juntas, mirando fijamente a Alexander y luego a
ardaespaldas-. Esta es mi empresa, señor Thorne, no una zona de operac
ara. Sin embargo, en lugar de molestarse, una chispita de diversión brilló en sus ojos oscuros. Le hizo una seña con la cabeza
cia llenó el espacio al instante. Hacía que la mesa de cristal y las sill
s él se sentaba del otro. Pero Alexander no se sentó. Se caminó despacio rodeando la mesa, observando los ventanal
arla de frente-. Cualquier tipo con un mínimo de entrenamiento podrí
pación -respondió Elena, cruzándose de brazos-. Pero no lo contraté para una auditor
de la mesa. Se acercó a la silla principal -la que solía ocupar Elena- y a
treo de activos es brillante. Quiero la exclusividad total. Thorne Global financiará el cie
aba demasiado fácil, demas
e las acciones? -preguntó ella
de punta. No era una sonrisa amable; era la sonris
n directa de mi empresa. Tú te mantendrás como directora creativa y de desarrollo, con un sueldo que duplica lo que ganaría
en las venas. La indignación borró de
n dormir y hasta el último centavo de mis ahorros desarrollar este proyecto. No se lo voy a vender a usted ni a n
ada-. Sin capital te vas a la quiebra en tres meses. Los bancos no te van a prestar y las agencias pequeñas no tiene
plicó ella, mirándolo directo a los ojos-. Y si eso e
y acortó la distancia entre los dos. Elena intentó no dar un paso atrás para no demostrar debilidad, pero la cercanía de este h
de la mesa cerca de donde ella estaba apoyada. Su mirada bajó hacia lo
rsonal, casi posesivo-. Crees que esto es solo un contrato sobre papel. Pero no me gusta ver lo que
; era algo mucho más primario, una especie de instinto territorial absurdo, como si el simple hech
ndo que el aire en la habitación se volvía espeso-. Mi vida y mi
a dejar que Vance le ponga las manos encima a tu proyecto. Ni a ti. Si intentas firmar con
tá amen
e la tensión entre ellos quedó flotando en el aire como electricidad-. Piensa en
a sala de juntas y salió a la recepción. Sus dos guardaespaldas lo sigu
a. Le temblaban ligeramente los dedos. La actitud de Alexander la había dejado completamente confundida. Aquello no era una
de pasar, la puerta de la oficina se abrió
loj de pared-. Faltan quince minutos para las tres. El se
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