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La Herencia de Alba

Capítulo 9 Chapter 9

Palabras:1493    |    Actualizado en: 20/12/2021

pte

. Allí se habían dado cita la mayor parte de los caballeros, huyendo del calor de los salones por lo que imperaba el color negro d

solicitado

oreja y me trajo a la mente otra afirma

los hijos de los amigos de mis padres. Aunque no me atrajera ningún joven ni el tipo de vida que se desea

Al

desde un extremo, rodea

saludar a unos conocidos y m

o a la pared, charlaban unos caballeros a los que no presté atención. Las amigas de Ruth eran igual de int

sucumbe a los halagos del

. ¿Qué os interesa más:

a interesante? -Se a

más sus voces que las de mi grupo, así que hablé en voz más

tres bailes no he acumulado sufic

tes para generar alguna anécdota picante

más hábil que yo en ese campo. N

bía intentado inferirme. Las amigas nos observaron petrificadas.

ta colección de

dido con miradas lánguidas, caer de pestañas y suspiros. El hombre, más cerca de los treinta de lo que a él le gustaría re

da. ¿Me haría el favor de invitarla

puesto a una rival -dijo realmente sor

nza que deposito en usted -in

de Álvaro y, con una sonrisa de

eso -reprendió Rosa-.

mistad la

e desvanece la amistad -recono

y sacrificio por un

: es usted muy ra

achos de los no había oído hablar en mi vida y

ras? ¿No se molestaría p

vemente y descubrí la espalda de mi interlocutor, que se

nversaciones de los vecinos? -Ataqué

cerca y su

usted no

da que decir. A veces es

teresante en la vacua c

ua. Su lengua rezuma

or lo general, pasa desapercibida o tra

el. Comenzaba a sentirme cómoda con el desconocido ante el que podía hablar libremente y

mo, es el Gran Premio -anunció Ruth-. Se

Leo aportaba un aire más inocente a la excursión. Suspiré resignada porque no me apetecía nada, pero no iba a quedarme tod

-Sonreí ante

no en Santander. La casa dormía por lo que bajé sin hacer ruido; me equivoqué, doña Brígida mantenía una taza en alto mientras con la otra mano aguantaba uno de los periódicos que había en una m

nos

as le dé D

madrugadores. Me alegro

ntra mi falta de interés en encontrar

no contestó y volvió al periódico.

rte a nada que no desees. Tienes una personalidad muy fuerte, como yo, pero me apena el esfuerzo que gastas en rebelarte contra

. Mis primos seguían en los brazos de Morfeo y su ausencia me permitía una cie

enamorad

nida. Mis padres nunca se habían molestado por mis

desde niños. Nos compenetrábamos bien

has descrito a un a

taba acostumbrada a que la ondearan en mi cara,

l cariño. No me imagino compartiendo la vida con ninguno de los caball

on mucha seguridad entre los hombres, como si no pudieran alcanzarte por más que lo intenten y temí que te

me gustan la inactividad ni los vagos. Busco mi sitio, ignoro cuál es, pero tengo claro que no es este. No

mente, pero sí en lo importante: eres inquieta y necesitas ganar tu sitio. Me parece magnífico y yo te apoyaré. No voy a marcharme, he

e refiere

egado el momento de conocer l

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La Herencia de Alba
La Herencia de Alba
“Santander. Verano, 1918. Una abuela desconocida. Oscuros secretos familiares. Un amor poco adecuado. Alba Ansorena, hija de los marqueses de Lucientes, vive en la burbuja de comodidad propia de su aristocrática familia, aunque ella, a espaldas de sus padres, traza unos planes muy diferentes para romper con su destino. Acude con la familia a pasar un verano más en el Sardinero; sin embargo, en esta ocasión, el regreso de Cuba de una desconocida abuela sacará del armario familiar los esqueletos guardados que alterarán de forma drástica su apacible existencia. Al mismo tiempo, un atractivo viudo se cruzará en su camino. Tras un exilio de cinco años, Eduardo Arias ha regresado y levanta rumores de un escándalo en el pasado allá por donde va. A pesar de las advertencias y del vacío que la sociedad ejerce en torno del hombre, Alba no hace caso y transgrede las invisibles normas. La acción transcurre durante el veraneo de los reyes, de la Corte y del Gobierno en la ciudad de Santander, la cual permanece ajena a la primera guerra europea y al hambre que asola España por el encarecimiento de los alimentos, aunque no podrá escapar de la gripe que se convirtió en pandemia y que causó más muertes que el propio conflicto bélico.”