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Al latido del pecado.

Capítulo 2 La noche sin nombre.

Palabras:1558    |    Actualizado en: 21/10/2026

despu

ía que eso

n juego tan tonto como tener una aventura antes de hacer oficial su compromiso. Pero su promet

magen en una situación que hablaba por sí sola, entendió que aquello no era una broma. Era s

e como una muñeca a la que todos manipulaban. Ese sitio era justamente para tomar decision

tan íntima que dolía. Todo era elegante, desde los pasillos alfombrados hasta las máscaras negras que todos usaban. Aquí, nadie te

a. No bebió, solo cambió su ropa por la... requerida y se cubrió con lo que le ofreció la chica que la a

lo había visto

a la parte superior del rostro y respiró pro

taba loca? ¿Qu

enteraban estaría muerta para ellos antes de

. Pero una mano la sujetó y la alzó para evitar la caída. El perfume masculino le golpeó la nar

rgo de un color oscuro. La máscara hacía juego con su ve

antasm

on ante la altura de ese tipo, la cua

ablaba directo al cuerpo. Sentía que la había escuchado antes, pero una voz tan profun

un con la máscara, sentía que él podía ver a

rteza. Logró estabilizarse para dejar de estar en lo

aún. Es tu primera

a amplia, ni maliciosa. Fue apenas un gesto con los la

ue me quede?

e el corsé se le rompería en el pecho. No era miedo. No era deseo. Era un vért

ás sabiendo demasiado bien p

s se quitaba el abrigo con lentitud y afloja

lato de comida -murmuró, sintien

una sonrisa, ni un gesto de a

enfadado. Tal vez era mejor quitarse esa más

ando veo mis platos de comida -dijo él ent

é piens

vo una r

nimo, y cuando la habitación se cubrió

or que l

ras la otra desabrochaba su camisa. Salomé sintió que to

aba atención y sabía que era una estupidez, pero era l

o est

con un tirón preciso. Los ganchos saltaron. El aire frío le

n violencia, pero con una determinación que no

las pierna

o de sus tobillos. Tener su entrepierna así de descubierta le subió el calor a las mejillas, tenía que ponerle un alto, o pe

ca, antes de besarla con una furia que le robó el a

una invasión ruda, y

lvi

las manos a su abdomen para atarlas con sus bra

ces se

ostuvo por las caderas, la sujetó fuerte, y la de

de soltar sus manos para usarlas en el cabell

udor la cubrió y su voz no la encontró mientras se movía buscando más contacto del

ero lo estaba disfrutand

poso de segur

en eso cuando él se incorporó,

pantalón y él, al sacarlo pa

apenas podía respirar. Se dio la vuelta, visiblem

acercó a e

grave, deteniéndose a centímetros de su boc

e logró fue soltar un suspiro entrecortado cuando él la

Pue

labras cuando tiró de su b

vio, como si fuera otra. El corsé entreabierto, el cabello algo revuelt

ntras la despojaba del corsé por com

uiente beso, aún cuando sus m

palabra recogió sus cosas y se marchó. Ella solo sent

caminó rápido para tomar la llave de la puerta

o y sabía a qu

gó su nariz en él y el aroma que despren

a esquina bordadas con hilo gr

que llegó de paseo a la ciudad. Tal vez era de

mo una forma de recordarse que, por una vez en su vida,

mo seguramente debió haberlo. Ahora prefería quedarse

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Al latido del pecado.
Al latido del pecado.
“Salomé Fierro creyó, alguna vez, que confesar sus sentimientos por un hombre como Johan Crown era una buena idea. Alguna vez... porque su rechazo no solo destruyó lo que sentía, sino que lo hizo con una frialdad tan brutal, que parecía querer ser recordado solo por la forma en que despedazaba emociones. Años después, Salomé es la prometida de uno de los candidatos presidenciales más ambiciosos del país. Sabe jugar el juego político. Sabe sonreír cuando toca. Sabe callar cuando conviene. Hasta que, en el primer debate entre los tres aspirantes a la presidencia... lo ve. Johan Crown. Más maduro. Más imponente. Más temible. Y sin embargo, más seductor que nunca. Con un aura arrolladora que envuelve su impecable cortesía y una mirada que la reconoce de inmediato: ya no es aquella chiquilla de universidad... ahora es una mujer imposible de ignorar. La tensión entre ambos no solo estalla. Se arrastra como un gas invisible, envolviéndolos, encendiéndolos. No hay lugar para ese tipo de relación. No ahora. No entre ellos. No en medio de una campaña presidencial. Los límites están claros, las consecuencias también. Pero... ¿Podrán respetarlos?”