“Arthur: Leah... tú y yo ya estamos casados... Leah: ¿Qué?, pero... ¿Cómo?, en ese momento me vino un recuerdo...El contrato...Ese papel con tu nombre al lado... Arthur: Si Leah, eso era un acta de matrimonio, le ordené a Ruth que lo colocará en el contrato sin que te dieras cuenta y lo firmaras... tú eres mi esposa...Solo que no encontré el momento adecuado para decírtelo, cada día se hacía más difícil tenía miedo de perderte. Leah: ¡Acaso te volviste loco!, ¿Cómo te atreves?, ¿Cómo pudiste? Y dices que me amas...Eso no es amor Me has manipulado todo este tiempo, te abrí mi corazón y te conté toda mi vida, cuando tú ya la sabias y hasta más que yo... No puedo perdonarte...”