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silencio, gritando por dentro para que alguien, quienquiera que sea, te escuche. Y en mi mundo, lo único que m
na parte. Ni a esta manada, y mucho men
ejó su muerte, dejándome huérfana antes de que pudiera tener un recuerdo. O eso me dijeron. Por eso so
Vargos. Durante un tiempo, un dulce y cruel tiempo, me trataron como si fuera su
cunaban se volvieron fríos. Los ojos que antes me buscaban entr
a comida, calor y amor. Aprendí a valerme por mí misma, rebuscando sobras en la nevera y
un cuarto y tiraron mis cosas a la bodega como si yo no fu
inviernos me congelaban hasta los huesos. Dormía sobre un mo
pudrió en algo más triste. No puedes perder lo que nunca fue realmente tuyo. Y a medida
aho
decimoctavo
ro hoy era diferente. Esta noche, bajo la luz de la luna, mi ge
me a la casa de la manada, encontrar trabajo en el pueblo humano vecino
en mis labios. Llevaba toda la
só las paredes de mi cuarto. "¡Son las cinc
hondo. Solo aguanta, Nari
í. Allí estaba ella, apoyada en la barandilla com
aba si yo tenía razón o no. La disculp
do de nuestra bondad todos estos años. Lo menos que
ué más podía hacer?
é mi
Empezaré con las ta
era sería suficiente. Par
mis nudillos se pusieron blancos. Resp
n cada movimiento. Ama era una mujer guapa, sin duda. Tenía un rostro en forma de corazón y llamativ
nal del pasillo. Toqué suavemente, sabiendo que no debía despertarlo de forma brusc
se abrió. Levon estaba allí
emprano, ¿qué q
Solo vine a recog
mis brazos y me cerró la puerta en la cara. Apreté los dientes. Solo habían pasado seis días desde l
ía de nuevo y sentí que algo grueso me golpeó en la parte de atrás de la c
caleras abajo. Ama estaba ahora bebiendo su café de la mañana
dora est
helada.
de la casa de la manada, puede arreglarla... más tarde. Mi
a vida imposible. No dije nada, mordiéndome el interior de la mejilla con tanta fuerza que sentí el
re de superioridad. La maldije en mi mente y volví
guar la caída. Solté un suspiro de alivio, pero eso duró poco, ya que escuché un estruendo cerca
creo que es", escuché la voz
to se había a
e del todo, me dio una bofetada que me hizo caer contra la nevera. El dolor explotó en mi mej
aron por la conmo
", gritó. "¡Era u
nto", s
nto! ¡Lo siento! ¡Decir 'lo siento' no arregla tu
ue por fin se marchó furiosa. Me sequé las lágrimas con manos
a y salí, tropezando bajo el peso, por el largo camino hacia el riac
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