Checkmate
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Libros y Cuentos de Checkmate
Más Allá Del Prejuicio
Moderno Soy Elena Rojas, arquitecta con una firma exitosa a mis 28 años, una de las directoras más jóvenes en mi campo.
Pero una tarde tranquila, tras una conferencia, un estudiante me pidió mi contacto, un gesto inocente que se convirtió en el inicio de mi pesadilla.
Al día siguiente, una foto mía de la conferencia, enfocada en mis piernas, apareció en un foro tóxico con el titular: "¿Las arquitectas de hoy se visten para diseñar o para provocar?"
El autor, el mismo estudiante, me acusaba de usar mi cuerpo para avanzar y el foro se llenó de comentarios misóginos que me llamaban "buscona" o "poco profesional" .
La humillación se multiplicó cuando él y sus seguidores empezaron a atacar también a mi querido amigo Ricardo, arrastrándolo a su fango de mentiras.
La situación escaló hasta que mis padres, inocentes, fueron acosados públicamente, una línea que no podía permitir que se cruzara.
¿Cómo era posible que una figura pública como yo fuera reducida a un objeto sexual, mi carrera y esfuerzo pisoteados por la envidia y la misoginia de un desconocido?
Recordé la historia de la hermana de Ricardo, destrozada por el acoso, y supe que no podía quedarme callada.
"Quieres jugar sucio, David. Quieres usar el poder de la opinión pública. Muy bien."
"Voy a darte un huracán."
Esta guerra no solo era mía, era por todas las mujeres silenciadas y por mi familia vilmente atacada.
Ahora, que el mundo sepa la verdad. Destino Roto: Una Segunda Oportunidad
Suspense El frío se metía hasta los huesos, el viento aullaba.
Moría traicionada en la montaña, por Ricardo, mi jefe, y Carolina, mi propia hermana.
Me arrancó el tanque de oxígeno con una sonrisa, el golpe de su bastón en mi cabeza todavía resonaba.
Y mi hermana, Carolina, desapareciendo en la ventisca con un ' '¡Pues me voy!' ' , confirmando la trampa final.
Me dejaron morir.
Abrí los ojos de golpe, estaba en mi cama en la Ciudad de México.
"Viernes, 10 de noviembre." Marcaba mi celular.
La excursión al Popocatépetl era mañana, y yo morí el domingo.
Había regresado, un día antes de que todo empezara.
Un escalofrío me recorrió: no duraría de frío, sino de puro terror y una extraña euforia.
Era real. Tuve una segunda oportunidad.
La puerta de mi habitación se abrió de golpe.
"¡Sofía, hermanita! ¡Despierta, dormilona!"
Carolina entró, agitando un folleto de Ricardo. "¡Una excursión de montañismo al Popo! ¡Este fin de semana! ¿No es increíble?"
Sentí que el aire se me escapaba de los pulmones.
La misma sonrisa, la misma hermana que me llevó a la muerte.
La miré fijamente: ¿cómo podía ser tan caprichosa?
"No" , dije, mi voz más áspera de lo que pretendía.
No podíamos ir, era peligroso.
"¡Ay, no seas aguafiestas!" , se quejó. "Ricardo dijo que no hay problema. ¡Todos en la oficina van a ir!"
Vi el collar de zorro con ojos de rubí alrededor de su cuello.
El amuleto de la suerte que Ricardo le regaló en la otra vida.
La confirmación de su plan, de su traición.
"No. Vas. A. Ir. Y yo tampoco. Este tema está cerrado."
Ahora, con esta segunda oportunidad, no habría piedad. Un Riñón, Una Traición
Suspense Me desperté en el hospital, el olor a antiséptico y el dolor en mi costado.
Había donado un riñón a Sofía, la hermana de Ricardo, mi prometido; él me había rogado, diciendo que la vida de su hermana estaba en peligro por mi familia.
Pero entonces, lo escuché reír con sus amigos, hablando de cómo Sofía estaba en Cancún, viviendo su vida, y de cómo me habían vendido el riñón.
Mis embarazos perdidos, el té "relajante" con hierbas abortivas que me dio, todo era parte de un plan sádico para destruirme.
La Ximena ingenua, llena de amor, murió en esa mesa de operaciones.
Lo que queda es una mujer con un solo objetivo: escapar de esta jaula de mentiras y venganza.
Fingí debilidad, escuché susurros sobre un "accidente" final en mi taller, y planeé mi propia desaparición, una explosión que borraría a Ximena de la faz de la tierra.
