LEONCIO VILLANUEVA
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Libros y Cuentos de LEONCIO VILLANUEVA
Odio Esconde En La Oscuridad
Adulto Joven Mi fiesta de quince años, el sueño de toda chica en México, se convirtió en una pesadilla de fuego y traición.
Todo se arruinó cuando Camila, una influencer de moda, irrumpió con pirotecnia casera y, en un horrible accidente (¿o fue a propósito?), mi vestido y mi piel ardieron.
Desperté en mi habitación, quemada y con dolor insoportable, solo para presenciar cómo mis propios hermanos, Mateo y Leo, y mi mejor amigo, Rodrigo, me daban la espalda, obsesionados con Camila y sus supuestos "trucos para el éxito". Abandonada y herida, me arrastraron al oscuro sótano de mi casa.
No entendía cómo aquellos que juraron protegerme ahora me trataban como basura, mientras idolatraban a la mujer que me destruyó. Mi corazón gritaba: "¿Por qué? ¿Qué pasó con nuestra lealtad, con nuestro amor?".
Pero en medio de la oscuridad y del dolor, un pequeño sol, un dije sagrado de mi madre, me recordó que no me quebraría. Si este era su juego, yo aprendería a jugarlo mejor. La Chef Olvidada Regresa Triunfante
Moderno El olor a manteca quemada y a sueños rotos se había pegado a las paredes de mi pequeño departamento.
Yo era Sofía Romero, la prometedora chef que iba a revolucionar la cocina mexicana, ahora solo una sombra de lo que fui, vendiendo quesadillas en un puesto en el mercado La Merced.
Todo se lo llevó Carlos "El Chakal" Mendoza, mi exnovio, mi socio, el ladrón de mis recetas.
Vino a mi puesto, burlándose, y tiró al suelo los jitomates que Doña Elvira me fiaba.
"¡Recógelos!", le dije, con una voz que él no conocía.
Carlos no los recogió.
Se fue riendo, y con su marcha, un doloroso recuerdo me golpeó: él ya había saboteado nuestro sueño una vez, y yo, cegada por el amor, se lo había perdonado.
Vi en sus ojos el mismo desprecio, la misma crueldad, solo que ahora alimentada por la vanidad de Valentina, su nueva socia y novia.
Y fue entonces cuando lo entendí: no solo me robó las recetas, sino que vaciaba mi alma por dentro, como un parásito.
Pero ya no más.
Encerrada en mi pequeña cocina, con el libro de recetas de mi abuela como mi única compañía, desentrañé el secreto de nuestros sabores, aquellos que Carlos nunca podría entender ni replicar, porque estaban hechos de amor, de historia, de una herencia que él jamás podría robar.
Empecé a resurgir, mientras su imperio de food trucks se desmoronaba por la avaricia y la falsa fama.
Cuando la gente empezó a reconocer mi sazón, a hablar de mi mole de chicatana como una obra de arte, supe que era el momento.
Mi nombre apareció en el puesto número uno del concurso "Sabor Nacional", mientras el suyo apenas lograba colarse en el 48.
La balanza comenzaba a inclinarse.
Pero Carlos, en un acto de desesperación, orquestó una vil campaña de desprestigio en mi contra en redes, acusándome de fraude y de robarle a él.
El blog se hizo viral.
Esta vez, no me derrumbé.
Lo enfrenté públicamente, en una rueda de prensa, con mi abogado y la policía a mi lado.
Lo acusé de difamación y robo de propiedad intelectual.
Su fachada de rey intocable se hizo pedazos.
Valentina, presionada, se derrumbó y confesó su participación, siendo arrestada.
La guerra había cambiado de frente, pero no había terminado.
Los padres de Carlos me miraban con un odio rencoroso, echándome la culpa de la desgracia de su hijo.
Y luego la bomba: Valentina les dijo que estaba embarazada.
De repente, se convirtió en la futura madre de su nieto, un "heredero" para Carlos.
Era una farsa.
Pero ellos se la tragaron por completo.
Planearon una boda.
El día de la semifinal, Valentina me provocó, acariciando su vientre abultado y burlándose de mí, diciéndome que Carlos ganaría y me mandarían una postal desde Europa.
Solo pude sonreír con genuina lástima.
En la final del "Sabor Nacional", con la calma absoluta de quien cocina con el alma, vi cómo el caos explotaba fuera de la cocina.
Decenas de jóvenes, furiosos, irrumpieron en el estudio.
"¡Estafador!".
Las pantallas gigantes mostraron la noticia de última hora: Carlos había sido descubierto en una estafa masiva de exámenes de admisión universitarios para financiar su lujosa vida.
La multitud se abalanzó sobre él.
Fue arrastrado, golpeado, ensangrentado.
Valentina intentó huir, pero fue rodeada.
En mi casa, lloré de puro alivio.
Carlos fue sentenciado a cinco años de prisión.
Su imperio se desmoronó.
El dije de jade de mi abuela, frío y sólido, colgaba de mi cuello.
