Lu Meng Lin Zhong
4 Libros Publicados
Libros y Cuentos de Lu Meng Lin Zhong
No Soy Tu Hija
Fantasía El recuerdo de mi muerte es un fantasma que no me abandona.
Morí asfixiada, sola, en una caja de cartón, todo para que mi hermano Mateo tuviera un balón de fútbol nuevo.
Cuando mis papás descubrieron mi cuerpo, su única preocupación fue cómo deshacerse de mí sin llamar la atención, así que me "vendieron" para mi propio funeral.
¿Cómo mis propios padres pudieron ser tan crueles, tan indiferentes a la vida de su propia hija?
Pero entonces, algo increíble sucedió: abrí los ojos.
Fue como si un rayo me partiera en dos, porque estaba en mi cama, en el mismo día de mi muerte, y mi padre arrastraba la misma caja de cartón hacia mi habitación.
"Métete, ya sabes para qué es" , dijo con su tono de siempre.
El terror y el recuerdo de la asfixia me invadieron.
La niña que aguantaba todo eso había muerto asfixiada en una caja de cartón.
La que estaba ahora aquí, temblando no solo de miedo sino de una nueva y extraña furia, era diferente.
La memoria de la muerte me había cambiado, me había arrancado la venda de los ojos.
No volvería a meterme en esa caja.
No iba a morir otra vez.
No iba a permitir que me mataran de nuevo.
Esta vez, las cosas serían diferentes. La Sombra de los Castillo
Mafia Tenía solo siete años cuando mi madre decidió casarse con un capo de Medellín, sumergiéndome en un laberinto de lujo y terror donde mi hermanastro, Máximo, se encargaría de convertirme en su juguete personal de humillación.
Durante una década, cada día fue un tormento, cada golpe y cada insulto me recordaban mi insignificante existencia en una hacienda que era más una prisión de oro.
Cuando creí que mi infierno estaba por terminar, mi madre fue brutalmente desfigurada y echada a la calle por su traición, y al salvarla, descubrí una verdad aún más aberrante: ella había conspirado para venderme a una red de tráfico de personas, una venta que Máximo, inexplicablemente, detuvo.
Entrar a la universidad fue un respiro efímero, pues la sombra de los Castillo me persiguió; primero a través de la cruel Sasha, y luego, de nuevo, Máximo, salvándome de un callejón oscuro solo para imponerme un precio: convertirme en su "amante" y prisionera en el penthouse donde su propia madre se había suicidado.
¿Por qué Máximo me torturaba con una obsesión tan fría y calculada, solo para salvarme una y otra vez? ¿Era su crueldad una forma retorcida de protección, o simplemente el preludio de un destino aún más sombrío, condenándome a repetir la tragedia de su madre en la jaula dorada que ahora se había convertido en mi hogar?
La respuesta llegó en un destello de terror y dolor, en la sangre que anunció la pérdida de nuestro hijo no nacido, obligándome a confrontar la verdad más oscura de Máximo y de mi propia identidad, y desencadenando una oportunidad para la libertad que nunca creí posible. La Madre sabría Todo
Moderno Mi vida giraba en torno al brillo del bronce y el éxito, como una famosa escultora en Madrid. Pero mientras forjaba mi fama mundial, mi corazón sentía el peso del tiempo robado a mi dulce hija, Luna, cuya crianza delegaba en mi marido y la asistenta.
Un día, abrí Instagram, buscando un respiro, y me detuve en seco. Una foto de un cumpleaños infantil. Un niño, Mateo, lucía en su cuello un colgante de plata inconfundible: el sol y la luna entrelazados, una pieza única que yo había diseñado solo para Luna, guardada en mi cómoda.
La incredulidad se convirtió en una alarma sorda. Mi marido, Javier, me despachó con risas forzadas y la mentira de que Luna lo había "perdido". Pero la foto desapareció misteriosamente, y mi hija, antes risueña, se encogía, pálida, con moretones y comiendo bocadillos que odiaba, mirando con terror a nuestra asistenta.
La verdad heló mi sangre al revisar las cámaras de seguridad que, en un arrebato de "paranoia de rica", había instalado. Allí estaba todo, descarnado: Dolores, la mujer de confianza traída por Javier, no solo robaba mis objetos más preciados, sino que maltrataba, humillaba y drogaba sistemáticamente a mi pequeña hija, mientras mi esposo, el gestor de mi fortuna, lo permitía o incluso lo orquestaba.
