Í
stuviera tan jod**ida no lo habría tomado. Lo tenía escondido en el casco y ahora lo devoraba como si fuera caviar. Sentada en una jar
dólares con ve
scendió al
a hasta cuándo volvería a comer. Era probable que haría entregas de madrugada
que trabajar para eso, por lo que necesitaba mi moto con gasolina. Y mis sueños necesitaban un maldito milagro, y ese m
a repartiendo comida y siendo lo más amable posible para sacar propinas. Espera
en una agencia de talentos para poder hacer trabajos parciales. Mi mamá me había obligado a tomar clases de can
V. Afortunadamente, le encontré un u
a y no va a poder presentarse en S
sí! -¡Mi maldito mil
í a las siete. Te mando los datos po
plente de Durga, y era un al
ponerme el casco cuando algo me detuvo. Una presencia detrás de mí c
s lo que
e Dalton Keeland. Su ceño fruncido, las manos en los bolsillos y la mirada clavada en mí. Debo decir que no er
hacer am
ndo? -Pregunté fr
instante, desafiándolo, y limpiándome las migas de la boca con la mano. No tenía nada que esconder. Ya no. Era solo una muchacha común y corriente trabajand
ndo noté los errores de programación, que, est
r Keela
ar hamburguesas y resolver al
é clase de pr
O sea, si me estaba muriendo de hambre, había asaltado su junta directiva para robarme dos bocadillos, y curi
ro confi
ue me llegara su aroma que gritaba perfume carísimo de Par
-Pregunté, alza
Era ese tono maldito que podría convertir una frase inocente en una proposición indecente. Al
o las sostuvo. Era tan guapo que hasta los ojos dolían con esa mirada fría y grisácea, ese cabello negr
pedido que entregar -. Mentí. Me di la vuelta antes de que pudiera
LT
rataba de venir con amigos o relajarme un rato. Sin embargo, había sido
lograban subir los ánimos, pero acepté venir porque eran clientes importantes. Y porque un
to nivel
cias a una repartidora con cerebro de genio y hambre real, mi cabeza seguía a mil por hora. Tenía que saber
tarde, y sabía que traía algo entre manos porqu
onía de
que se cruzara en el camino, pero ahí estaba, sentado en una mesa VIP, rodeado
tó uno de ellos-. Trajeron a una chica nueva. Dice
la música empezó. Lo primero que noté, fue escuchar la voz
r con un vestido dorado ceñido al cuerpo, labios rojos
alidad. Ella era arte en todo lo que estaba haciendo, con es
a forma en la que alzaba la pierna, deslizaba los dedos por su cuello, movía la cadera al ritmo del contrabajo... Era perfección viole
r de ella, al m
da la sala se pusiera de pie, ovacionándola por el excelente trabajo que había hecho. Un rugido de aplaus
la sensación de verla en alguna parte. Ella había salido ya, envuelta en una bata corta de satén
brazo. Ella se detuvo y sus ojos se encontraron con los míos. Solo
era ell
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