lo cumplió.
El infierno alcanzó su punto más bajo cuando, con siete meses de embarazo, su otra mujer, Isabella, le susurró el veneno al oído.
"Esa niña que llevas dentro es una Romero, lleva la sangre de la traición, Miguel, será una amenaza para ti."
Esa noche, Miguel me forzó a beber su droga abortiva.
El dolor fue indescriptible, pero el verdadero horror llegó cuando arrojó el cuerpo de mi hija sin vida a los perros.
Ese día, mi corazón se hizo añicos.
Conseguí veneno, decidida a terminar con mi existencia.
Diez días me daban de vida, pero antes de que pudiera irme en paz, Isabella, "La Reina", entró en mi habitación.
"Pobrecita Sofía," dijo con falsa piedad. "Te ves terrible. Pero no te preocupes, yo cuidaré bien de Miguel. Alguien tiene que darle un heredero de verdad."
Llevaba un vestido rojo y joyas que anunciaban su victoria.
"¿Sabes? Miguel me compró un collar nuevo anoche. De diamantes. Dijo que era para celebrar que nos libramos de... un problema."
Sus palabras, crueles y calculadas, finalmente encendieron el fuego que creía extinto.
La rabia, pura y salvaje, me impulsó a abofetearla con todas mis fuerzas.
¿Creíste que Sofía Romero se rendiría sin luchar, incluso en la muerte?
Lo que Miguel no sabía es que mi venganza, mi verdadero infierno, apenas estaba por comenzar. El Desprecio de Mi Adelita
Suspense El olor a tierra mojada y a llanta quemada todavía se aferraba a mi nariz.
La camioneta de Lupita se detuvo a centímetros de mi cabeza, dejándome destrozado, un amasijo de huesos rotos bajo su peso.
Desde el suelo, vi a Lupita, mi "Adelita", bajar del vehículo, con una calma aterradora, sin una pizca de preocupación.
"¿Por qué, Lupita?" , apenas pude susurrar, mientras mi visión se desvanecía.
Ella ni siquiera me miró; sus ojos fijos en Ricardo "El Rico" Sánchez, mi rival de jaripeos, el "compadre" de toda su vida, quien se acercaba para abrazarla en posesión descarada.
"Porque ya no te necesitamos, Alex" , dijo Ricardo, con una voz llena de triunfo que aún no comprendía.
Por primera vez, Lupita bajó la mirada hacia mí, y en sus ojos vi un desprecio frío y calculado que me heló la sangre.
"Tres años, Alex" , su voz tan plana como una lápida, "Tres años cuidándome, haciéndote el mártir. Todo para esto."
Un dolor mucho más profundo que el de mis huesos rotos me atravesó, el "castigo del don", la maldición que venía con mi habilidad.
Ricardo se burló, "¿De verdad creíste que una mujer como Lupita se iba a quedar con un lisiado como tú por amor?"
Lupita sonrió, una mueca torcida y fea.
"Te lo advertí, compadre. Te dije que era demasiado noble, demasiado tonto."
Me aferré a un recuerdo: hace tres años, en el jaripeo, salvé a Lupita de un toro desenfrenado, destrozando mi carrera taurina.
"¿Accidente?" , se burló Lupita. "No hubo ningún accidente, Alex. Todo fue planeado. Necesitábamos que renunciaras a tu don, que te quedaras vulnerable."
Ricardo se arrodilló a mi lado.
"Tu habilidad con los caballos, con el lazo. Esa conexión mágica que te hacía el mejor. No es solo talento, ¿verdad, Alex? Es un 'sistema', un poder que te da éxito. Y ahora," sonrió, mostrando sus dientes blancos, "es nuestro."
Todo había sido un engaño: su devoción, mi "accidente", los tres años a su lado como un perro fiel, cuidándola y amándola.
Fue un plan meticuloso para robarme mi "don de charro" y con él, vivir para siempre en la gloria de los jaripeos.
"Ahora yo seré el campeón" , dijo Ricardo.