Renací en Italia bajo el nombre de Lía, me convertí en una ceramista reconocida, mis cicatrices se desvanecieron, y mi voz, que una vez perdí por el trauma, regresó.
Pero el pasado, al parecer, nunca muere.
Cuando mi exposición llegó a la Ciudad de México, lo vi: Ricardo, en silla de ruedas, consumido por el dolor y la culpa, buscándome.
El me encontró, me rogó perdón, me dijo que me amaba, incluso se sacrificó por mí durante un terremoto, quedando ciego y lisiado.
Me ofreció su amor ciego y vulnerable, pero ya no había nada.
"No me debes nada", susurró, "me debo a mí misma ser feliz".
Lo dejé en la oscuridad de su culpa, mientras él murió solo, atormentado por su venganza.
Usé su fortuna para construir algo nuevo, para ayudar a las mujeres a escapar de destinos como el mío.
Me casé en Italia, un hombre que me ama, que me respeta, que me deja volar.
El infierno ha terminado y he renacido de mis cenizas. Amor amargo
Romance Yo, Mateo Vargas, fui el asistente incondicional de Isabella Rossi, la poderosa CEO de Viñas Rossi.
Durante años, cada fibra de mi ser la amó en silencio, soñando con una vida a su lado.
Fui su confidente, su apoyo, y en la oscuridad, su amante clandestino.
Mi mundo personal se desmoronó cuando Ricardo Jiménez, su amor de juventud, regresó.
Isabella, cegada por su pasado, permitió que Ricardo me humillara sin piedad.
Fui objeto de sus burlas, forzado a humillaciones públicas, desde el asado hasta bailar tango como un bufón.
Ella, mi Isabella, lo observaba con frialdad, sin intervenir.
La herida crucial fue en una fiesta, cuando Ricardo plantó su reloj en mi bolsillo y ella, sin dudar, ordenó mi registro público.
Su mirada de decepción, su aceptación de la farsa de Ricardo, destruyó lo último de mi dignidad.
"No es nadie importante", esas palabras que una vez susurró, ahora resonaban como una condena.
¿Cómo pudo creer una mentira tan vil?
¿Cómo permitió que mi lealtad y mi amor fueran pisoteados de tal modo?
Consumido por la humillación y el dolor, decidí que era suficiente.
Quemé los recuerdos y me fui de Buenos Aires, creyendo que jamás volvería a mirarla.
Pero la vida es un viñedo de segundas oportunidades, y nuestro destino aún tenía capítulos por escribir. Le puede gustar
Rechazada por mi ex, deseada por su padre
Glitch Petal Tras seis años de relación, Joslyn fue abandonada justo antes de su boda, cuando su novio prefirió a su primer amor antes que a ella.
Entonces llegó una propuesta inesperada, de Connor, el padre adoptivo de su exnovio. "Cásate conmigo. Tendrás todo lo que quieras y podrás vengarte de él".
El acuerdo tenía sus ventajas: una generosa asignación mensual, abundantes recursos a su alcance, un marido que prácticamente nunca estaba en casa y el puro placer de restregarle a su exnovio su nueva posición social.
Pero el esposo distante que esperaba se volvió posesivo.
Mientras su ex le suplicaba públicamente que le diera otra oportunidad, Connor la atrajo hacia sus brazos. "Si vuelves a decir eso, te expulsaré de la familia para siempre".
Solo más tarde Joslyn descubrió la verdad: Connor había pasado seis años planeando hacerla suya.
Creyendo que solo era un trato beneficioso, ella aceptó.
¿Viajes constantes? Una completa mentira. ¿Y la promesa de que cada uno viviría su propia vida? Otro engaño cuidadosamente urdido. En su noche de bodas, él la tenía inmovilizada bajo su cuerpo, y sus besos le robaban el aliento. Y noche tras noche, seguía volviendo a casa, completamente obsesionado con ella. La esposa rechazada es multimillonaria
Leeland Lizardo Durante siete años fui la esposa perfecta y silenciosa, ocultando mi verdadera identidad mientras trabajaba como enfermera de urgencias.
Hasta que mi multimillonario esposo irrumpió en mi sala con una mujer cubierta de sangre en sus brazos. Era Allena, la prometida de su primo.
