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nstancia, en cualquier otra familia, este sería el día más importante y sagrado en la vida de una joven. Para un licántropo, cumplir dieciocho años significa el despertar definitivo
. Sin velocidad, sin fuerza sobrehumana, sin sentidos agudizados ni capacidad de transformación. Era, a todos los efectos, una simple y patética humana infiltrada en un mundo de depredadores letales. Tra
el piso de arriba. Toda la manada celebraba por todo lo alto el cumpleaños del futuro Alfa, Caleb, quien irónicamente cumplía años la misma semana que yo. La música v
nte, me
manos temblorosas, haciendo un eco so
ia embriagadora que me golpeó con la fuerza devastadora de un huracán. Olía a tierra húmeda empapada por la tormenta, a madera de pino oscuro y a un toque intenso de menta hela
pañ
, se encendió en la infinita oscuridad de mi corazón. ¡No estaba rota! La Diosa de la Luna no me había abandonado en la miseria. Tenía un compañero predestinado. Algui
ñido y manchado de espuma grisácea. Mis pies se movieron por voluntad propia, guiados por ese rastro embriagador como una brújula al norte. Subí co
irrumpí en la estancia, la música pareció bajar de volumen. Algunas cabezas se giraron hacia mí con expresiones de puro asco y burla,
uera portadora de una enfermedad contagiosa. Al llegar al centro del majestuoso salón,
en seco. El aliento a
Ca
sosteniendo una copa alta de cristal. A su lado, aferrada a su brazo como una hermosa e inquebrantable enredadera espinosa, estab
intensa mirada dorada cortó el salón hasta chocar violentamente contra la mía. Vi la repentina comprensión inundar sus facciones perfectas. El pecho del Alfa subió
ad esperanzadora, empezó a formarse en mis la
vergüenza y horror absoluto. Recorrió con la mirada mi ropa sucia, mi cabello castaño enmarañado, mis rodillas lastimadas y mis manos agrietadas
había caído sobre el salón de baile, sonó como el retumbar de un trueno-. Tú no.
ercó aún más al pecho de Caleb, susurrándole algo al oído mientras me clavaba una mir
ando apenas como un hilo roto
rándome desde su posición de poder con un desprecio insuperable. Toda la manada nos observaba en
aberración patética que ni siquiera tiene la capacidad de despertar a una loba. ¿Realmente crees que yo, el futuro Alfa más fuerte de la región
adas al rojo vivo enterrándo
ligando a los miembros más débiles de la manada a inclinar la cabeza en sumisión. A mí, en cambio, la presión
stral, haciendo eco de manera destructiva en cada rincón oscuro de mi alma-, te rechazo a ti, Eliana, como mi compañ
azo formal fue inme
o y arrancándome el corazón en carne viva. El frágil e invisible vínculo sagrado que acababa de nacer entre nosotros se estaba fracturando en un millón de pedazos cortantes. El dolor físico der
el de todos: risas. Mi manada, la gente con la que había crecido y a la que había servido obedientemente, se estaba riendo a carcaja
a sin un ápice de remo
esencia me da náuseas -ordenó con
me por la puerta trasera. Movida única y exclusivamente por la pura adrenalina ardiente y el instinto ciego de super
vuelta
cerme tropezar. Atravesé las puertas de roble, crucé el vestíbulo principal y salí precipitadamente a la fría y despiadada noche. La tormenta había estall
e profundo, ignorando las ramas espinosas que rasgaban mi ropa y cortaban mi piel desprotegida. No me importaban en absoluto las antiguas
me. Quería que el
ensangrentados cruzaron el límite invisible y prohibido, adentrándose de
ble y legendario Rey Alfa aguard
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