tar, mientras su respiración se volvía superficial al sentir que el aroma dominant
ue pertenecen al Primer Ministro, Arthur Sterling? -¿Lo conoces? -Sí, ha causado basta
Presidente? Quizás Greene estaba tan desesperado por el poder que había alucinado el título, o Beatrice estaba tan
ción para recoger su bata cuidadosamente doblada. -Sí, él también fue invitado a la fiesta. Beatrice Sterling insistió en traer a su "nuevo hallazg
ada" hacía apenas unas horas era ahora un invitado en su palacio. Venía aquí a adorar en el altar de s
rmario? -Envié a las criadas a buscarte
fundas de ropa de seda opaca; las depositaron sobre la cama y los ojos de ella recorrieron aquel vestido. Se recordó a sí misma en vestidos como esos, se recordó adornada con joyas f
ue hacía era un estilo de vida, pero una brecha de doce años parecía habérselo arrebatado todo. Debió ser muy estúpida al pensar que huir era la mejor op
con un tirón seco y decidido. Se giró hacia los espejos, obs
ce años finalmente la miraba desde el espejo. ¿Dónde había escondido toda esa belleza? Detrás del sufrimiento, cuando fregaba suelos y limpiaba la suciedad como una esclava; n
a la pared del fondo, pero en cuanto ella emergió, él se enderezó como si le hubiera dado una sacudida. Se le
Silas asintió, con la garganta moviéndose al tragar saliv
instantáneamente. Todas las cabezas se giraron. El murmullo de mil voces
Crees que a Calvin le gustará esto? -murmuró un hombre cerca de la barandilla-. Él ha sido el heredero aparente durante doce años. Si ella vuelve para reclamar el premio después de que él hizo todo el trabajo... la Casa Blanca
l tiempo con sentimentalismos. Tomó el brazo de ella y la condujo d
intiendo hacia el Primer Minist
ce durante doce años? -En los lugares que los hombres como usted tienen demasiado miedo de mirar, Sr. Primer Ministro -respondió Elara, con voz suave como el cristal-. ¿Cómo ha estado su excelencia? -Tiene
ía su memoria; su compañero destinado... la alternativ
aqueando momentáneamente. -Una dominante, sin duda -notó el Presidente del Tribunal Supremo, bebiendo su vino-. ¿Qué va
pasado tanto tiempo desde la última vez que lo vio. La última vez fue cua
rándose. -Ya ha tenido suficiente de ustedes, viejos lobos
a sonrisa, siguió buscando, siguió... hasta que los encontró. Greene y Beatrice acababan de entrar, luciendo presumidos
e menos basura? Un cerdo es un cerdo, incluso vestido de seda. -¿Sabes con quién estás hablando? -preguntó ella, sintiendo una oscura diversión. -¿Y con quién estoy habland
sidente? ¡Qué ironía! ¡Si tú eres la hija del Presidente, entonces yo no soy más que el dios del
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