on los más diversos tipos de hombres, había aprendido a blindar mis emociones, pero aquella presen
omados de la mano. Caminábamos uno al lado del otro por el pasillo de las habitaciones, sobre la al
mías por el corsé, alisando el encaje negro para disimular la
cómodo
esonó en la habitación como una advertencia de que en, analizando las paredes oscuras y la decora
algo de beb
nó el reducido espacio de la habitación, rompiendo
o te l
o al principio. Su intensidad cortaba cua
í, manteniendo la f
nte, con los ojos oscuros clavados en los míos, i
niendo la postura recta y l
Tif
a comisura de sus labios se curvó en una leve mueca burlona,
i no estuvier
dad de recuperar el control del terreno me hizo dar un
acostarte conmigo? Te garantizo que pu
i ronca, que pareció aprobar m
tá b
de la cómoda. Sus movimientos eran relajados, pero precisos. Sacó la camisa blanca del pantal
o? - preguntó. - ¿O vas
en saber mi nombre desaparecieron. La irritación se evaporó tan rápido como había
entía seducida por aque
un aire actual, en contraste con la seriedad de su traje. Ya podía imaginar el cosquilleo en mi cuello ante el roce de la barba qu
des
l de una manera que hacía m
edando automáticamente más baja frente a él, lo que int
de sus dedos en los botones centrales de la camisa. Nuestros ojos estaban fijos el u
o el calor de su piel y la firmeza de sus músculos de abajo hacia arriba. Empujé
ómo mi moño se aflojaba cuando sus dedos retiraron hábilmente las horqui
e mi nuca. Mi repentino deseo de sentir aquella barba sobre mi cuello fue satisfecho de
ón era tratado de manera profesional ; solo me preocupaba de que se desahogara
ntía cómo mi intimidad vibraba y suplicaba acelerar las cosas, de
da cordón que soltaba, depositaba un beso sobre la piel desnuda
lto y Liam lo dejó caer a
es y cálidas contra mi piel desnuda, y me g
eguntó otra vez, con l
aban el beso una traición. Decían que era algo demasiado sentimental,
ios sobre los suyos. Él atrapó mi labio inferior con deseo, rompiendo cualqu
el botón de su pantalón de vestir. Lo desabroché con dedos ligeramente temblorosos y sujeté la tela por ambo
cuando intentó apartarse
urró contra mi boca, c
perdió en la urgencia que
or, rozando el elástico oscuro, pero él sujetó mis
- Acuéstate
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