"Viviremos para siempre, Alex" , añadió Lupita, con una chispa de locura en los ojos. "En la cima. Sin dolor, sin limitaciones."
La traición fue tan vasta que casi ahogaba mi dolor físico; mi amor, mi amistad, mi carrera, mi futuro, todo reducido a una vil mentira.
Miré la casa y el rancho que mi abuelo me heredó, las luces encendidas; ya no eran míos.
En medio de mi agonía, una idea extraña y liberadora se apoderó de mí: ellos querían el don, pero desconocían el tormento que traía consigo.
"¿Lo quieren?" , dije, mi voz extrañamente fuerte. "Tómenlo. Es suyo."
En mi mente, concentré mi energía en el don, deseando que se transfiriera a ellos y los consumiera.
Quería liberarme, aunque fuera lo último que hiciera.
Lupita y Ricardo sonrieron con codicia, sin idea del infierno que acababan de heredar. Un 59% No Era Suficiente
Urbano Nuestra noche de bodas debería haber sido el culmen de mi amor con Máximo, el magnate que sané con mi devoción. Llevábamos cinco años juntos, y pensé que mis 99 obras y el 59% de su amor eran suficientes.
Pero todo se derrumbó cuando su primer amor, Yolanda, regresó de Miami, recordándome que solo fui un reemplazo. La vi sonreír, el tatuaje de mariposa en su tobillo un espejo del suyo, y comprendí que Máximo la amaba con un brillante 90%, y que yo no era más que una sustituta.
La indiferencia de su familia, la arrogancia de Yolanda y las mentiras de Máximo me asfixiaron. Mi embarazo, que debió ser de alegría, se volvió una carga cuando escuché sus pensamientos y vi su mano en el tobillo de Yolanda, bajo la mesa en medio de mi familia política. Los vídeos de Roy me mostraron la cruda verdad: mi esposo, mi Ceiba, siempre fue de ella.
¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude creer que un amor a medias, un 59%, sería suficiente cuando él ya entregaba el 95% de su alma a otra?
Con un último aliento, pedí a mi Padrino que me sacara de aquel destino cruel. "Abandona este mundo, Lina", me dijo. Y así, mi vida terminó, consumida por el dolor y la traición.
Pero el universo, en su infinita sabiduría, me concedió una segunda oportunidad. Al despertar, no estaba en el fondo del mar, sino en mi propia cama, antes del accidente que me dejó sin mi baile. Máximo también ha vuelto, sin recuerdos claros, solo un vacío que lo guía a buscarme de nuevo.
Esta vez, no hay sistemas ni profecías, solo dos almas con una nueva oportunidad para amarse, desde cero. El Amor Me Ruina
Moderno Mateo era un pintor que vivía por y para Isabel, la mujer que, según él, lo había "rescatado" y con quien compartía una vida que olía a roble viejo y vino caro en su bodega familiar.
Su amor era su pincelada maestra, su devoción, su lienzo.
Un día, Isabel, con los ojos nublados por una angustia fingida, le reveló una "deuda multimillonaria" y la inminente "quiebra" de su bodega, proponiendo un "divorcio falso" para protegerlo de la ruina.
Sin dudar, Mateo, su "roca", accedió, dispuesto a sacrificar todo por el amor que creía inquebrantable.
Dejó su vida en Jerez y se mudó a un humilde piso en Sevilla, trabajando incansablemente como camarero y profesor de acuarela, mientras su cuerpo, antes un templo de creación, se marchitaba por un ensayo clínico de alto riesgo al que se sometió para salvarla.
Pero el verdadero colapso no fue el de la bodega, sino el de su corazón, cuando escuchó a Isabel reírse por teléfono, jactándose de la "farsa" y de su próximo matrimonio con otro hombre, Javier, llamándolo un "perrito leal".
Poco después, moribundo en un hospital por el experimento clínico, la llamó, y ella, despreocupada, tachó su agonía de "drama" mientras planeaba su boda.
