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uerpo todavía no había tocado la tierra
Hablaban en voz baja por los pasillos laterales, con las manos cruzadas al frente y los ojos medidores. Yo los conocía a todos. Había servido sus bebidas durante años, desde los dieciséis, en
señado a escuchar. Y
e pertenecía. Su piel estaba fría. Tenía setenta años y el rostro surcado como un mapa de cada
ndí, con la voz medida que ha
de él. Creía que me casaría con el heredero de los Serrano y que dejaría atrás la vida de neutral para convertirme en reina de la costa. En lugar de eso, la noche antes de nuestra boda,
tó en fingir pena. Solo esperaba. Esperaba a
ho la noche del asesinato, antes de que llegara la policía, antes de que llegaran los hombres que ahora llenaban la iglesia. Contenía todo. Cada soborno,
o que me ma
la iglesia se a
so en el pasillo central como una cuchilla abriendo tela. Y detrás de ellos, camin
os. Era el hijo menor de la familia Cárdenas, el que supuestamente no heredaría nada. Pero en esos tres años había enterrado a su
ón de un hombre que no negociaba con n
s no se apartaban de mí. "Qué placer verlo. Creí
de la igle
Serrano, con la voz tensa
spondió Adriel. "A los vivo
nadie se movió. Las reglas de la neutralidad se habían roto el día que asesina
pólvora. Me miró como si me viera por primera v
s", dijo. No e
S
me debía
le debía na
sonrisa de un hombre que acababa de encont
no existe. Ernesto está muerto y su hija no puede heredar una operación de transporte sin un esposo que la represente. Usted querí
ciendo?", pre
driel. "Como mi futura esposa. Y si alguien tiene un problema
res segundos. Lueg
mujeres que habían venido a rezar corrieron hacia las puertas laterales. El ataúd d
Fue firme, preciso, y me guio hacia la puerta lat
Marco. "¡Tu padre era un neutral! ¡No tienes pro
se tensó sobre mi brazo, pero
mbres que durante años me habían visto servir bebidas,
a. Cada una. Si alguien vuelve a amenazarme, esas cuentas van a llegar a la fiscalía de la costa antes del
iró. Marco
os, que eran de un verde oscuro y pro
sante",
sia antes de que alg
rta lateral, con el motor en marcha. Adriel abrió la
regunté. "¿Un resc
spondió. "La puerta se
parte contigo sin
o. Tú me das el libro de cuentas, yo te doy la cabeza
quería la cab
reza repentina en la voz, "sabía qu
aba el abrigo. El sobre con el libro de cuen
bes eso?"
esa noche", respondió. "Y alguien le
a le corría por el pelo oscur
"lo vendió. Y tú tienes la lista de
e para llevarme. Fue para abrir
s. Si vienes, hablamos de quién mató a tu padre. Si no v
se cerró. Los neumáticos chir
la mano y un libro de cuentas que podía matarm
había tr
que mi padre me había hecho memorizar desde niña. El de la perso
eces. Gastó
Cárdenas. Adriel te está mintiendo. Tu padre me hizo prometer que no te lo diría, pero hay cosas qu
mada s
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