pasado la noche en el granero, incapaz de conciliar el sueño, repasando una y otra vez lo que d
familia, uno de los pocos que quedaban desde que la
lla, no como pregunta
uien más, Damek podría interp
eta a ti solo com
ontar. -Entonces al menos solo habré arriesgado mi
o a sacrificarse solo, sin consultar a nadie, como si su vida valiera menos que las de los demás. Era exac
o -dijo ell
ande
te diez años liderando de facto una manada sin líder oficial-. Si vas a negociar con Damek, nec
que perder. Ti
ciación salga bien. -Se acercó, tomando las riendas del seg
o más profundo del que ninguno de los dos se atrevió a reconocer en voz
de ambas manadas, el silencio entre ellos roto solo por el sonido de los ca
eguntó Armande fi
frente-. Lo conocí hace quince años, en una reunión de manadas del norte. Inc
ere anexar nues
Creo que quiere convertirse en el alfa supremo de toda la región, y
e ver con el frío de la mañana. -Entonces esto no
de que habían salido-. Esto podría ser s
po de lobos, ya transformados a pesar de que la luna llena aún estaba lejos -una
os de un gris casi metálico, se adelantó, todavía en su forma humana, aunque el resto de su g
seguido de cerca por Arm
alcanzaba sus ojos-. Aunque me sorprende que sea precisamente el alfa de
adine se tensaba a su lado, aunq
calma-. Vine a asegurarme de que mi familia y mi antigua manada
n embargo, aquí estás, interponié
voz firme a pesar de la tensión que sentía-. No hay ninguna disputa legítima que resol
la famosa Armande. La loba que mantuvo unida a una manad
mek. Necesito que retires tus
n hombre, pero todos sabemos que no tiene lo necesario para liderar una guerra. Y tú, Fadine, ¿d
voz alta. Fadine sabía que Damek tenía razón, al menos en parte. Su autoridad como alfa se había desvanec
dispuestos a defender lo que es suyo. Y te aseguro, Damek, que una manada
lmente, se encogió de hombros. -Tienes hasta la próxima luna llena para demostrarlo. Des
n la luna llena -respon
mente sobre ambos. Armande observó a Fadine de reojo, notando la tensión en sus homb
mente, rompiendo el silencio-. La manada
Armande-. No como el alfa que fuiste, sino como el hombre que ere
implicidad y la sabiduría de sus pal
el título de hacerlo -respondió ella con una sonrisa
z, cabalgando de vuelta hacia casa bajo el sol de la tarde, ambos sintieron que quizás, solo quizás, había una manera d
/0/25910/coverbig.jpg?v=95d96d2f046b1f66f659ad89648359c7&imageMogr2/format/webp)