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Pecador.

Capítulo 3 Una obra de caridad.

Palabras:1871    |    Actualizado en: 30/07/2021

abe

han desviado, es nuestra responsabilidad, la responsabilidad que nuestro señor Dios nos dio – dice de manera solemne la madre superiora mientras termina con el sermón del día – recuerden que la bondad y la

la ronda de vigilancia nocturna, asi que me amarro bien los zapatos y cojo mi vieja lampara de

o está en paz, por el contrario a la semana pasada, el ambiente está húmedo, pero no hay lluvia,

– santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad asi en el cielo como en la tierra

ice esa vo

sparzan completamente quebrados a mi alrededor. Suelto un grito y veo hacia los estab

un par de pasos más cerca de mí y yo me que

completamente embobada, sino su rostro. Su piel es tersa y morena, sus ojos de una tonalidad verde que yo no había visto nunca en mi vida, su cabello se ve oscuro, p

ntado apartarme de ellos tanto como me sea posible, por algo me metí al noviciado

ndo a un fantasma – me dice de forma lenta para

ecesidad de pedirle que me pellizque para saber si él es real o

nerme en pie, aunque eso es una tarea difícil, me siento tensionada, mis

ríe y es como si el diablo

aer en la tentación»

odas las noches de la semana

o – las novicias nos turnamos

, como haciéndome una inspección. Yo sigo su recorri

insisto – no deberías estar a

decuadamente – dice y vuelve a posicionarse fren

, de hecho, deberías irte de

corazón comienza a latir desenfrenado y mi

que yo me vaya – dice en mi oído, caus

ué pien

, y mi experiencia me dice que eso es algo que haces cuando est

ras me pe

acer? – susurra cerca de mi rostro – ¿Miedo? – dice alejándose levemente para

o está bien, ¿Qué estoy haciendo? Yo debería estar haciendo mi tr

digo con v

que mi pulso se acelera y mi piel se pone de gallina, la mano del hombre es grande, sus ded

resenta, acerca mi mano a su boca y

d privada, asi que tienes que irte – digo enderezan

úblico, Annabelle. Pensé que la casa de Dios no le cerra

ocado, pero esta

fesar mis pecados – se está burlando, la expresión en s

icio esta únicamente d

realidad, desearía hacerlo ahora

jarme – incluso la persona más tonta sabría que las confesion

eso es cierto, pero no para el ti

se sigua burlando de mí, soy una novicia, pero eso no me hace una idiot

s tú y que

marrones. Yo me fijo un poco más en su atuendo, en el mono de color negro

s un

es una cárcel, es un re

l ceño a

os años

en mí, Annabelle – sonr

dría haber hecho alguien de veinte año

s en el centro

expresión en su cara cambia de repen

guntas – murmura e

malo de lo que yo creo que es, quiza es mi espíritu que me dice que debo ayudar a aquel hombre, o tal vez fue solo el sermón

dice que no deberías estar en este lugar, lo que quiere decir qu

anquilo, ya no se burla de mí y ya no me ronda como si yo fuera

no es asi? – cues

no eres la indicada –

por él, de pronto ese es el acto de caridad que yo tengo que hacer, quiza Dios puso a Bastián en

sus piernas son más largas que las mías y camina m

a, lo que hace que yo suelte un grito. Bastián se da la vuelta al escucharme gruñir y entonces yo me re

astián tiene su mano puesta en mí cintura y aun sobre el hábito puedo sentir la presión en mi cuerpo. Yo trago saliva y é

despacio y muy cerca de mi rostro, tanto que pu

ondo y me incorpo

udar

que eres alguie

se pone

n cuando no sabes porque demon

Si

erlo bajo mis reglas ¿A

seca, incapaz de negarme a n

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