Finalmente, en un parque de atracciones, el destino presentó a Inés, la "influencer", con mis joyas y a su hijo Mateo con el colgante de Luna. Mi llamada a la policía provocó su pánico; la llegada de Javier a la comisaría fue inminente. Fue entonces, en el tenso silencio de la estación, cuando un inocente grito de "¡Papá!" de Mateo hacia Javier destrozó la farsa, exponiendo una red de traiciones y engaños que superaba cualquier pesadilla. Mi mundo se hizo añicos, pero renacería de sus cenizas, no solo para salvar a Luna, sino para que todos pagaran. La próxima vez, conquístame
Romance Carmen Villaverde, ahora Valentina Morales, parpadeaba, atrapada en un cruel ciclo de reencarnaciones impuestas por una enigmática Voz del Destino.
Cinco vidas diferentes, cada una una tortura, con la misma misión: conquistar al frío y escurridizo Alejandro Domínguez.
Cada fracaso la devolvía a la cruda blancura de un nuevo techo, con sus propias muertes trágicas y el doloroso rechazo de Alejandro resonando en su alma.
Cansada y desesperada, la Voz le ofreció una "opción secundaria": Mateo Soler, el mejor amigo de Alejandro.
¿Mateo? ¿El chico sensible y melancólico, relegado siempre a un segundo plano?
Recordó las mínimas interacciones: su gentileza como Lucía en Sevilla, su mirada triste en Salamanca, su mano protectora en Granada mientras ella moría.
Y entonces, la memoria más desgarradora: sus últimas palabras como Isabel, suplicando con voz rota "La próxima vez, conquístame a mí".
¿Cómo lo sabía? ¿Cómo podía él, el "secundario", recordar lo que ella, la "anfitriona", apenas intuía?
¿Era toda su misión con Alejandro una farsa cruel, un desvío de un amor predestinado que siempre la había acompañado sin que ella lo supiera?
La idea de tal injusticia, de la superficialidad de su objetivo anterior frente a la conexión profunda con Mateo, la llenó de una rabia y una esperanza desconocidas.
Con lágrimas en los ojos y una nueva convicción, Valentina aceptó el cambio de objetivo, no como una misión impuesta, sino como su verdadero destino.
Lo que ella no sabía era que, mientras abrazaba esta nueva oportunidad, el despechado Alejandro se precipitaba hacia su propio y ridículo karma, un giro final que lo condenaría al fracaso eterno y sellaría la felicidad de Valentina. Le puede gustar
Me Abandona y Elige La Despreciada
G~Aden El aire en la habitación olía a muerte, y yo, Isabella, prometida de Miguel y nuera del gran Don Fernando, esperaba el inminente final del Patriarca.
En ese momento de solemnidad, Miguel, mi prometido, irrumpió con una urgencia febril.
Ignorándome por completo, se arrodilló ante su padre, pálido y moribundo, para soltar una bomba: "Quiero romper mi compromiso con Isabella. ¡Amo a otra mujer, La Luna, y me casaré con ella!"
La declaración me dejó helada, con el rostro sin color, mientras los hombres se miraban incómodos.
Miguel, con una rabia desbordada, se giró hacia mí y, agarrándome bruscamente del brazo, me abofeteó sin piedad.
El eco brutal de la bofetada resonó en la habitación, dejando mi mejilla ardiendo con una marca roja.
Pero no lloré; solo lo miré con un frío y profundo desprecio.
"Algún día te arrepentirás de esto, Miguel", le dije, con una calma que lo era todo menos tranquila. "No por mí. Por ti."
Don Fernando, con la furia renovada, le preguntó si repudiaba a la hija del General Ramírez, pilar de su imperio.
Miguel, con una arrogancia infantil, insistió: "El Halcón es el pasado. La Luna es el futuro. ¡Si no me dejas casarme con ella, renuncio a todo! ¡Construiré mi propio imperio!"
Fue entonces cuando La Luna, una charlatana disfrazada de mística, apareció y confesó su "fórmula" para una droga, que Isabella, con calma y brillantez, desenmascaró públicamente como una receta básica y defectuosa de pasta base.
La humillación de Miguel y La Luna fue absoluta.
Don Fernando, con su último aliento de autoridad, desheredó a Miguel frente a todos.
Miguel, ciego de rabia, se lanzó a atacar a su padre, pero los guardias lo detuvieron a tiempo.
"No lo mate, Don Fernando", intervine, con voz tranquila pero firme. "Exílielo. Matar a su primogénito traerá mala suerte y división. Un heredero humillado es solo un cobarde."
Mi suegro, con una sonrisa amarga, nombró a Carlos, su hijo menor, como posible sucesor y se preparó para sellar su nueva voluntad.
