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La sonrisa sumisa: la jauría de Alaior

Capítulo 5 El juicio de los inocentes

Palabras:2195    |    Actualizado en: 02/12/2021

cusación oficial contra Wando y Alaxa, culpándolos de hacer trampas en las pruebas de madurez. El juicio se iba a ejecutar en la explanada de las celebraciones, el único lu

medida que avanzaban, encontrando pocas caras amistosas entre los que se cruzaron. Al llegar al punto indicado, se encontraron con Hamer. Este, en actitud severa, de pie con los brazos cruzados. A sus costados, el resto de jefes de lobera, ocho en total, ta

oyarían en caso necesario, por el momento. El maduro licántropo, cabeza dominante de su grupo, tenía muy claro que aquel juicio era una pantomima y que sus pupilos saldrí

os, evaluando a su contrario. El juicio iba a dar comienzo ahora que es

metro del valle, estaban ausentes. Sin embargo, los cazadores que vigilaban los alrededores no eran los únicos que no estaban viendo la querella. Una sombra furtiva, enclenq

os, especialmente los servidos para el descanso nocturno. Uno de ellos era tan ancho como una pareja podía necesitar, mientras que el segundo tenía las medidas propicias para un solo individuo. A esa última se acercó y buscó con la mirada algún objeto que le fuese de utilidad para sus intenciones. Enseguida vio una pequeña bolsa de lino con unas llamativas flores de colores bordadas a mano. La cogió como si se le fuese a escapar y la abrió

etió en su bolsillo y sacó la cabeza por la apertura de la salida para asegurarse que la lobera seguía desierta. Tras la comprobación, encaminó sus paso

puede hacer para evitar un severo castigo, Bredo -decía Hamer. Su voz

do con los los acusados y frente a ellos el líder con el resto de jefes de lobera. El resto de participantes también se

rte acusadora la que ha de tener evidenc

í se hacen las cosas como yo digo, que es como la mayoría en la jauría acepta. Si tú o cualquiera de tu lobera no sois capa

aceptable. Wando notó un estremecimiento en su compañera, y cogió su mano. Alaxa agradeció el gesto, y posó su otra mano sobre la de

odo va a salir bien

s fuerza, sin llegar a ser molesto. Notando la tibieza de su compañero, Alaxa se sintió más segura, creyendo d

nto, sintió sobre ella unos ojos de rana que la miraron con intensidad. Ánkel, con su torcida sonrisa sumisa esbozada en sus finos labios, había aparecido junto a Eron. La jefa supo entonces que

l momento había parecido ausente, con toda su atención puesta en el espacio ocupado por los de su

en contra de mi voluntad. Se me ha pedido, insistentemente, que acepte una prueba acusatoria que me ha sido señalada para el

incipio permanecía sentada junto a él, haciendo gala de su favorable posici

rez de nuestra jauría. -no se oyó ningún rumor, expectantes en lo que tenía que decir-. Tras un análisis físico a mi hijo Eron, también primogénito de nuestro líder, he descubierto cómo los acusados consiguieron la ventaja necesaria para proclamarse victoriosos. Mi sospecha fue motivada cuando mi hijo se q

las decisiones del líder, mostrándose exageradamente indignados. El discreto silencio de quienes no confiaban demasiado en

ot que se veían incapaces de destapar. Detrás de ellos, las mujeres y los hombres de la lobera se removieron inquietos, y Br

nuar hablando. Los escandalizados espectadores callaron obedientes, haciéndose de nuevo el sile

dicado. Los culpables de semejante crimen utilizaron semillas de adormidera para mante

resión de desconcierto. Dejándose llevar por el impulso, pues no podía soportar la idea

hicimos para ir por delante de nuestros compañeros en la prueba de madurez, fue combinar destreza, inteligencia y fuerza, tal y como nuestro maestro, y jefe de lobera, nos

n que quería de cualquiera de los dos acusados. Si existía alguna duda sobre el proceso que se

el que se ha doblegado la potencia de Eron, supongo que no habrá ningún inconvenie

ones, con la convicción de no encontrar nada que pueda

y al mismo líder de la jauría, la había agotado. Tampoco supo contener las lágrimas, que se derramaron de sus ojos debido a los nervios sufridos. Wando, dolido al ver en tal estado a su compañera, pasó

strar vuestras pertenencias para resolver este caso antes del almuerzo. -Hamer había quedado admirado

que Alaxa había tenido. Miró a su jefe, y le extrañó la cara de lividez que este mostraba.

alegras del resultado

ja como si estuviera viendo un fantasma-. Nuestro campamento está vacío, no hay nadie allí de

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La sonrisa sumisa: la jauría de Alaior
La sonrisa sumisa: la jauría de Alaior
“Todas las loberas de la jauría se han reunido, como cada año, en Alaior. Tras celebrar los juegos de madurez de los lobatos aspirantes, contra todo pronóstico salen vencedores Wando y Alaxa de la lobera de Bredo. Kristey, jefa de su lobera, no está conforme con el resultado, pues de esa forma arrebatan la posibilidad de un futuro liderato de su hijo Eron, cuyo padre es el líder de la jauría de Alaior. Viendo peligrar el futuro de su familia, Kristey conspira contra los dos jóvenes ganadores, Wando y Alaxa, a los que desea ver muertos para que no se interpongan en el camino ascendente de su primogénito. Toni Sicilia, autor de otras tres novelas de reciente publicación en editoriales como Círculo Rojo o Célebre Editorial, comienza una etapa con las nuevas tendencias tecnológicas en Mano Book.”
1 Capítulo 1 Vencedores2 Capítulo 2 Tramando una perdición3 Capítulo 3 Ataque a traición4 Capítulo 4 ¡Acusados!5 Capítulo 5 El juicio de los inocentes6 Capítulo 6 La caída de la luna7 Capítulo 7 Adiós a la lobera8 Capítulo 8 Colmillos largos9 Capítulo 9 La noche teñida de rojo10 Capítulo 10 Ojos en la oscuridad11 Capítulo 11 Tregua12 Capítulo 12 La jauría del valle13 Capítulo 13 Encuentro de aliados14 Capítulo 14 Un oso en la mañana15 Capítulo 15 La felonía de Frankis16 Capítulo 16 ¿Dónde está Alaxa 17 Capítulo 17 Cautiva18 Capítulo 18 El despertar de Sanko19 Capítulo 19 Lucha en el bosque20 Capítulo 20 Confianza fraternal21 Capítulo 21 Mentes perversas22 Capítulo 22 Amistades sospechosas23 Capítulo 23 Mentiras y emboscadas24 Capítulo 24 Precaria situación25 Capítulo 25 Frankis, el traidor26 Capítulo 26 El crimen de Hamer27 Capítulo 27 Tensión entre los jefes28 Capítulo 28 Reencuentros en Alaior29 Capítulo 29 Locura en el valle30 Capítulo 30 Pactos de conveniencia