guiente, me pr
ajo su dirección, y fue él quien me ll
y preparar la sala de confere
sa larga de madera oscura cruzaba el centro, decorada con plantas perfectamente
aría para presentarme al resto del equipo. Todos parecían tan serios... nadie hab
mañana, sonó el t
ncia a l
spondí, enderezá
oyector, los asientos. A las diez menos cinco, todo
s saludé uno por uno y abrí la puerta para que ent
illo. Traje negro, hombros anchos, expresión seria
detuvo. Era Al
sobre mí y sentí que el aire se espesaba. Mis manos tembl
mí. Me quedé inmóvil, mirando cómo pasaba a mi lado. Un leve olor a s
-me dij
permanecer de pie dentro de la sala dura
junto al proyector, inten
der se sentó en el extremo, con una elegancia intimidante. Cruzó una pierna sobre la otr
stura era
a era absoluto. Todos
aba de respirar
lado de Alexander cuand
ncargarme de los detalles técnicos. Sin embargo
nder
ás poderoso
ido confundirlo
identificar a un buen hombre
. Cuando terminó, tomé el contr
ra que los directivos salieran. Uno a uno fueron march
me dedicó una breve sonr
edaba A
, con los codos apoyados sobre
tí cómo mi corazón empezaba a golpea
raba así? ¿Qué
ces h
puerta...
ave... seductora y al m
puerta con cuidado y avancé h
ñor Brook? -pregunté, inten
levantó lentame
dido, habría retrocedido, pero mi
lexander rodearon mi c
, completame
obre la mesa de conferencias. No tuve tiempo de pensar, ni de moverme. Alexander presionó su cue
con nerv
aciendo? -pregunté, trata
na sonrisa pelig
ella mujer y sus preguntas tontas, y ahora trabajas aquí -dijo al fin, c
ó en blanco. La
! -logré deci
o, pero no tenía nada que ver con que yo lo busc
, ahora? -murmuró, como si ya h
sin en
..? No sé de qu
rza y se inclinó sobre mí.
¡Esto es una sala de conferenc
entrar en cualquier momento. Si alguien abría l
billa entre sus dedos. Estaban fríos y su agarr
ue te arranque la ropa y
miré con los ojos muy abiertos. No
ok... debe estar confundiéndome con otra persona -dije en voz al
uedó al descubierto, junto con mi clavícula. Sentí el aire frío sobre mi p
upe que había recordado. Esa noche.
-dije rápido, agarrando
las suyas... y en otra situación, eso habrí
s adultos, fue mutuo. ¿Podemos.
¡Incluso dejaste dinero allí!
edo subir por mi cuerpo. No pod
ntendido... -logré deci
amente. Y lo peor... yo había dejado diner
e a mí... el hombre
atado como si fu
ves el dinero entonces
bía que Alexander no debía enojarse. Instintivamente, me
destruiré -dijo con voz baja, per
se puso de pie y salió de
e conferencias, y esa advertencia destr
. Si llegaba a descubrir que tengo tre
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