Priscila observaba a Santiago co
tó con suavidad-. Míralo bien, Santiago tiene mis ojos y Laura... -s
raron a recuerdos que creía enterrados. La Priscila de antes,
ró finalmente
steza. -Qué lástima que no haya quedado nad
os obligaron a desprenderse d
ció ligeram
e nuevo -dijo-. Aú
vista, con una
surró-. ¿Recuerdas cuando estaba embarazada? Te esforzabas tant
una leve risa, atrap
vuelva a coc
un momento al baño. -Sin embargo, apenas avanzó, su pi
la sostuvo al inst
débil. -Solo un poco mareada -dijo en v
miró con p
erías quedarte.
mente-. Tienes una cena, ¿no? No
ó.-Puedo c
. Ve tranquilo. Yo me quedo con Santiago
es de ceder. -Está
o
a a Laura con cuidado. -Tengo una cena con
habitación con Laura. Apenas la puerta se
e te quedes. Mi
labios, pero no re
e de que estés bien -d
tiago hablara, I
-dijo su
los ojos, evit
de separarse. Mientras tanto, el teléfono
da. -Si tiene cosas q
bella era su madre. Priscila levantó
spondió-. Es tu papá,
quiso mirar, pero alcanzó a ver lo suficiente, mensajes c
iscila bajó la mirada,
cosas, ya sabes cómo es. -Se levantó con cuidado-. Voy a buscar
. -No te preocupes por nos
lián y Priscila, que habían dicho que regresarían ense
gundos para luego la bloquearla. No hacía falta buscar más respuestas. Lo que habí
adrastra siempre será una madrastra". Isabella soltó una leve exhalación. No e
sencia fuera lo único que necesitaba para sentirse segura. Ese pequeño gesto le apretó el pecho más que cualquier otra cosa. Por
su expresión había cambiado. El cansancio seguí
go se removió y la miró. -Mamá
der: -Sí, ya es suficiente por hoy. Voy a arreglar la sal
spondieron ambos c
ían ahí. El hospital le parecía demasiado grande en ese momento, lleno de pasillos idénticos y gen
ijo con calma: -¿Podría echarles un vista
mit
a asintió s
asos, sin distracciones, como siempre. Cua
. -Muchas gracias por cu
amabilidad. -No se preocu
cho -respondió Isabella ante
l hospital. Isabella siguió con la mirada las luces que c
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