Pero la historia se repitió de la forma más cruel: La Luna intentó asesinar a Don Fernando, revelando un ciclo de traición que el Patriarca conocía bien.
Justo antes de morir, Don Fernando me legó su anillo, el símbolo de su poder, y con él, el destino de toda la familia.
Con su último suspiro, el Patriarca exhaló, dejando un silencio ensordecedor.
Miguel, aún en shock por la muerte de su padre, se proclamó el nuevo jefe, pero yo, con la sabiduría del viejo Don Fernando y el anillo en mi dedo, lo detuve.
Con voz tranquila y autoridad innegable, saqué la última voluntad del Patriarca y lo desheredé formalmente.
"No, no lo eres," le dije, mi voz resonando en la sala.
Los guardias, uno a uno, se arrodillaron ante mí.
Ordené que Miguel y La Luna fueran exiliados al desierto, despojados de todo. "No los mataré. La muerte es una salida demasiado fácil."
Miguel pataleó y maldijo, pero fue arrastrado fuera.
Con el sol naciente tiñendo el cielo, me erigí como la nueva líder, la Reina Halcón, sobre los escombros de la traición y la tragedia, lista para forjar un nuevo imperio. La Heredera de las Cicatrices
Xymenes Marchand La noche de mi puesta de largo en la finca de Sevilla era un sueño de luces y risas, pero todo estalló en dolor cuando un cohete casero me alcanzó. Quemaduras en la cara y la pierna. Mi prometido, Patrick, y mi hermano, Máximo, sujetaban con furia a la culpable, la nueva moza de cuadra, Scarlett. Sus palabras de consuelo deberían haberme aliviado, pero no lo hicieron.
Postrada en cama, los vendajes apenas contenían el dolor físico. Pero lo más aterrador fue que empecé a ver palabras flotando en el aire: "Protagonista", "Scarlett", "Obstáculo". Las dulces palabras de Patrick y Máximo se contraponían con los fríos "comentarios" que revelaban su verdadera intención. Mi mundo perfecto se desmoronaba.
La farsa se hizo insoportable cuando, ante una supuesta enfermedad de Scarlett, Máximo y Patrick corrieron a atenderla, abandonándome sin dudar. Después, fui testigo de las mentiras de Scarlett, afirmando que yo la había provocado o intentado envenenar. Máximo me miró con una frialdad desconocida, me arrastró fuera de casa y me encerró en una cabaña abandonada, despojándome de mi apellido y mi dignidad.
La humillación continuó. Patrick rompió el compromiso con un desprecio insoportable y me dejó a merced de hombres lascivos. Luego me arrojaron a un miserable barrio portuario, obligándome a trabajar en una taberna inmunda. La sociedad y mi propia familia celebraban a Scarlett, mientras yo sufría en la miseria, enferma y desfigurada. ¿Cómo puede el amor y la lealtad convertirse en veneno tan rápidamente? ¿Por qué esta traición tan cruel?
Pero la desesperación se transformó en fuerza. No les daría la satisfacción de verme quebrada. Mi espíritu, forjado en la adversidad, prometió una cosa: sobreviviría. Y un día, les haría pagar por cada lágrima, cada humillación, cada cicatriz. Esto no era el final, era el principio. La Sombra de la Envidia
Dong Shengxue El chirrido de las llantas fue lo último que escuché.
Luego, un golpe seco y un dolor que me atravesó antes de la oscuridad total.
Mi último pensamiento: Javier, mi novio, con quien apenas horas antes había compartido nuestra felicidad en redes sociales.
Pero su imagen se mezcló con la cara de Daniela, mi mejor amiga, gritándome por teléfono:
"¡Sofía, eres una tonta! ¿No te das cuenta de que Javier solo juega contigo? ¡Te está engañando!"
Ella me envió un video borroso, un supuesto Javier entrando a un hotel con otra mujer.
Mi mundo se derrumbó.
Sin hablar con él, sin darle oportunidad de explicarse, terminé mi relación, ahogándome en el dolor de una traición orquestada por quien más confiaba.
Días después, Daniela, enfurecida porque Javier ni siquiera la miraba, me atacó.
"¡Si no es mío, no será de nadie, y tú me lo quitaste!"
Fue lo último que gritó antes de acelerar su coche y arrollarme.
Me dejó morir sola en el frío asfalto.
La traición, el dolor, el arrepentimiento… todo se mezcló en un último suspiro.
¿Cómo pude ser tan ingenua?
¿Cómo no vi el odio y la envidia en los ojos de quien consideraba mi hermana?
