permiso para olvidar. Era dulce, suave y peligros
sentidos, escapando a su control y asentándose en lo profundo de
la
amente y una de sus manos apretaba la pata de la silla con tanta fuerza que la madera crujió en protesta. El sudor se pegaba a su pi
scontrolado, expuesto y vulnerable. Un silencio recorrió la sala, pesad
apartó aún más sin necesidad de órdenes. Algo en su expresión había c
il
. Esa suavidad no le pertenecía a Elara. No de esa manera. Él intentaba comprende
almente controlados y distantes, estaban deshechos ahora. Era una mirada cruda y expuesta,
él, con voz ronc
ndo y, detrás de ella, Greene sol
su voz carecía de la confianza de antes-. ¿Qué es esto?
s por la forma repentina en que Silas se había desmoronado en el
ta vez. Fue una orden, una atracción, y
go entre un gemido y una súplica. El aroma se volvió más denso, enroscándose a su alrededor como una cadena. Él se odia
ortó la tensión, a
odo de advertencia, pero
. Silas necesitaba salir de allí lo más rápido posible. Ella intentó liberar más feromonas para enmasca
. Ayuden a Silas, no parece encontrarse bien. Llévenlo a su habitación.
se dirigieron an
ta de finalidad. Ni siquiera Calvin debería a
de la gente. La confusión finalmente agrietó su arrogancia. Y entonces, entró en pánico al da
tino. Todo se volvía más real por segundos, especialmente
esa cercana. Su respiración era irregular ahora; sus ojos, m
lara con una mano temblorosa-.
obre él, no era la mujer que él había conocido. No era la "Elle" que fregaba sus suelos o a la que golpeaba a su antojo para su propio
veredicto, como si su destino hubiera quedado sell
se. Su mente luchaba por procesar y reorganizar cada
aste a la hija del Presidente de tu casa -terminó Calvin por él en un tono casi inaudible, y
el color. Beatrice se ocultó más profundamente entre la multitud, ab
¿Nada? -Elara ladeó ligeramente la cabe
a ropa, el silencio, la obediencia, el poder que creía tener.
-. El- Alfa... no lo sabía- -No -lo cor
acia él y él retro
rizaron suavemente, pero golpearon con más fue
ico que lo anclaba a la realidad. Elara lo sintió de nuevo, esa atracción, esa conscie
uda y absoluta, y dos hombre
, sumido en un
ción- -Quítenle sus accesos -dijo ella, sin siquiera
/0/24514/coverbig.jpg?v=f8967b0b5fcfcc24e4f8781512832e74&imageMogr2/format/webp)