“Gabriel sabe que las acciones tienen consecuencias, por eso, cuando la jueza lo obliga a pagar mil horas de labor social en el pequeño hospital del pueblo de Florencia, lo toma como la redención que está buscando, pero al llegar allí y ver que el pueblo está subyugado por el poder de un narcotraficante, no puede evitar pensar que liberarlos a todos será liberarse a sí mismo, y mientras descubre el verdadero amor, el deseo y la pasión, en los brazos de Samuel, tratará de asimilar que el destino que fue a buscar no es el mismo que le tendrá preparado la vida.”