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Gu Xiaolou

4 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Gu Xiaolou

Las 19 Humillaciones de Elena

Las 19 Humillaciones de Elena

Urban romance
5.0
"Elena, querida, sé que llevas un año casada con Iván, pero él ni siquiera te ha tocado. Es hora de ponerle fin a esta farsa." Esas fueron las palabras de Sofía Ramírez, las que marcaron el inicio de mi infierno personal: una cruel apuesta de 19 oportunidades para que mi esposo, Iván Castillo, me tocara. Si fallaba, debía firmar el divorcio y desaparecer. Mis intentos se convirtieron en 19 humillaciones: cenas románticas ignoradas, notas de amor despreciadas, palabras hirientes como "Me repugnas" o "Tu desesperación es vulgar". Él me ignoraba, me trataba con desprecio, mientras Sofía se movía a su lado como la verdadera dueña de su corazón y de nuestra casa. Pero el colmo llegó cuando, tras un incendio provocado por mi búsqueda de su atención, él me dejó tirada y sangrando, solo preocupado por el bienestar de Sofía. O cuando me forzó a mentir públicamente para proteger la reputación de su amante, exponiéndome a una multitud que me acusaba de ser la mujer de fotos escandalosas. ¡Fui alcanzada por ácido, dejando una cicatriz permanente, y él ni siquiera se dio cuenta! ¿Cómo podía haber sido tan ciega? ¿Cómo pude amar a un hombre que me humilló una y otra vez, que eligió a su amante sobre mí hasta la extenuación? ¿Por qué esta mujer me odiaba tanto y qué lazos retorcidos unían a Iván a ella? Fue entonces cuando lo supe: no iba a luchar más. Simplemente me iría, y no sola. Al final, solo quedaban ruinas y cenizas, y la promesa de que la verdadera historia saldría a la luz.
Venganza de La Madre Monstruo

Venganza de La Madre Monstruo

Suspense
5.0
El dulce aroma a palomitas llenaba el centro comercial, un olor a fines de semana y felicidad mientras mi pequeño Leo, de seis años, me arrastraba hacia el foso de bolas. Con mi marido Máximo al teléfono, inmerso en sus "negocios que cambiarían nuestras vidas", apoyé la cabeza en su hombro, soñando con la simple felicidad de nuestro hijo. De repente, un grito agudo rompió el murmullo, y la encargada salió corriendo: "¡Un asesinato! ¡Un niño... en el foso de bolas!" Mi corazón se detuvo al ver a Leo, inmóvil, su camiseta de dinosaurios manchada de un rojo oscuro y horrible. Me desperté en una sala sin ventanas, acusada de su asesinato. Un vídeo desgarrador me mostraba, o a una mujer idéntica a mí, apuñalando a mi propio hijo. Mi marido, con quien creía compartir mi vida, testificó en mi contra, afirmando que "yo no estaba bien". Mi historial de depresión posparto se usó para pintarme como un monstruo, y la psicóloga asignada, Sofía Salazar, me hipnotizó, implantando recuerdos vívidos de la atrocidad, obligándome a confesar un crimen que mi corazón gritaba que no había cometido. ¿Cómo era posible? ¿Cómo mi propia memoria, mi propio amor por Leo, pudo traicionarme así? ¿Por qué nadie me creía? ¿Era la locura tan silenciosa que me había consumido sin darme cuenta? Entonces, al ser arrastrada ante la multitud, vi sus ojos. Los mismos ojos fríos y calculadores que había visto en mi "reflejo" distorsionado. Una furia primordial me invadió, arrancándome de las manos de los policías, y grité una verdad que haría temblar los cimientos de sus mentiras: "¡Ella lo hizo! ¡Sofía Salazar! ¡Ella y mi marido! ¡Están juntos!" La hora de la víctima había terminado; la hora de la madre que buscaba justicia acababa de empezar.