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Luna preciada del Rey Licántropo

Capítulo 4 CORAZÓN Y CORONA

Palabras:1795    |    Actualizado en: Hoy, a las 10:41

vista d

a cara, gemí con cansanc

o", replicó ella c

hace cinco años y aún no tienes una reina a tu lado. ¡Es

exhalé c

ara un baile de apareamiento. Una farsa ridícula. En ese evento, todas las licántropas elegibles, lobas o cualquier otra cri

ía que aún no haya encontrado a mi parej

rígida, pero

ompañera", declaré, con

día, nuestros caminos se cruzarán inevitablemente. Y cuando llegue ese día, no e

in su compañera. Tienes que empezar a aceptar la posibilidad de que algo le haya ocurrido. Puede que esté muerta, o peor. Debes anteponer el reino, hijo. Tu gente neces

su agotamiento y tristeza. Pero el peso de

i madre dio un paso atrás instintivamente, sinti

tó bajo la superficie, enloquecida. La sola idea de llevar a otra mujer, alguien que no fuera mía, a mi cama y atarl

a una traición a todo aquell

como solía ocurrir... La elegida tendría que matar a mi pareja para conserv

¿alguna vez pensaste en quién habrías sido o dónde

vac

i. Comprendo perfectamente tu dolor, y me entristece cada día que pasa verte salir del palacio en busca de tu compañera, viajand

u costado antes de

eber. Este reino necesita a su Luna Suprema. No es solo tradición, hijo. Es es

guerra en mi interior se intensificaba. Al final todo se r

pasearme inquieto sobre el suelo de piedra de mi habitación privada. Era una bestia enjaulada entre dos opciones imposibles: el corazón y la corona. La frustración me arañó por dentro hasta qu

bía que mi madre tenía razón. Tenía un reino que gobernar. Un reino que necesitaba una Luna, una reina

como quieras, madre. Organiza el

gría, como si acabara de ganar una batalla, pe

sta semana. Si para entonces aún no la he encontra

o la has encontrado en cinco año

nsidad que habría qu

que quiero", reiteré. "Y es la única forma e

o. De verdad te

; sus pasos resonaron por el pasillo

el peso de sus palabras aún presio

ntanales que enmarcaban la puesta de sol. La luz dorada s

ico heredero al trono de Khragnir. Un depredador alfa. La b

margura, porque incluso con todo mi poder, riqueza e infl

o de pura sangre. Los licántropos, a diferencia de los hombres lobo, estaban destinados a estar con una sola persona. El equilibrio del mundo dependía de ese emparejamiento. Yi

ros, etc. Ellos tenían opciones. Podían enamorarse de cualquiera, de cualquier

de alguien que no era yo? La idea me revolvió el estómago, y el agarr

la necesidad de poseerla me consumiría. Ya podía sentirlo, acechando bajo la s

cho. Y la reclamaría

pensamiento de mi mente. No podía permitirme pensar así. No la

ella nunca apareciera, que yo estuviera solo para siem

, libré batallas, navegué por la política y, aun así, no había ni rastro de ella. Sin embargo,

rábamos... tendría que seguir ad

ncipal ejecutor. Era más que un ejecutor: era mi mano derecha, mi hombre de mayor confianza y segundo

antas veces antes de qu

za Real"

ciudad. Asegúrate de ser lo más discreto posible. No quiero arm

rán cumplidas,

ndo un sencillo par de pantalones deportivos y una sudadera con capucha del fondo de mi armario. Hoy no necesitaba atuendo real. Tomé un par de gafas de sol oscuras y saqué una mascarilla

a. Sus ojos nunca se apartaron de los míos mientras abría la puerta del auto. Sin decir palabra, me deslicé dentr

en su asiento y encendió el motor con facilidad. El suave zumbi

n particular a la que

beza en el fresco cuero. No había estado

re manos. "Solo quiero echar un vistazo, ver cómo está todo ahora, hacerme una idea de lo que hace mi gente... y

mirada se desviaba brevemente hacia mí por el espejo retrovi

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Luna preciada del Rey Licántropo
Luna preciada del Rey Licántropo
“Narine nunca esperó sobrevivir, no después de todo lo que le habían hecho al cuerpo, a la mente y al alma. Pero el destino tuvo otros planes. Cuando el Alfa Supremo Sargis, el rey más temido de los hombres lobo, la rescató al borde de la muerte, Narine quedó bajo la protección de un hombre al que apenas conocía... y atada a un vínculo que no comprendía. Despiadado, ambicioso y leal al sagrado vínculo de pareja, Sargis había pasado años buscando a la compañera que el destino le había prometido. Nunca imaginó que la encontraría rota, aterrada y perdida en su dolor. No quiso enamorarse de ella, pero lo hizo, rápida y profundamente. Estuvo dispuesto a quemar el mundo antes de permitir que alguien volviera a hacerle daño. Lo que empezó en silencio entre dos almas heridas se convirtió poco a poco en algo íntimo y real. Pero nunca fue fácil curarse. Mientras la Corte murmuraba, el pasado los perseguía y el futuro de ambos pendía de un hilo, su vínculo fue puesto a prueba una y otra vez. Narine tuvo que decidir si seguiría huyendo para sobrevivir o si lucharía, por fin, como la reina que siempre estuvo destinada a ser. Una historia para quienes creen que incluso un alma destrozada por el dolor puede recuperarse, luchar por sí misma y encontrar la redención sin dejar de amar.”