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Libros de Hombre Lobo para Mujeres

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Rechazada por él, deseada por su rival

Rechazada por él, deseada por su rival

-No tiene loba ni familia. Es inofensiva y me resulta útil. En cuanto deje de necesitarla, el título de Luna será tuyo. Eira Crawford escuchó esas palabras al otro lado de la puerta del despacho de su esposo. Durante cuatro años había sido la esposa secreta de Sebastian Hale. Se ocupaba de la casa, atendía a su familia y resolvía todos los problemas que él dejaba a su paso. A cambio, Sebastian le daba tres mil dólares al mes como si le estuviera haciendo un favor. Hasta para comprarse un abrigo nuevo tenía que darle explicaciones. Sin embargo, no dudó en destinar trescientos mil dólares a financiar la investigación de su primer amor. Para Sebastian, Eira no era más que una Omega huérfana que ni siquiera tenía loba: una esposa dócil y discreta, sin manada, sin poder y sin ningún valor más allá de lo que pudiera hacer por él. Nunca la había presentado en público como su Luna. Su familia la trataba como a una criada, y su amante se burlaba de ella por depender de un Alfa para sobrevivir. Entonces Eira dejó de llorar. Grabó la infidelidad, solicitó la disolución del vínculo y puso los documentos del divorcio frente a Sebastian. Aun así, él creyó que solo intentaba llamar su atención. Firmó sin siquiera leerlos, convencido de que volvería arrastrándose en cuanto comprendiera que nadie querría a una Omega rechazada y sin loba. Pero se equivocaba. La mujer a la que había dejado en casa lavando platos era una ingeniera eléctrica graduada en Stanford. La esposa «inútil» a la que nunca prestó atención era, en realidad, la ingeniera jefe detrás de un proyecto nacional ultrasecreto para desarrollar tecnología de chips. Todo lo relacionado con ella era información clasificada. Su desaparición bastaría para alertar a las autoridades federales y, cuando su identidad saliera a la luz, su nombre sacudiría a toda la comunidad científica. Sebastian no sabía nada de eso. Después de abandonar su casa sin llevarse más que su libertad, Eira se cruzó con Killian Sterling, el Alfa más frío y poderoso del norte. Él aún no sabía quién era ella, pero su lobo reconoció algo que todos los demás habían sido incapaces de ver. Mientras tanto, Sebastian comprendió por fin que Eira hablaba en serio. La buscó desesperadamente por toda la ciudad. Por primera vez en cuatro años, la reconoció públicamente como su esposa. Le exigió que volviera y le rogó que le diera otra oportunidad. Pero Eira ya no estaba en casa esperándolo. Ahora ocupaba un lugar en la mesa de la manada Sterling, serena y segura de sí misma, mientras el Alfa más temido de Norteamérica permanecía a su lado. Ante la mirada de todos, Killian Sterling posó una mano sobre su espalda y declaró con frialdad: -Eira no es la Omega que alguien desechó. -Es mi Luna.
La compañera prohibida: Reclamada por el tío alfa de mi ex

La compañera prohibida: Reclamada por el tío alfa de mi ex

Corrí al club de la manada tras una agotadora cirugía de ocho horas porque me dijeron que mi novio, el Alfa Colten, estaba gravemente herido. Pero al abrir la puerta, lo encontré perfectamente sano, con una joven llorosa sentada en su regazo. Había hecho que sus hombres me mintieran solo para que yo, exhausta y sin aliento, viniera a revisarle un leve esguince a su nueva aventura. Cuando me negué a tratarla, Colten estalló en ira y me humilló frente a todos. Me recordó que yo solo era la hija huérfana de una sirvienta a la que su familia había criado por lástima. Para él, mis cuatro años como su novia oficial y mis veinte años de devoción absoluta no significaban nada; yo era solo un trofeo obediente y barato. Al darme la vuelta para terminar la relación y marcharme, escuché a sus guardias burlarse, apostando a que volvería arrastrándome como una perrita con solo una llamada. Empaqué mis pocos libros de medicina y dejé la villa, con el corazón destrozado pero la mente clara. No entendía cómo dos décadas de amor incondicional habían sido pisoteadas con tanta crueldad, pero estaba segura de una cosa: nunca más volvería a ser su mascota. Lo que Colten no esperaba era que, días después, tras salvarle la vida a su abuela en una cirugía de emergencia, el hombre más temido del continente apareciera en el hospital. El Rey Alfa, el inalcanzable y letal tío de Colten, me acorraló frente a toda la familia atónita. "A partir de hoy, la doctora vivirá en mi mansión", ordenó con una sonrisa peligrosa, ignorando por completo a su sobrino. "Justo en la habitación de al lado".
Ese príncipe es una chica: La compañera esclava cautiva del malvado rey

