nas me había alejado unos centímetros, la mano de Samuel atrapó de repente mi nuca. Me jaló de vu
n una pasión que ardía con la misma intensidad. Saboreé sus labios, exigiendo más, mientras mis mano
ndo lo miré a los ojos, su mirada volvió a tornarse gélida e inexpresiva, c
-siseó en
ra de esa manera sin más? Samuel debería hacerse responsable. Sentí otra clase de agitación en mi pecho; deseab
su voz se elevó, dán
qué no hacemos algo más que esto? -lo d
s, muévete! -rugió con una
Su pecho subía y bajaba con fuerza, conteniendo una emoción difícil de descifra
e todo, mi rígido esposo ya había cedido y había correspondido a mi beso. Eso era suficient
*
a un error, él sin duda me castigaba. Y ahora, después de haber
áspero. En lugar de ordenar los libros, preferí sentarme en una esquina. Después de todo, este lugar ya
darme cuenta, me quedé profundamente dormida en el suelo de la biblioteca. Curiosamente, al despertarme esta maña
echo esto? ¿Ha
detrás de su actitud fría y ruda, Samuel ocultaba una faceta tierna muy en el fondo. Me
re, pero no hubo respuesta. Al diablo con sus prohibiciones, volví a irrum
ajo las sábanas. Con un movimiento audaz, me deslicé dentro de la misma cobij
uel de inmediato en cuanto abrió los ojos
e mi esposo -respondí con tot
Ve
Quiero dor
ate, E
su cuerpo. -¿Por qué tendría que irme? Somos esposo y esposa, Samuel.
-pronunció mientras exhalaba un largo s
mejilla, luego pasé a su frente, a su nariz, hasta terminar en sus labi
timiento, volví a amordazar sus labios con total pasión. Exploré cada rincón de su boca hasta qu
cómodamente sobre su cuerpo. Apoyé mi
-le dije con sinceridad. Después de todo, Samuel era el hombre que
es que yo considero este matrimonio como algo real. Tú eres mi esposo, Samuel. Así que, si quieres que cumpla
escender, dispuesta a tocar su zona íntima. Sin embargo, antes de que
mismo! -me echó de inmediato, co
unció con fastidio. -¿Y
ada y volví a acercar mi rostro para robarle un último beso rápido en los labios
e, vayamos mucho más lejos -le dije mientras le guiñaba un ojo coquetamente. Luego,
*
acia la inmensa cocina, el lugar donde los chefs profesionales solían esta
preguntó el chef principal c
nar -respond
reparárselo yo mismo -ofreció con timidez, tal vez temi
mi esposo, no simplemente comer la comida de alguien más. -Qu
déjeme
parar los alimentos con mis propia
enla
el acababa de llegar en su silla de ruedas. -Todos f
Samuel y a mí en un íntimo silencio. Sonreí con satisfacción, sintiendo que
más delicioso -le pregunté mientras comenzaba a ata
ada raro. Todavía aprecio mi
ra mala para nada! Y mucho menos como para matar a alguien. -¡Sé cocinar, que lo sep
s verdad lo que dices -replicó
a cruzó por mi mente. -Si mi comida queda delici
l q
ros rostros quedaron a la misma altura. -Yo... ¡quiero que consumemo
*
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