¿Cómo podía la mujer que le había prometido un "para siempre" reducir su vida, su amor, su sacrificio, a una burda mentira, a un mero "juguete" desechable?
Era una traición tan profunda, tan desalmada, que el dolor se transformó en un vacío gélido, y ese vacío, en una resolución inquebrantable.
Así, mientras su cuerpo moría por una verdad que ella le negó, Mateo preparó su silenciosa obra maestra de venganza, donando su cuerpo a la ciencia para que, en el día de su "boda falsa", su última voluntad desvelara una verdad tan cruda que la destruiría para siempre ante los ojos de todos. Amor continua por Diario
Romance Mi matrimonio con Mateo Herrera duraba ya diez años.
Nuestra vida transcurría, aparentemente, en una rutina normal.
Pero hoy la verdad explotó.
Descubrí que me engañaba con Camila, mi prima.
Él, con una frialdad espeluznante, no solo se negó al divorcio, sino que me culpó a mí por su infidelidad, tildándome de aburrida y descuidada.
La humillación pública fue insoportable.
Mis propios tíos me exigieron perdonarlo "por el bien de la familia", priorizando cínicamente la "delicada salud" de Camila.
Fui abofeteada por mi tío mientras Mateo, a mi lado, coqueteaba descaradamente con ella.
Esa misma noche, mi esposo me destrozó con palabras crueles y luego intentó forzarme en nuestra propia cama.
Me sentía destrozada, traicionada, reducida a la nada.
Una rabia e impotencia indescriptibles me ahogaban.
¿Cómo podía la vida ser tan absurdamente cruel e injusta conmigo?
Justo cuando la desesperación parecía mi única compañía, encontré un viejo diario de Mateo, de cuando tenía diecinueve años.
Para mi absoluto asombro, un Mateo más joven (M19), lleno de amor y promesas, me respondió a través de sus páginas.
Mi 'yo pasado' prometía protegerme, incluso si eso significaba sacrificarse para liberarme.
¿Sería este eco improbable del pasado mi única y desesperada tabla de salvación?
Una oportunidad única de reescribir mi historia se abrió ante mí, y decidí que era hora de luchar. Le puede gustar
El despertar a la traición del Don de la Mafia
Ming Yue Zhang Die Sui Xin Desperté de un coma de cinco años solo para encontrar mi acta de defunción archivada, firmada por mi propio esposo.
Dante de la Vega, el Don de la Ciudad de México, me miraba como si fuera un milagro, pero sostenía la mano de otra mujer.
Sofía Rivas llevaba mis diamantes, vivía en mi casa y estaba al lado del hombre para el que yo había construido un imperio.
Pero la verdadera traición no fue la amante. Fue mi hijo.
Cuando intenté acercarme a Leo, mi bebé, él retrocedió despavorido y escondió la cara en el vestido de Sofía.
—¡Vete! —gritó.
—¡Mamá Sofía dijo que eres un monstruo! ¡Que eres un fantasma!
Sofía me sonrió, una sonrisa que cortaba como navaja, afilada y triunfante. No solo me robó a mi esposo; reescribió los recuerdos de mi hijo para convertirme en la villana.
Para proteger la alianza familiar, Dante me obligó a guardar silencio.
Cuando Sofía, más tarde, chocó mi auto en la pista de carreras para terminar el trabajo, Dante pasó corriendo junto a mi cuerpo ensangrentado para consolarla por una uña rota.
Cuando ella fingió una enfermedad terminal, él me sacó a rastras de mi cama de recuperación. Me obligó a donar mi sangre, de un tipo muy raro, para salvarla.
—Hazlo por la familia, Elena —dijo, mientras veía cómo la vida se me escapaba para llenar las venas de la mujer que nos destruyó.
Esa noche, no solo me fui. Me borré del mapa.
Dejé mi anillo de bodas al borde de un acantilado y dejé que el mundo creyera que Elena de la Vega finalmente se había ahogado.
Seis meses después, Dante estaba sentado entre el público de una cumbre tecnológica mundial en Zúrich, buscando desesperadamente a su esposa muerta.
