No Ganará Amor desde Un Egoísta

No Ganará Amor desde Un Egoísta

Gavin

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Capítulo

Mi celular sonó mientras revisaba los papeles de alta de mi mamá, era Mateo, impaciente como siempre. Me pidió que hablara con mi madre, que necesitaba un riñón, que era "la única opción" y que mi mamá "era compatible". El bolígrafo se me cayó de las manos, helada, escuché cómo comparaba la vida de mi madre, "vieja e improductiva" , con la de la suya, llena de "mucho por vivir" . "Es un intercambio justo, ¿no crees?" , su pregunta me revolvió el estómago. Colgué el teléfono, las manos me temblaban de rabia y nauseas, "¿cómo pude estar tan ciega?" Esa noche, buscando papeles, hallé un encendedor de unicornio rosa en su coche; ni él ni yo fumábamos. Luego, las llamadas misteriosas y el perfume femenino, todo encajaba: un rompecabezas de infidelidad. La rabia se transformó en dolor, mi sacrificio por su carrera, mis sueños pausados, todo por él, ¿y este era el pago? Llené un acuerdo de divorcio, cada letra, un paso hacia mi libertad. Su voz autoritaria exigía que mi madre donara un riñón, "su deber como suegra", dijo. Ya no había dolor, solo asco, el hombre que amé era un monstruo egoísta. Él se río: "Sofía, no olvides quién manda en esta relación" . Esa noche, mientras roncaba a mi lado, entendí: no solo una relación rota, sino mi espíritu. Pero, por primera vez, sentí que podía reconstruirme. La decisión estaba tomada, sin vuelta atrás: ¡ya era suficiente! Al día siguiente, él, soberbio, me llamó "dramática" : "la familia es lo primero, mi madre es mi prioridad" . Lo miré fijamente: "Mi mamá es mi prioridad. Y lo que pediste es una monstruosidad" . Se rio: "tu función es cuidar la familia, ¿no?" Sus palabras me golpearon: mi amor, solo una "función". Esa tarde, buscando documentos, encontré una escritura: nuestro departamento estaba a nombre de su madre. Mi hogar, mi seguridad, robados; la traición me dejó sin aire. Algo dentro de mí se rompió y se rearmó: sin lágrimas, sin duda, solo determinación de acero. Llamé a mi antiguo profesor, quise retomar mi carrera; él me conseguiría un lugar en Madrid. Compré un boleto de ida a Madrid para dentro de dos semanas y renuncié a mi trabajo. Esa tarde, cerca de su oficina, lo vi: riendo con otra, poniendo salsa picante en su taco, un gesto íntimo que nunca tuvo conmigo. Me di la vuelta, el corazón hecho piedra. Él llamó: "Sofía, ¿dónde andas? Mi mamá se siente mal, ven a cuidarla" . "No" , dije, "Se acabó, Mateo" . Colgué antes de que respondiera.

Introducción

Mi celular sonó mientras revisaba los papeles de alta de mi mamá, era Mateo, impaciente como siempre.

Me pidió que hablara con mi madre, que necesitaba un riñón, que era "la única opción" y que mi mamá "era compatible".

El bolígrafo se me cayó de las manos, helada, escuché cómo comparaba la vida de mi madre, "vieja e improductiva" , con la de la suya, llena de "mucho por vivir" .

"Es un intercambio justo, ¿no crees?" , su pregunta me revolvió el estómago.

Colgué el teléfono, las manos me temblaban de rabia y nauseas, "¿cómo pude estar tan ciega?"

Esa noche, buscando papeles, hallé un encendedor de unicornio rosa en su coche; ni él ni yo fumábamos.

Luego, las llamadas misteriosas y el perfume femenino, todo encajaba: un rompecabezas de infidelidad.

La rabia se transformó en dolor, mi sacrificio por su carrera, mis sueños pausados, todo por él, ¿y este era el pago?

Llené un acuerdo de divorcio, cada letra, un paso hacia mi libertad.

Su voz autoritaria exigía que mi madre donara un riñón, "su deber como suegra", dijo.

Ya no había dolor, solo asco, el hombre que amé era un monstruo egoísta.

Él se río: "Sofía, no olvides quién manda en esta relación" .

Esa noche, mientras roncaba a mi lado, entendí: no solo una relación rota, sino mi espíritu.

Pero, por primera vez, sentí que podía reconstruirme. La decisión estaba tomada, sin vuelta atrás: ¡ya era suficiente!

Al día siguiente, él, soberbio, me llamó "dramática" : "la familia es lo primero, mi madre es mi prioridad" .

Lo miré fijamente: "Mi mamá es mi prioridad. Y lo que pediste es una monstruosidad" .

Se rio: "tu función es cuidar la familia, ¿no?"

Sus palabras me golpearon: mi amor, solo una "función".

Esa tarde, buscando documentos, encontré una escritura: nuestro departamento estaba a nombre de su madre.

Mi hogar, mi seguridad, robados; la traición me dejó sin aire.

Algo dentro de mí se rompió y se rearmó: sin lágrimas, sin duda, solo determinación de acero.

Llamé a mi antiguo profesor, quise retomar mi carrera; él me conseguiría un lugar en Madrid.

Compré un boleto de ida a Madrid para dentro de dos semanas y renuncié a mi trabajo.

Esa tarde, cerca de su oficina, lo vi: riendo con otra, poniendo salsa picante en su taco, un gesto íntimo que nunca tuvo conmigo.

Me di la vuelta, el corazón hecho piedra.

Él llamó: "Sofía, ¿dónde andas? Mi mamá se siente mal, ven a cuidarla" .

"No" , dije, "Se acabó, Mateo" .

Colgué antes de que respondiera.

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Trabajé tres años como asistente personal de Roy Castillo, el heredero del imperio tequilero. Me enamoré perdidamente de él, aunque yo solo era un consuelo, un cuerpo cálido mientras esperaba a su verdadera obsesión, Scarlett Salazar. Cuando Scarlett regresó, fui desechada como si nunca hubiera existido. Fui abofeteada y humillada públicamente, mis fotos comprometedoras filtradas por toda la alta sociedad. En el colmo del desprecio, me forzaron a arrodillarme sobre granos de maíz, mientras Roy y Scarlett observaban mi agonía. Me despidieron, pero no sin antes hacerme pagar un precio final. El dolor de la rodilla no era nada comparado con la humillación, la confusión. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Por qué la mujer que amaba se convertía en mi verdugo, y el hombre al que di todo me entregaba al lobo? Él me vendió como un objeto, como una mercancía, por un estúpido collar de diamantes para Scarlett. Me arrojaron a una habitación de hotel con un asqueroso desconocido, y solo por un milagro, o quizás un último acto de misericordia de Roy antes de irse con ella, logré escapar. Decidí huir. Borrar mi antigua vida, la que había sido definida por la obsesión y el desprecio. Pero el pasado tenía garras. Las fotos, el acoso, me siguieron hasta mi refugio en Oaxaca. ¿Me dejaría consumir por la vergüenza, o me levantaría de las cenizas como el agave, más fuerte y con una nueva esencia? Esta vez, no huiría. Esta vez, lucharía.

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