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policía hizo preguntas pero tuvieron que buscar a un traductor. Fue entonces cuando recordé que mi cám
o en esa horrorosa mesa de metal, identificando su cuerpo como si no hubiera presenciado
po si tengo algún lugar a donde ir. Le respondo que me quedo en la mansión de Lev
a a la sala y pide hablar a solas diciendo que
errible lo que ha vivido -expresa así que le doy un asentimiento. Él se aclara la garganta mientras se sient
eja sorp
no estaba enfe
a a mi garganta. Lev solo tenía cincuen
to, el señor Stanislav dejó algo muy en claro en caso de que al
mpacto. No puedo creer
o... ¿P-
bros, luego parece entend
toy demasiado sorprendida para hablar-. Sus dos autos, sus dos mansiones, su galería, sus alianzas y todo lo que hay en sus cuentas ba
ombres vestidos de negro, parecidos a los motociclistas. Me levanto, ansiosa, pero el
de paz saber que t
, abogado.
al gobierno, no querrá regalarles todo su trabajo
l es lo suficientemente amable para ayudarme en lo que prosigue tras la muerte de Lev, e inclus
o puedo creer que todo esté pasando tan rápido. No dejo de llorar, me siento muy déb
uiero ir a la mansión en la ciudad o a la otra, pero no quiero ir al lugar donde se su
entramos en una carretera aislada y desierta. Por un momento pienso que algo malo pasará, que es una trampa, pe
sta que nos detenemos en una con un aspecto gótic
Doy un brinco del susto y voy con el abogado del otro lado solo para darme cuenta que
ornudar, y aunque el abogado me pide que avan
algo mayor, de cabello negro con reflejos blancos, vestido de blanco, con
on sus hombres, y al darme una mirada, me acelera la respiración
la mansión, mi cabeza repite la imagen de ese hombre como si acabara
nada con el señor Orlov
ue hasta su apell
? ¿Quié
a de mala gana, lo
n como él, es... Dios mío no puedo creer que esté pensando en
sión. Se siente fría, sola, pero tiene cosas que s
ne que...? No teng
está en la pared justo a mitad de la sala, y
er que me quería como yo a él, me hace pensar. Siempre he seguido todos los consejos de Lev, y creo que
mar, señor
nde hay un hermoso ventanal que da hacia las afueras de la mansión. Estoy leyendo el documen
bogado, tiene las manos metidas en sus bolsillos mientras me ve fijamente, y ni siquier
qué se supone que voy a hacer ahor
nso que tal vez esta mansión no fue lo único que heredé. Tal vez es una
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