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ay una regla para las lobas soltera y
arearse ni mucho menos quedar e
a habí
i no con tres
ta-muda de sangre ilegítima,
llevas dentro!? -mi madrastra me dio una bofetada en la c
moretón horrible. Apreté los dientes, pero me negué a hablar
nombre por el barro? -mi padre siseo, ni siquiera se detuvo, su mano me acarició la otra meji
a sonó fuerte. Era mayor que yo, pero nunca intentó guiarme ni tratarm
me dolió fue q
quién era
es mese
a los huesos, extendiéndose caliente e implacable hasta que sentí que mi piel ardía. Recuerdo tropezar por los pasillos de la manada, con el sudor empapando mi camisón, con un ha
taba al final del ala este, el único lugar al que nunca iba, eran los próximo gobernantes del Nor
polilla a la llama. O quizás la Diosa de la Lun
adió su cuerpo, mi espalda
mano se estiró para taparme la boca. Por instinto comenc
miradas lascivas escanearo
ucé la habitación sin poder contenerme, con las manos sobre
redestinado. Innegable. Todos fuimos incapaces de detenerlo. Cuando me penetró
as veces hasta que
manta y desnuda debajo. Me incorporé rápidam
. Como tarta-muda de sangre
ó cuando un guardi
.
es días. Nos va a matar. Diosa, ¿por qué no se murió con la zorra de su madre? -se que
reocupaba era todo el oro que le pagaría ese v
daces aún me dolían. Ya debería haberme acostumbrado, per
una. ¿Por qué no me mató junto a mi madre? De todas formas,
ro -declaró mi padre apuntando mi vientre con su dedo índice. Lo
perro ante el peligro, inconscientemente, me ro
artar la mirada de mí, llena de advertencia-. Y ni una palabra de e
na daga en
ez en mi vida, me defendí. Tenía algo por lo que valía
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