Me empujó con violencia para protegerla. Al examinarla, mis instintos médicos revelaron la repugnante verdad: una hemorragia interna masiva causada por relaciones sexuales salvajes. Él me arrojó un cheque de cien mil dólares para comprar mi silencio. Poco después, cuando sus amigos me acorralaron para humillarme, él volvió a empujarme para salvar a su amante de un simple café derramado. Mi cuerpo salió volando y mi brazo se estrelló contra una mesa de cristal, abriendo una herida profunda que empapó la alfombra de sangre.
Él se quedó paralizado, pero ni siquiera intentó ayudarme; seguía abrazándola a ella. Recordé cómo tuve que falsificar un aborto y esconder a nuestra hija durante cinco años porque él amenazó con destruirme si alguna vez quedaba embarazada. Todo mi amor y sumisión se convirtieron en puro asco.
Con escalofriante calma, me até un torniquete con los dientes, estampé mi sangre directamente en su impecable traje a medida y lo miré a los ojos.
"Terminé contigo."
El contrato matrimonial expira en tres días. Es hora de despertar a mi verdadera identidad, vaciar su penthouse y dejarlo rogando entre las ruinas. Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta
Autumn Breeze Fui al Registro Civil para pedir una copia de mi acta de matrimonio. Llevaba tres años casada con el heredero de los Cooley, o al menos, eso creía.
El funcionario me miró con pena a través del cristal y soltó la bomba:
"No hay registro. El acta nunca se devolvió. Legalmente, usted es soltera".
El mundo se me vino encima. Gray me había prometido encargarse del papeleo el día de nuestra boda.
Justo en ese momento, mi teléfono vibró. Una notificación de un álbum compartido titulado *Nuestro pequeño secreto*.
Al abrirla, vi una prueba de embarazo positiva y mensajes de texto fechados esa misma mañana:
"Aguanta un poco más, nena. Hoy se libera el dinero del fideicomiso. Mañana echo a esa mula estéril a la calle y seremos libres".
Era mi esposo hablando con Brylee, mi mejor amiga y dama de honor.
Entendí todo de golpe con una náusea violenta. No era una esposa, era un accesorio necesario para cobrar una herencia.
Me usaron para cumplir el requisito de tres años del fideicomiso. Se burlaban de mi infertilidad -la cual sufrí por salvarle la vida a Gray en un accidente- mientras ellos esperaban a su "verdadero heredero" a mis espaldas.
Planeaban dejarme sin un centavo, sin reputación y humillada al día siguiente.
Me limpié las lágrimas y saqué mi labial rojo sangre del bolso.
En lugar de confrontarlos llorando, llamé al enemigo mortal de la familia, el despiadado magnate Hjalmer Barrett.
"Sé que odia a los Cooley", le dije con voz firme al teléfono. "Yo tengo las llaves para destruirlos y quitarles todo. A cambio, quiero casarme con su hijo, la Bestia de Wall Street".
Esa noche volví a casa con una sonrisa, lista para convertir sus vidas en un infierno. ¿Cómo domar a un boxer salvaje?
Sable Thorn Al regresar a su ciudad natal para una cita a ciegas, Verena esperaba encontrar estabilidad, pero no a Asher, un rudo entrenador de boxeo que parecía tener demasiada confianza en sí mismo.
Cuando le preguntó por qué alguien como él había optado por una cita a ciegas, respondió que simplemente era exigente con las mujeres. ¿Su opinión? Demasiado superficial. Desde luego, no era alguien en quien pudiera confiar.
Convencida de que no era de fiar, ella mantuvo las distancias. Sin embargo, el hombre aparecía por todas partes, llenando sus días de comentarios burlones y encuentros sospechosamente oportunos.
Verena supuso que se trataba de un simple coqueteo, sin darse cuenta de que él llevaba años esperándola en silencio.
Hasta que un día, las cosas dieron un giro. Cuando ella lo acorraló y lo desafió, el hombre, por lo general descarado, se puso rojo.
"Soy un tipo decente", insistió, mientras ella luchaba por no reírse de su inesperada inocencia. Nunca más seré tuya
IReader Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor.
Él la había criado, pero ella nunca lo vio como pariente; estaba segura de que terminarían juntos.
El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país.
La joven escuchó a su tío hablando con sus amigos sobre ella: "Camila es solo una niña para mí; nunca podría verla de esa manera. La única persona a la que amo es Olivia".
Ella se alejó, y Ryan se derrumbó.
Más tarde, en su boda, Camila sonrió radiante en su vestido blanco de novia. Ryan suplicó: "Me arrepiento, Camila. Por favor, no te cases con él".
Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando".