En las Redes del CEO.
p, bip,
, y la habitación está sumergida en oscuridad y una temperatura cálida, haciendo que mi bata esté húmeda pegada a mi cuerpo. Me siento muy incómoda así que me pongo de pie con prisa, y voy al baño darme una ducha p
repente. Sólo a mí se me ocurre tomarme una botella completa de vino,
ombros, secarlo será bastante fácil. Salgo de la ducha y me lavo los dientes y la cara aún con el dolor de cabeza. Una vez he termina
, lo que me pone de mal humor. Al ver el reloj, veo que faltan veinte minutos para las nueve y se supone que debo estar a tiempo en la oficina debi
ca y tarde el día que te harán co-corporat
bí de dejar mi atuendo listo para no tener que hacerlo el día de hoy, sin embargo, la visita de mi nuevo vecino me descolocó totalme
primer piso. Del armario, saco unos pantalones de tela fina grises. Me encanta ese color porque es versátil y más liviano que el negro. Me quedan un poco ajustados porque subí un par de libras luego de comprarlo, pero supongo que servirán. Saco u
rviosa, especialmente hoy, me quedan dos minutos para bajar al vestíbulo y diez para llegar a la oficina. Sin café, con dolor de cabeza y sin nada en el estómago, tomo m
González, el guardián del edificio me saluda con un silbid
n cariño y bajo los tres escalones de la entrada para subir
guapo moreno me saluda y le
necesito, así que saco mi bolsa con el maquillaje. Aplico corrector debajo de las ojeras de anoche, un poco de base, sombra clara para los ojos y me delineo las cejas sutilmente. Termino todo con un poco de polvo compacto y
engo tiempo para más, porque a las nueve y un mi
le grito corriendo hacia la
hace falta pagarle en efectivo. Alcanzo a llegar al ascensor just
lo al grupo de emplea
lo afanada que pueda estar, siempre procuro hacerlo. El camino hasta el piso doce se me hace eterno, prácticamente en cada piso hay una parada
i escritorio suena dos veces. Viene de la línea de
ías, seño
ara la reunión? - me pregunta
r que el dolor de cabeza permanece y mi est
sala de juntas, todos lo
uerdo,
, pero no le doy más vueltas. Hoy es el gran día. Cuando llego al
ugar de siempre, sin interrumpir las dispersas conversaciones que se escuchan en toda la sala. Me entretengo en la tableta, revisando mi correo. Cuando el señor Navarro entra, todos guardan silencio. Para variar, está sonriendo, cosa que se
, pero lo peor es cuando escucho las pa
Este es mi hijo, Andrés Navarro, é