Ese príncipe es una chica: La compañera esclava cautiva del malvado rey

Ellos no saben que soy una chica. Todos me miran como si fuera un hombre, un príncipe. Su especie compra humanos para satisfacer sus lujuriosos deseos. Y cuando ellos llegaron a nuestro reino para llevar a mi hermana, intervine para protegerla. Fue así como ellos también terminaron comprándome. El plan era escapar, pero mi hermana y yo nunca tuvimos una oportunidad. ¿Cómo iba a saber que nuestra prisión sería el lugar más fortificado de su reino? Se suponía que debía quedarme en el anonimato, pues no tenían un uso para mí. Solo era alguien a quien nunca debían comprar. Pero entonces, el hombre más poderoso de la salvaje tierra, su despiadado rey bestia, se interesó por ese "principito bonito". ¿Cómo podremos sobrevivir en este reino brutal, donde todos odian a los de nuestra especie y no tienen piedad de nosotros? ¿Y cómo puede alguien, con un secreto como el mío, convertirse en una esclava sexual? Nota del autor: es una novela de romance oscuro, apta solo para mayores de edad. Espera varios temas sensibles, como la violencia. Si eres un lector experimentado de este género, buscas algo diferente y estás preparado para entrar sin saber qué es lo que te espera, ¡entonces sumérgete en esta aventura! . De la autora del bestseller internacional "La Esclava Más Odiada Del Rey"
El mayor error del Alfa: Perder a su Luna predestinada

El mayor error del Alfa: Perder a su Luna predestinada

Mantuve unida a nuestra manada durante dos largos años, gestionando sola las crisis y las noches frías como su Luna, solo para esperar a que mi pareja destinada, el Alfa Jaxson, regresara triunfante de la guerra. Pero cuando por fin volvió, no me miró. En su lugar, ayudó a bajar de su auto a una mujer frágil y embarazada, anunciando ante todos que ella era su "pareja elegida" para pagar una deuda de vida. Me exigió que la aceptara en nuestra casa. Días después, el hijo de esa mujer derramó a propósito una sopera de caldo hirviendo sobre mi mano, dejándome la piel llena de ampollas. En lugar de ayudarme, la abuela de Jaxson me culpó públicamente por asustar al niño, mientras mi Alfa se quedaba en completo silencio viendo cómo me humillaban. El frío me congeló el alma. En nuestro mundo, el vínculo de una pareja destinada es sagrado. ¿Cómo podía pisotear mi dignidad y nuestro vínculo divino por una extraña? ¿Acaso mis años de lealtad absoluta no significaban nada frente a su retorcido sentido del honor? Al ver los rostros crueles de su familia, la última chispa de amor en mi corazón se volvió cenizas. Con total calma, le arrojé a esa mujer el libro de contabilidad y las pesadas llaves de la manada. "A partir de hoy, los deberes de la Luna son tuyos." Ya que tanto deseaba mi lugar, la dejaría hundir a la manada en el invierno, mientras yo planeaba mi huida.
La Luna Impostora: Marcada por el Rey Alfa

La Luna Impostora: Marcada por el Rey Alfa

Matrimonio por contrato + Heroína de armas tomar + Identidad secreta + Arrepentimiento Durante dos años, Aria Smith vivió entregada a Ethan Holt. Creía que era la Luna a la que él amaba y la compañera que el destino había elegido para él. Todo se vino abajo el día en que intentó solicitar una copia de su certificado de matrimonio. Ethan jamás la había amado. Su verdadera compañera era Clara, la mejor amiga de Aria. Y el niño al que Aria había cuidado como a un hijo durante dos años no era adoptado: era hijo de Ethan y Clara. Apenas había empezado a asimilar la traición cuando recibió una llamada que cambió su vida para siempre. Aria no era una simple huérfana humana, sola y sin recursos, como siempre le habían hecho creer. Era la única heredera legítima de Vincent Smith, dueño de una fortuna incalculable y de un imperio empresarial con poder tanto en el mundo humano como entre los hombres lobo. Destrozada, pero decidida a no seguir viviendo una mentira, Aria tomó una decisión. -Soy soltera. Ante la ley, nunca he sido la esposa de nadie. Rompió para siempre con la manada Silver Creek y ocupó el lugar que le correspondía como heredera de una fortuna multimillonaria. Ethan y Clara no tardaron en reírse de ella. Estaban seguros de que una huérfana humana indefensa no sobreviviría lejos de la manada. Tarde o temprano, pensaban, volvería de rodillas a suplicarles que la aceptaran. No podían estar más equivocados. Cuando volvieron a verla, Aria ya no era aquella Luna dulce y sumisa que había vivido pendiente de Ethan. Se había convertido en una mujer poderosa, rica e intocable, capaz de hacer temblar con una sola decisión a todo el mundo de los hombres lobo. Y no regresó sola. A su lado estaba el Rey Alfa: un hombre imponente, sin rival y mucho más poderoso de lo que Ethan podría llegar a ser. Un hombre dispuesto a incendiar el mundo entero con tal de ayudarla a cobrarse su venganza.
Su Compañera Indeseada Es Una Loba Blanca Secreta

