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Emparejada con mi Príncipe Licántropo

Capítulo 5 El collar

Palabras:1384    |    Actualizado en: Hoy, a las 09:17

élveme

stenía mi collar, pero ella la levant

alpicó por todas partes; no tuve tiempo de lamentar el estado d

último recuerd

orriente", dijo Bernice con desdén, disfrutando del espectáculo mientras yo yacía en el suel

ejó mi mamá! ¡No tiene

n más profunda me terminó por invadir. El

er débil, por ser inc

r de mi padre, sino que ahora también me impe

n sacudió el collar de perlas en el aire

caba una sonrisa burlona, clavando su mirada llena de rabia en la mía. La escena me recordó el día en

No dejes que la manada pase una vergüenza por tu culpa". T

una disculpa, pero al abrir la boca descubrí que me ha

desdicha siempre ensañaba con los desamparados y e

e ese lugar, me l

*

tanto esmero. Según los sirvientes más antiguos, la última vez que

que el destino les sonreía, pero el paso del tie

Quienes me pisoteaban no tendrían suerte para siempre,

peraría a que lle

r relucían con cera fresca. Los candelabros dorados y las velas de plata se entrelazaban con armonía, las cortinas d

miradas se clavaron en mí, llenas de asombro y desprecio. Estaban acostumbrados a ver cómo Berni

la. Miren cómo tiene la cara de ro

enza para el Alfa que su propia

y es un día muy importante. Deber

er mi reflejo desaliñado en el espejo, comprendí que no existía un

, y que me odiaban tanto como Bernice. Debí haber estado blindada

da de todos. Encogí los hombros y di la vuelta

mi padre resonó des

al instante a la multitud, que incl

la vista hacia él con una e

nredado, la ropa sucia y el rostro pálido y cubierto de marcas. Parpadeé con fu

lto a decepc

as tan tarde? ¿No entiendes que hoy es el día más importante para n

por mi propio padre ante todos los presen

nsciente para arrastrarme al bosque junto al lago. Que me había topado con un lobo enorme y estuve a punto de morir

importaba; tenía una nueva hi

erfecta. Todas las miradas se desviaron hacia él. Lucía impecable y

ía de celebración para todos. He traído algu

y vino sobre la mesa comunal. El ambiente se inundó de inmediato con el aroma de un licor

propia bebida, y cada territorio tenía sus propias preferencias, pe

a el vino, mayor era el estat

a una palmada afectuosa en el hombro. Luego me miró a mí, que permanecía paralizada a un lado, y

o que me asfixiaba la gar

a mí con una sonrisa burlona y susurró: "Espero

su mirada me h

a vista al frente fingiendo d

, t

llamé a la pue

o a la ventana. Una criada le peinaba la cabellera, y ante ella se desplegaban joyeros

r a ayudarte". Hice esf

nice en voz aguda, mirándome de reojo. Parecía haber olvidado por completo qu

ía que no me había llamado para facilitarme las cosa

me mis nuevos tacones hechos a medida". Apoyó los pies sobre la alfombra de

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Emparejada con mi Príncipe Licántropo
Emparejada con mi Príncipe Licántropo
“"Su alteza, esta es mi hija, y le ofrezco mi lealtad". En una fiesta elegante, me escondí en un rincón y observé cómo mi padre, un alfa, se inclinaba para hablar con el príncipe en el trono, mientras mi hermana, Bernice, con un vestido ajustado y deslumbrante, se sentaba a los pies del príncipe y le mostraba una sonrisa encantadora y presumida. Era una recepción en honor del príncipe y de mi hermana, que iba a ser su pareja. "Mi niña, te tengo", sonó la asquerosa voz de mi primo. Al escucharlo, un escalofrío me recorrió la espalda. "No puedes quitártelo", dijo, intentando tocarme de nuevo. "No...". Al mismo tiempo, se oyó un grito ahogado desde el centro del banquete. Bernice estaba pálida, y el príncipe frunció el ceño ante la multitud que tenía delante. Desprendía un aura opresiva propia de un licántropo que hacía que todo el mundo tuviera miedo incluso de respirar. "No es ella", dijo el príncipe, negándose incluso a mirar a Bernice. ¿Cómo era posible? ¿No se suponía que la compañera del príncipe era Bernice? Yo seguía escondida en el rincón. No estaba de humor para seguir lo que pasaba en la fiesta. Solo quería librarme del imbécil que tenía enfrente. ¿Pero por qué el príncipe me miraba a mí, que estaba oculta en el rincón? ¡Oh, Diosa de la Luna, logro descifrar lo que dicen sus ojos!”