Yo subí al escenario con un traje sastre blanco, mirándolo directamente a los ojos.
—Mi nombre es Catalina Harding —anuncié.
Y me preparé para reducir su mundo a cenizas. La Consentida Despreciada se Convierte en la Reina de la Mafia
Leontyne Brymer Cuando tenía ocho años, Dante Covarrubias me sacó del incendio que mató a mi familia. Durante diez años, el poderoso jefe del cártel fue mi protector y mi dios.
Entonces, anunció su compromiso con otra mujer para unir dos imperios criminales.
La trajo a casa y la nombró la futura señora de la familia Covarrubias.
Delante de todos, su prometida me obligó a ponerme un collar de metal barato alrededor del cuello, llamándome su mascota.
Dante sabía que era alérgica. Él solo observó, con sus ojos fríos, y me ordenó que lo aceptara.
Esa noche, escuché a través de las paredes cómo la llevaba a su cama.
Finalmente entendí que la promesa que me hizo de niña era una mentira. Yo no era su familia. Era su propiedad.
Después de una década de devoción, mi amor por él finalmente se convirtió en cenizas.
Así que en su cumpleaños, el día que celebraba su nuevo futuro, salí de su jaula dorada para siempre.
Un jet privado me esperaba para llevarme con mi verdadero padre: su mayor enemigo. La venganza es dulce: Casándose con su peor enemigo
Yan Yu Shui Mo Miraba las dos líneas rosas en la tira de plástico, temblando con una alegría aterradora. Llevaba en mi vientre al heredero de la facción más despiadada del bajo mundo de Monterrey.
Entonces sonó el intercomunicador y una voz hizo añicos mi mundo.
—¿La estudiantilla de arte de verdad cree que me voy a casar con ella? Solo fue un juego para pasar el rato mientras estabas en Europa, Estela.
Me quedé helada.
Mi novio, Hernán, estaba en la habitación de al lado. Se reía con la hija de su rival.
Explicó que yo solo era una "imagen limpia de civil" que necesitaba para cerrar un negocio. Ahora que el trato estaba firmado, iba a botar a la "arrimada" para casarse con la "Reina".
Intenté huir, pero la libertad solo me duró cuarenta y ocho horas.
Hernán no solo me rompió el corazón; convirtió mi terror en su entretenimiento.
Me secuestró, me ató a una silla al borde de un acantilado y me obligó a elegir entre mi vida y la de su nueva prometida.
Luego, me empujó al vacío.
Mientras la gravedad me arrebataba, lo oí reír.
Aterricé en un colchón de aire para dobles de acción. Todo había sido un "experimento social". Una broma retorcida para su diversión.
—No seas tan dramática, Kenia —me gritó desde arriba—. Solo es un juego.
Él creía que me había roto. Creía que yo era solo un objeto en su vida.
Pero olvidó que yo conocía sus secretos.
Arrastré mi cuerpo herido hasta un teléfono público y marqué el único número que Hernán me dijo que temiera: el del Don rival, Gael Garza.
—Soy Kenia —susurré, aferrándome al auricular como si fuera un salvavidas—. Vengo a cobrar la deuda. Punto Cero: Mi Huida del Don de la Mafia
Jiangmu Durante tres años, fui la esposa de Don Dante Garza. Pero nuestro matrimonio era una transacción, y mi corazón fue el precio. Llevaba una libreta, restando puntos cada vez que él la elegía a ella —su primer amor, Isabela— por encima de mí. Cuando la cuenta llegara a cero, yo sería libre.
Después de que me abandonó en una carretera para correr al lado de Isabela, un coche me atropelló. Desperté en urgencias, sangrando, solo para escuchar a una enfermera gritar que tenía dos meses de embarazo. Una pequeña e imposible esperanza se encendió en mi pecho.
Pero mientras los doctores luchaban por salvarme, pusieron a mi esposo en el altavoz. Su voz era fría y absoluta.
—La condición de Isabela es crítica —ordenó—. No se tocará ni una sola gota de la sangre de reserva hasta que ella esté a salvo. No me importa quién más la necesite.