Su Compañera Indeseada Es Una Loba Blanca Secreta

Durante diez años, viví como una Omega sin poder, una loba sin manada. Mi única alegría era mi brillante hija, Mónica. Había encadenado mi verdadera naturaleza —la de una poderosa Loba Blanca— para protegerla de los enemigos de mi familia. Cuando ganó una codiciada pasantía en el Consejo Internacional, pensé que nuestra vida tranquila por fin estaba a salvo. Pero una semana después, la encontré hecha un ovillo en un rincón de su escuela, atada con cuerdas de plata que le quemaban la piel. Sus sueños estaban siendo destrozados por Lorena, la hija del Alfa de nuestra manada. —Esta don nadie pensó que podía robarme mi lugar —se burló Lorena—. La pasantía que mi padre, el Alfa, consiguió para mí. Mi mundo se hizo pedazos. El Alfa era mi esposo, Vicente, mi compañero destinado desde hacía diez años. Cuando lo contacté a través de nuestro vínculo sagrado, él ignoró mi pánico con dulces mentiras, incluso mientras yo veía a Lorena y a sus amigas torturar a nuestra hija por pura diversión. La traición más absoluta llegó cuando su amante, Ivonne, mostró la tarjeta de la Luna del Alfa. "Mi" tarjeta, la que él le había dado a ella. Él llegó solo para negar conocerme frente a todos, un pecado que destrozó nuestro vínculo. Me llamó intrusa y ordenó a sus guerreros que me castigaran. Mientras me obligaban a arrodillarme y me golpeaban con plata, él simplemente se quedó ahí, mirando. Pero todos me subestimaron. No sabían nada del amuleto que le había dado a mi hija, ni del poder ancestral que contenía. Mientras caía el último golpe, susurré un nombre en un canal oculto, invocando un juramento que mi familia hizo hace generaciones. Segundos después, helicópteros militares rodearon el edificio, y la Guardia del Alto Consejo irrumpió en la sala, inclinándose ante mí. —Luna Luisa —anunció su comandante—, la Guardia del Alto Consejo está a sus órdenes.
Su Luna Robada, Su Máximo Arrepentimiento

Su Luna Robada, Su Máximo Arrepentimiento

Durante cinco años, fui la compañera destinada del Alfa Alejandro, la Luna de la manada Luna de Sangre. Pero durante todos esos cinco años, su corazón le perteneció a otra mujer: Sofía. En nuestro cumpleaños compartido, el último hilo de mi esperanza se rompió. La vi descender por la gran escalinata con un magnífico vestido plateado, un vestido que él había prometido que sería una sorpresa para mí. Frente a toda la manada, caminó hacia él y le besó la mejilla. Él siempre decía que Sofía era una loba frágil y rota que necesitaba su protección. Durante años, creí sus mentiras. Soporté su indiferencia mientras él le regalaba mis sueños a ella, celebrando su cumpleaños en secreto mientras a mí me dejaba con el título vacío de Luna. Cuando lo confronté, desestimó mi dolor. —Simplemente no lo entiende —se quejó con Sofía, su voz filtrándose en mi mente a través de nuestro lazo roto—. Cree que un título de compañera puede encadenarme. Es asfixiante. ¿Él se sentía asfixiado? Yo era la que se estaba ahogando en su abandono. Él no era mi compañero; era un cobarde, y yo solo era una jaula en la que la Diosa lo había forzado a entrar. Así que salí del salón y, más tarde, de su vida. Lo rechacé formalmente. Mientras el lazo se hacía añicos entre nosotros, él finalmente entró en pánico, rogándome que lo reconsiderara. Pero ya era demasiado tarde. Estaba harta de ser su jaula.