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Mi Jefe, el Padre de mi Bebé

Capítulo 7 Cena en la Mansión Llena de Mentiras

Palabras:1652    |    Actualizado en: 28/09/2026

focante, envolviendo mi cuerpo como

eando, pero no necesitaba verme a mí

mi

od

ba. Nada ayudaba. Mi polla ya estaba dura, dolorida, temblando con la misma puta nec

ustada. El pelo recogido. Lab

ta sec

tuve un polvo de una noche.

ah

esos tacones, inclinándose sobre mi escritorio con esa sonrisa dulce y fal

un tirón contra mi agarre, gruesa y goteando. El precum ya se acumulaba en la

dora", murmuré, b

arme por la gruesa vena de la parte inferior. Mis huevos se tensar

mpletament

os labios rojos entreabiertos, esa mirada malvada en

eñ

ios me

n ella, le encantaba. La saliva le caía por la barbilla, los ojo

más rápido. El sonido de piel contra piel resona

to. La necesitaba an ella. Aunq

me más rápido, las caderas follando ahora mi mano. Mi polla estaba dura como u

critorio, las bragas alrededor de u

uñí entre dientes, mast

ma del hombro, los labios hinch

or Steele... nec

put

a dulce

a perd

recho y mojado, chupándome tan profundo que

bombeando más rápido, más desordenado ahora. Mis m

la visión borrosa. "Toma

vos se s

ó como una tormenta d

golp

e qu

uño, disparando contra la pared de la ducha. Mi cuerpo se sacudía con cada ola, la polla

Joder.

plana en la pared para sostenerme. El agua me bañaba, arras

e el chorro más duro que había ten

a no sa

e había

sin recordar lo

que gritaba

a a mi alrededor

lo p

rente a mi escritorio. Actuando como si n

era corriendo pensando e

esitaba sabe

si lo

más cercana y le recordaría quién

sta

para

ante al ritmo que había anhelado de

ese mald

persona que me importaba. Debería haberla empujado más rápido, debería hab

a que era, lo dulce que olía cuando enterraba la cara en su c

piración entrecortada,

o un resorte al máximo. El calor explotó a través de mí de golpe, mi corrida d

ía apoyado contra la pared como si el orgasmo me hubiera quitad

a cayendo. El

jos que me veían al trasluz. ¿El sexo? Sí, era alucinante. Pero el verdadero dolor

agarrando una toalla. Me froté la cara con ella, sin molestarm

nic", le dije a mi reflejo. "

no era solo

*la*

j de plata se deslizó suavemente. Odiaba los trajes, pero el padre de Sabrina era dinero

encima, afilada y fría como la

ión de mi condena. Rechacé la llamada. No necesitaba un discurso motivador. Necesit

o frente a la finca Rodríg

o al menos una intoxic

a gritando dinero y mal gusto. Arañas de cristal lo bastante grandes como para aplastar a un hombre, pape

ebotando, toda seda rosa y perfume de más. Me

arde! A papá le odi

uen prometido que

o hagamos es

se rio

ra, sus ojos afilados y críticos como siempre. Su mujer no dijo una pal

iejo. "¿Cuándo empeza

sonrisa p

señor. M

me sobresalté. Miré mi plato, fingiendo no nota

e tenía que fingir interesarme por la historia de Sabrina sobre s

ancés raro que parecía tetas desinfladas, m

ono. Abrí el co

cri

. Más de lo que de

mi

o bo

nte me odiaba ahora. Y si yo

sillo justo cuando Sabrina sa

s bien,

una vez más, me tirab

con una sonrisa ten

odeó con l

podríamos ir a Milán. Vi un abrigo de Gucci que me enca

después de que reserve mi

illó el sarcasm

illo en su lugar.

. Antes de que esta farsa

.. encontrar el modo

ojé la corbata y me recliné. E

bajo mis manos. La forma en que decía mi nombre como si fuera una oración. La

amor con Sabrina en una

orazón...

a una mujer a la que

itaba

ráp

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Mi Jefe, el Padre de mi Bebé
Mi Jefe, el Padre de mi Bebé
“Las rosas son rojas, el tequila pega fuerte y bailé como si la noche me perteneciera. ¿Y ahora? Todo es un maldito desastre. Emily Hart acaba de conseguir el trabajo de sus sueños, ser la secretaria personal del increíblemente rico y peligrosamente atractivo CEO de Steele Empire. Así que, naturalmente, hizo lo que cualquier chica con una jugosa oferta de trabajo y un vestido espectacular haría: se fue de fiesta, bailó como una auténtica provocadora y se tomó tantos tragos que la realidad empezó a desvanecerse mientras el placer tomaba el control. Y entonces apareció él. Dominic Steele. Un multimillonario. Un jefe despiadado en la sala de juntas. Indomable en la intimidad. La vio. Sus caderas moviéndose, sus labios curvados en una sonrisa provocadora, su vestido negro pegándose a su cuerpo como una segunda piel. No le preguntó su nombre. Simplemente la tomó. Una noche. Una noche desenfrenada, sin aliento y llena de deseo. Sin promesas. Sin nombres. Solo pasión, calor y gemidos que resonaron hasta pasada la medianoche. Hasta que llegó el lunes por la mañana. Ahora, el hombre que consiguió hacerla suplicar sin necesidad de palabras está de pie detrás de un escritorio de cristal, vestido con un traje perfectamente ajustado... Y ella es la nueva secretaria que no puede mirarlo a los ojos sin recordar cómo consiguió hacerla gritar. Ella piensa que es un arrogante de mierda. Él piensa que ella es la clase de caos más dulce que existe. Pero cuando un retraso menstrual inesperado entra en escena, ya no se trata solamente de negocios. Ahora es "Papá, por favor", con una buena dosis de tensión, tentación y problemas de por medio.”