Perdí al bebé. Nuestro hijo, sacrificado por su propio padre. Más tarde supe que Isabela solo había sufrido un rasguño sin importancia. La sangre era solo una “medida de precaución”.
La pequeña llama de esperanza se extinguió, y algo dentro de mí se rompió, de forma limpia y definitiva. La deuda estaba saldada.
Sola en el silencio, hice la última anotación en mi libreta, llevando la cuenta a cero. Firmé los papeles de divorcio que ya tenía preparados, los dejé sobre su escritorio y salí de su vida para siempre. La heredera repudiada por mi esposo
Zhu Xia Yin El monitor cardíaco de mi hermanito gritaba su última advertencia. Llamé a mi esposo, Dante "El Lobo" Herrera, el despiadado rey del narco a quien le había salvado la vida años atrás. Me había prometido enviar a su equipo médico de élite.
—Estoy atendiendo una emergencia —espetó, y luego colgó. Una hora después, mi hermano estaba muerto.
Descubrí cuál era la "emergencia" de Dante en las redes sociales de su amante. Había enviado a su equipo de cirujanos de clase mundial para asistir el parto de los gatitos de su gata. Mi hermano murió por una camada de gatos.
Cuando Dante finalmente llamó, ni siquiera se disculpó. Podía escuchar la voz de ella en el fondo, pidiéndole que volviera a la cama. Incluso olvidó que mi hermano había muerto, ofreciéndose a comprarle un juguete nuevo para reemplazar el que su amante había aplastado a propósito.
Este era el hombre que había prometido protegerme, hacer que las que me atormentaban en la preparatoria pagaran. Ahora, estaba abrazando a esa misma persona, Sofía Garza. Luego vino el golpe final: una llamada de la oficina del registro civil reveló que nuestro matrimonio de siete años era una farsa. El acta era falsa.
Nunca fui su esposa. Solo era una posesión de la que se había cansado. Después de que me dejó para que muriera en un accidente de coche por Sofía, hice una llamada. Le envié un mensaje de texto a un heredero de un cartel rival con el que no había hablado en años: "Necesito desaparecer. Voy a cobrar el favor". Su traición, mis repentinos votos nupciales
Qi Jia Da Xiao Jie Durante siete años, fui su propiedad. La amante y la operaria de mayor confianza de Damián Benavides, el capo despiadado de Monterrey. Recibí balazos por él, llevé sus cuentas manchadas de sangre y, como una tonta, confundí su posesividad con amor.
Entonces, me ordenó que sedujera a su rival, Elías Rivas.
Todo era una trampa cruel para ganarse el corazón de otra mujer. Seguí sus órdenes, atrayendo a Elías a la suite de un hotel durante una gala, solo para que Damián irrumpiera con la prensa.
Me humilló públicamente, dejándome desnuda y expuesta mientras su verdadero amor me llamaba basura. Mis siete años de devoción fueron destrozados por el hombre que creí que era mi salvador.
Pero mientras los flashes de las cámaras me cegaban, Elías Rivas, el hombre al que me enviaron a destruir, protegió mi cuerpo del mundo.
Me miró, con una expresión indescifrable, e hizo un anuncio que selló mi destino.
—Nos vamos a casar. Esposa Mafiosa, Indigna de un Heredero
Bucky Allain El día que mi esposo, el Subjefe de un cártel, me dijo que era genéticamente defectuosa para darle un heredero, trajo a casa a mi reemplazo: una madre sustituta con mis ojos y un vientre que sí funcionaba.
La llamó un "recipiente", pero la paseaba como si fuera su amante, abandonándome mientras yo me desangraba en el suelo de una fiesta para protegerla a ella, y planeando su futuro secreto en la villa que una vez me prometió a mí.
Pero en nuestro mundo, las esposas no simplemente se van, desaparecen. Y yo decidí orquestar mi propia desaparición, dejándolo solo con la ruina que él mismo, con tanto esmero, había construido.