Mi vida, la de verdad, apenas estaba comenzando. Le puede gustar
El adiós número noventa y nueve
Zui Ai Chi Liu Cheng La nonagésima novena vez que Javier Lira me rompió el corazón fue la última. Éramos la pareja de oro de la Prepa Anáhuac, nuestro futuro perfectamente trazado para el Tec de Monterrey. Pero en nuestro último año, se enamoró de una chica nueva, Catalina, y nuestra historia de amor se convirtió en una danza enferma y agotadora de sus traiciones y mis amenazas vacías de dejarlo.
En una fiesta de graduación, Catalina me jaló "accidentalmente" a la alberca con ella. Javi se lanzó sin dudarlo un segundo. Pasó nadando justo a mi lado mientras yo luchaba por no ahogarme, rodeó a Catalina con sus brazos y la sacó a un lugar seguro.
Mientras la ayudaba a salir entre los aplausos de sus amigos, volteó a verme, con el cuerpo temblando y el rímel corriéndome en ríos negros por la cara.
—Tu vida ya no es mi problema —dijo, su voz tan fría como el agua en la que me estaba ahogando.
Esa noche, algo dentro de mí finalmente se hizo añicos. Fui a casa, abrí mi laptop y di clic en el botón que confirmaba mi admisión.
No al Tec con él, sino a la NYU, al otro lado del país. La heredera no deseada: Su regreso multimillonario
He Shuyao Después de ocho años secuestrada, por fin me rescataron. Creí que era el comienzo de una nueva vida con mi mamá.
Pero ella ni siquiera me miró. Corrió a los brazos de un hombre guapísimo y desconocido, su verdadero esposo, y a mí me trataron como un sucio secreto de su pasado.
Me llamaron una contaminación, un recordatorio de su trauma. Mi nueva hermanastra me echó encima a su dóberman, y mientras los dientes del perro se hundían en mi brazo, levanté la vista y vi a mi mamá observando desde la ventana.
Nuestras miradas se cruzaron por un segundo, y luego, lentamente, cerró las cortinas.
En ese instante, la última pizca de esperanza que me quedaba murió. El frágil lazo familiar se rompió por completo y finalmente me rendí.
Pero cometieron un error. El patriarca de la familia, lleno de sospechas después de un accidente de coche, ordenó una prueba de ADN en secreto.
Los resultados llegaron el día de la fiesta de cumpleaños de mi hermanastra, revelando una verdad que reduciría a cenizas su mundo perfecto. Entre Cenizas: Un Nuevo Pacto
Rabbit4 El aroma familiar del mole, promesa de un futuro brillante y una beca codiciada, llenaba la cocina de la escuela mientras Sofía Romero se preparaba para el examen final.
Justo entonces, un empujón brutal de Daniela Vargas la lanzó contra la estufa, escaldándole el brazo y destrozando su plato.
"¿Qué crees que haces, gata arrimada?", espetó Daniela, acusándola de ladrona y de robar la receta ancestral de su familia, la misma que había sido la tradición de los Romero por generaciones.
Ignorando a Don Manuel, el viejo ayudante que conocía el pacto secreto, Daniela hundió el preciado cucharón familiar de Sofía en su mole, tirándolo al suelo con desprecio, mientras sus amigas se burlaban de Sofía por "coquetear" con Ricardo Vargas.
La humillación culminó en una agresión salvaje: Daniela, con la ayuda de sus cómplices, la tiró al suelo, y con un crujido nauseabundo, le rompió la mano con el tacón.
El dolor era insoportable, pero la traición de saber que Armando, el mayordomo que conocía la verdad del pacto que ligaba el destino de los Vargas a su familia, se puso de lado de Daniela, fue aún peor.
La advertencia de Sofía, "Están acabando con su propia fortuna", se cernía sobre ellos, pero Daniela solo aumentó la humillación, cubriéndola de harina.
En ese instante de abrumadora desesperación y abandono, un pensamiento le dio fuerza: Ricardo Vargas.
Ricardo llegó, interponiéndose entre Sofía y su familia, llevándola al hospital y revelando que él conocía el pacto ancestral.
"El pacto no está roto, Sofía", le dijo. "Solo está buscando un nuevo ancla. Un nuevo pacto. Entre tu familia y la mía. Mi rama de la familia."
Con la decisión de Ricardo de protegerla y establecer un nuevo pacto, Sofía, la chica de origen humilde, se levantaría de las cenizas. OPUESTOS
Eréndida Alfaro Emma Marmolejo era la típica buena niña, buena hija, buena estudiante, buena ciudadana, buena hermana, buena en todo; por eso, Fernanda Marmolejo, hermana menor de Emma, decidió ser lo que la otra no era, haciendo sufrir a los que no la querían por no lograr ser tan perfecta como su hermana, y dañando a su nada querida hermana, de paso. Pero las cosas no son como Fernanda las conoce, pues ella ni siquiera se interesa en ver más allá de lo que está frente a su nariz y, puede qué, para cuando se dé cuenta de cuál es la realidad, sea demasiado tarde para tener una vida normal. Emma y Fernanda son OPUESTOS, ¿o no? Mi Talento, Su Traición
Keely Alexis La fábrica textil, nuestro universo, soltó una bomba: una beca para estudiar arte en España. Era un sueño, la única vía para escapar de una vida ya escrita.