El engaño fue burdo, pero funcionó con mi mente nublada por la inseguridad.
Sentía una profunda injusticia, una confusión.
¿Por qué yo? ¿Por qué ella?
¿Por qué la vida me arrancó de esa manera?
Y entonces, desperté.
En mi cama, junto a Javier, en el mismo día del anuncio de nuestro noviazgo.
El universo, por alguna razón, me había dado una segunda oportunidad.
Esta vez, no sería la tonta ingenua.
Esta vez, yo tomaría el control de mi destino. La chica de los dos chicos
Flyyy Indara era una chica de Canadá, era huérfana ya que sus papás tuvieron un accidente fatal que terminó con sus muertes y una beba sobreviviente, beba que no tenía familia por lo que se sabía entonces se la dio en adopción.
Al pasar los años ella perdió la esperanza de ser adoptada porque mientras más grande menos te adoptan asique ella esperaba tener la mayoría de edad para irse de ese maldito lugar.
Era una chica sumamente callada y reservada, no tenía amigos ni hablaba con nadie, tanto en el Colegio como en el orfanato.
Hasta que llegaron unos nuevos chicos ala escuela, uno de los hermanos el del medio zack grando estaba con ella en el curso, el tenía un gran interés en hablar con ella, de apoco comienzan una amistad un poco rara.
Pero zack no es el único chico interesado en ella ya que alguien más la a estado viendo de hace un tiempo desde lejos.
De un día para otro llega al orfanato y una gente pregunta por ella, era familia de su madre y después de tanto buscarla habían logrado llegar a ella.
Se notaban una buena y adinerada familia, tenían dos hijos varones que también parecían bastante agradables.
En pocas palabras le explicaron que querían adoptarla y que vendrían por ella.
Indara estaba sumamente feliz por esto que le había pasado, por fin tendría familia y familia de verdad, no una adoptiva.
Pero su familia venia con un propósito, tenían muchos secretos y un legado que ocultar, Indara necesitaría de su ayuda porque algo grande en su vida se avecinaba.
Indara tendría que acostumbrarse no solo a una nueva familia y a un nuevo hogar, se tendría que relacionar con una familia gigante que venía por detrás, por culturas, creencias y sucesos en los cuales ella nunca pensó ni se imagino para ella.
Se acoplará Indara a su nueva vida? A una vida llena de Cosas buenas y malas, uniones y enemistades, lazos y guerras Venganza de La Heredera Modesta
Adolf Dunne El día de mi graduación se suponía que sería el inicio de mis sueños, pero se convirtió en la antesala de mi peor pesadilla.
Mi propia hermana, Isabella, y mi mejor amigo, Mateo, me entregaron regalos envenenados: un amuleto de "buena suerte" y un ramo de flores, solo para que una alerta sobrenatural se materializara ante mis ojos, revelando su cruel complot.
"¡No lo uses, Sofía!", "Tu amigo también es malo", "Perderás tu voz", "La becada triunfará", "Serás internada en un centro psiquiátrico, muriendo en el olvido". Sus sonrisas, antes cálidas, se transformaron en máscaras depredadoras, revelando la traición que se cocía a mis espaldas.
¿Muda? ¿Destrozada? ¿En un psiquiátrico? ¿Por qué esta maldad tan retorcida de quienes decía amar? ¿Y por qué justamente ahora, cuando mi carrera como cantante estaba a punto de despegar?
En ese instante de revelación, con una calma que me sorprendió, supe que no caería en su trampa. El juego de ellos había terminado; ahora iniciaría el mío con la fuerza de un huracán. La Tristeza Del Fantasma
Gu Jian Floto en el aire, una sombra sin peso, y observo la escena que se desarrolla debajo de mí.
Isabella, mi esposa, acuna a un bebé recién nacido en sus brazos, su rostro iluminado por una felicidad que nunca le vi mostrar conmigo, ni siquiera en nuestros mejores momentos. Ricardo, su amante, el hombre por el que me dejó morir, le rodea los hombros con un brazo, sonriendo como un rey. Amigos que una vez fueron míos y familiares que me llamaban "hijo" celebran la llegada de este nuevo niño, el fruto de una traición.
Cada palabra es un eco hueco en mi existencia fantasmal, burlándose de mi memoria. Me tildan de "bailarín bueno para nada", que solo sabía "zapatear y soñar", sin entender lo que una mujer como Isabella necesitaba: "riqueza, seguridad, un hombre de verdad". Ella finge melancolía, preguntándose dónde estaré, mientras Ricardo la consuela, diciendo que si regreso, tendré que arrodillarme y pedir perdón por haberla "abandonado".
