Los dos días que siguieron, Jessi no se me acerco, sólo se dedicaba a malas miradas y cuchicheos aislados con sus amigas al estar cerca de ella. Mi tía se daba cuenta de la tensión entre nosotras, pero no decía nada, conocía a su hija y por ello, sabía que hablando con ella no iba a solucionar nada, sino que iba a empeorarlo.
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