Pero el mundo se me vino encima cuando, buscando consuelo en mi novio Mateo, escuché algo que me congeló: él, susurrándole a su prima Camila que mi talento era "local", que el verdadero puesto era para ella, conseguido con sobornos.
Regresé a la sala con el alma hecha pedazos, justo a tiempo para escuchar lo impensable: "Y la persona seleccionada es... Sofía Martínez." La ironía era cruel.
Mi padre me abrazaba, pero yo solo veía a Mateo, pálido, acercándose para pedirme lo imposible: "Sofía, ¿podrías... podrías pensar en cedérselo a Camila?" La traición era descarada, y el amor se convirtió en cenizas.
Con un dolor que me quemaba, me fui a España, a un taller rústico, con un mentor implacable, lejos del "glamour" prometido. ¿Podría mi talento, según ellos "local", sobrevivir en este nuevo y hostil mundo o sucumbiría ante su desprecio? El Fénix y Su Corazón Roto
Adventurous El aroma a cebolla asada y cilantro, el perfume del esfuerzo de mi padre Don Pedro Ramírez, era el aire que respiraba mi sueño: una beca deportiva en la mejor academia del país.
Estaba a punto de tocar el éxito, hasta que un acto de mi supuesta caballerosidad lo torció todo.
Laura Pérez, la chica más popular de la escuela, me señaló con un dedo tembloroso y sollozó: "Él me atacó."
En cuestión de horas, mi mundo se desmoronó, mi beca se detuvo y mi apodo de "El Fénix" cambió a "El Monstruo".
Pero lo peor llegó cuando mi padre, mi héroe, murió en un "accidente" intentando limpiar mi nombre.
La culpa me carcomía, ¿por qué fui tan ingenuo?
Meses después, hundido en la miseria, los vi: Laura y Alejandro, riendo, confesando su cruel plan.
"Tu padre fue un imbécil por meterse donde no lo llaman. Se buscó su propio final," dijo ella con una sonrisa helada.
La rabia me cegó, me abalancé sobre Alejandro, pero sus guardaespaldas me arrastraron a un callejón.
Los golpes llovieron, y mientras la oscuridad me envolvía, mi último pensamiento fue: "Te fallé, papá."
Pero entonces, el familiar olor a cebolla y cilantro invadió mis sentidos.
Abrí los ojos, ileso, en el mismo callejón, escuchando el mismo grito de Laura.
Estaba en el pasado, justo en el momento en que todo comenzó.
Esta vez, no habría héroes.
Solo un Fénix resurgiendo de sus cenizas para cobrar venganza. El Secreto Bajo El Maltrato
Lian Lian Qin Chen El olor a madera vieja y el sudor se mezclaban en el patio, mis pies descalzos siguiendo el ritmo de un jarabe tapatío imaginario.
"Sofía."
La voz de mi madre, María, era un cuchillo: "¡Qué torpe eres, niña! ¡Siempre haciendo el ridículo! ¡Bájate de ahí, nos estás avergonzando a todos!"
Ese día en la fiesta de mi abuelo, mi cuerpo cayó al suelo, pero mi corazón se hizo pedazos cuando mi padre, mi santuario, me gritó con furia desconocida: "¡Lárgate a tu cuarto!"
Desde ese día, el mundo se encogió. La vecina me negó el pan, la gente bajaba la mirada en el mercado.
Todos parecían conocer un secreto sobre mí, una verdad terrible que me convertía en un monstruo a sus ojos.
¿Qué había hecho yo? ¿Qué palabra, qué frase, convertía el amor en violencia con un solo susurro?
Estaba sola en una isla de odio, rodeada por un mar de susurros que no podía entender.
Pero una noche, cansada de tanto dolor, decidí enfrentarla, gritándole: "Si tanto me odias, ¡déjame ir!"
Ella me agarró del pelo, pero antes de que me golpeara, la voz de mi abuelo tronó: "¡María, suéltala!"
Creí que la pesadilla terminaba.
Pero entonces, mi madre pronunció esas palabras que me helaron la sangre: "No sin saber la verdad, tengo que decirles algo. Un secreto."
Yo supliqué: "¡No escuches su secreto! ¡Por favor, abuelos, vámonos ahora!"
Fue inútil. Mis abuelos escucharon el veneno, y sus miradas de amor se transformaron en horror.
"Eres un error," dijo mi abuelo, y su golpe dolió más que todos los demás.
Me abandonaron. Todos. La "tía" Carmen, mi última esperanza, también me traicionó.
"¡Tía Carmen! ¡Ayúdame! ¡Me lo juraste!"
Pero ella, mi supuesta salvadora, solo miró.
La golpiza me dejó al borde de la muerte, pero el llanto de mi madre en la habitación contigua me detuvo.
"No puedo más, Carmen. No puedo seguir haciéndole esto."
Me arrastré, conteniendo la respiración, y pegué la oreja a la puerta.
Fue entonces cuando escuché el secreto, la verdad que lo cambió todo, una verdad mil veces más oscura de lo que jamás imaginé.