¿Pedir perdón yo? ¿Por haber sido traicionado y dejado a mi suerte? La crueldad de sus palabras me deja helado. Recuerdo la noche del accidente: la lluvia torrencial, mi coche derrapando. Descubrí sus mensajes con Ricardo, y ella conducía, tensa. El coche se estrelló. Sentí un dolor agudo, y cuando abrí los ojos, Isabella, ilesa, me miró sangrando sin piedad. Ricardo llegó, y juntos se fueron, dejándome morir en la oscuridad del barranco. Mi alma se desprendió de mi cuerpo en ese instante, condenándome a presenciar su felicidad construida sobre mi muerte.
Isabella jura que Ricardo fue su "salvador", que su amor la "curó", minimizando mis sacrificios: haber vendido mi estudio de baile para pagar su tratamiento cardíaco experimental, la donación de hígado para su padre. Borra cada rastro de mi amor, reescribiendo la historia para ser la víctima y heroína de su propio cuento de hadas, una mentira tan descarada que me inunda una furia impotente.
Pero entonces, algo cambia. Una joven bailaora, Sofía, descubre una vieja grabación de mi última actuación y murmura: "Era un genio... Nadie sabe qué fue de él". Isabella intenta desacreditarme, pero la semilla de la duda ha sido plantada en Sofía. Y en ese instante, siento una extraña calma. Quizás, solo quizás, no estoy solo en esta lucha por la verdad. Mi arte ha sobrevivido, y a través de él, mi legado. Mi alma encontrará la paz, pero primero, la justicia hallará su voz. Y esa voz, siento, podría ser el zapateado de esa joven bailaora. La Maldición De Sangre
Shi Yue El sol tibio en mis manos mientras arrancaba hierbas, el aroma a tierra húmeda y hierbabuena.
Aquí, en mi pequeña casa a las afueras del pueblo, encontraba la única paz que conocía.
Una paz que me fue arrebatada violentamente en otra vida.
Un recuerdo fugaz y amargo me asaltó.
Atada a una cama, con Ramiro, mi esposo forzado, mirándome sin emoción.
A su lado, Catalina, su amante, sonreía con suficiencia.
"Solo un poco más de tu sangre, Sofía" , dijo Catalina.
Mi don, una bendición y maldición, para sanar a Ramiro.
Él me debía la vida, la capacidad de caminar.
Pero cuando Catalina enfermó, no dudó en sacrificarme.
Me desangraron lentamente, transfiriendo mi fuerza vital a ella.
Mi último aliento fue un susurro ahogado, viendo a Ramiro besar a una Catalina revitalizada sobre mi cuerpo agonizante.
Ahora, en esta nueva vida, el destino tenía un retorcido sentido del humor.
Ramiro volvía a estar postrado en una cama.
Su madre, Doña Elena, me suplicaba a diario.
"Sofía, te lo ruego como madre. Mi hijo… se está consumiendo" .
Me levanté, limpiándome la tierra del delantal.
"Ya le he dado mi respuesta, Doña Elena" .
Mi voz era firme.
"¿Por qué tanto odio?" gritó Doña Elena. "¡Ramiro siempre te admiró! Incluso… incluso pensó en casarse contigo" .
Esa mentira casi me hizo perder la compostura.
"Usted y yo sabemos que eso no es verdad" , susurré con voz helada. "Ramiro nunca me vio como nada más que una herramienta. Y yo ya no estoy dispuesta a ser utilizada" .
La rabia surcó su rostro.
"¡Eres una mujer cruel y sin corazón! ¡Dejar morir a un hombre que podrías salvar!"
"¿Salvarlo?" repetí, una sonrisa genuina sin alegría se dibujó en mis labios. "Doña Elena, su hijo no está enfermo por capricho del destino. Está en esa cama por sus propias acciones" .
La confusión la invadió.
"Ramiro está paralizado porque el carruaje en el que intentaba sabotear los frenos para matar a un rival se volcó sobre él. El universo le devolvió el golpe un poco más rápido" .
Su rostro palideció.
Sabiendo la verdad de su hijo, la certeza en mi voz era innegable.
"Créame o no, no cambia mi decisión. No curaré a Ramiro. Busquen ayuda en otro lado" .
Pero el destino, o la ironía, me trajo a la madre de Mateo.
Mateo, el rival de Ramiro, el hombre que Ramiro intentó asesinar.
"Mi hijo… Mateo… lleva meses en cama" , dijo. "Usted es mi última esperanza" .
Lo sentí. La pieza clave del destino.