instante, apenas un segundo, olvidó todo. Luego la memoria de la noche anterior regresó co
n momento, respirando lenta
Flora. Sonreiría, prepararía el desayuno, iría a la fábrica como cualquier otro día. Su furia, su decep
a la mesa, revisando su teléfono con el ceño f
rviéndose zumo de naranja con u
do. -Buenos días. Perdona lo de anoche,
a asintió, untando mantequilla en una tostada con una precisión casi quirúrgica,
eguntó, y se sorprendió a sí mis
tamos cerrando la fusión con e
cuatro horas antes, no le habría llamado la atención. Ahora cada sílaba le sonaba distinta, ca
plemente, y se levantó para
meses escuchando esa frase en boca de Samuel, pero nunca le había prestado verdadera atención-había estado demasiado ocupada intentando salvar su matrimoni
as oficinas centrales de Delvaux Industries, no a
on dos teléfonos sonando a la vez. Beatriz Lozano llevaba el pelo recogido en un moño s
o uno de los teléfonos-. No te espera
ablar conti
izo que Beatriz cerrara la pu
ué
primera vez desde la noche anterior, sintió que la máscara
amuel y a Gracia. E
talina lo captó: no fue sorpresa. Fue algo parecido al a
alin
lo s
illos. Que Gracia pasa demasiado tiempo con Samuel, que hay reuniones que no aparecen en ninguna agen
nda ante la idea de que aquello llevara circulando por la empresa el tiempo sufici
escándalo -dijo fina
vas a
ayudes con algo
lante, apoyando los codos en
co. Quién la propuso, quién se beneficia, y sobre todo, qué papel exacto juega
el rostro de Beatriz. -Crees q
cticamente al mando de la operación más grande que ha tenido este grupo en una déc
dos sobre la mesa. -Puedo revisar algunos documentos sin le
Qu
te. Si Gracia realmente está tejiendo algo dentro de la empresa, y Samuel es
ría y decidida que Beatriz no
tengo ninguna prisa. Voy a tom
uelta atrás. Ya no era solo la esposa herida que descubre una infidelidad. Era una mujer que empezaba, pieza por p
ontró un mensaje de texto de Samuel: *"Cena de
le mostró un nuevo dibujo, esta vez solo de las dos, m
con curiosidad genuina, seña
idad brutal que solo tienen los niños. -Pap
as palabras, dichas sin malicia alguna, confirmaban todo l
gador privado que una antigua compañera de universidad le había recomendado años atrás, en broma, du
l número.
lo gu
inua
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