na mezcla de miedo y pánico mientras la ca
-grito, intentando con todas su
maño. Había pasado años entrenando para pelear, sin mencionar las dos
a contra mí. En cuanto se giró para mirarme, abrió m
ó del tratado; solo es una niña que no sabe nada. La
o he
rdó mucho en u
de la que Theo no podía
arla y la traición empezó a remo
nzó, sacándome de
irtió en rabia, amenazando con estallar de mí como un volcán, destruyendo todo a su paso. Mientras la miraba, repasé mentalme
obtenido de una fuente hacía un tiempo. Había estado fuera del
, disgustado conmigo mismo por las cosas que había imaginado
ños -susurró a la defensiva,
Sáquenla de mi ciudad, y si descubro que alguno de ustedes ha vuelto a
e -respondió Meathead, agarrand
ando de pensar en cómo carajo iba a explicarle a Theo que la mujer
ha
ntencia de muerte, burlándos
eso es lo
ado- durante los últimos años, pero mi suerte finalmente se
e había mentido. Un hombre que apenas
La familia Wolfe había sido nuestra enemiga acérrima desde mucho antes de que yo naciera. Si
ara una reunión. Debí haber sabido que algo grave iba a pasar. Papá nunca me i
a de su primo, iban de camino a negociar un acuerdo. Todo mi cuerpo se quedó inmóvil como una estatua al mencion
os de personas mientras él me reclamaba para que todos me vieran. Logré recomponerme lo suficiente para ser cortés c
por mariposas dormidas que revolotearon salvajemente en lo profundo de mi vientre, solo para morir al ins
trolando mis rasgos y haciendo mi mejor e
uestra mesa, no pude evitar mirarlo furtivamente por debajo de mis pestañas. Me cortaba la res
os, su cuerpo se había vuelto más definido, con músculos más definidos, y las suaves l
ro claro, Teolo llevaba el pelo más largo. Sentado en nuestra mesa en la reunión
zón por la que parecía tan cansado se hizo evidente cuanto más explicaba Riley su historia, y a pe
de Kai, se llevaban solo unos meses. No solo eran primos, sino inseparables. Cuando supe que Theo Wolfe había sido
quella fatídica noche, hasta que caí en cuenta de que papá le habí
ivocada
rlo nunca más, papá le pro
Teodoro, pero papá no me hacía caso. El trato estaba cerrado,
trás. Se estaba ahogando bajo el peso de sus nuevas responsabilidades como seg
mirando fijamente un vestido de novia que hab
mpedir la boda; después de todo, ella y papá habían tenido un matrimonio concertado, pero
para idear un plan para escapar de esta vida. No es que hubiera encontrad
urrían todos lo
casa. Necesitaba escapar de esta vida de miseria por última vez antes de que mi pe
personal, Gus, para decirle a dónde quería ir, seguido de un mensaje de texto a
ués de cumplir dieciocho años. Fue la única vez que intenté decirle a papá que q
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