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Emparejada con mi Príncipe Licántropo

Capítulo 3 El regalo de Nick

Palabras:1709    |    Actualizado en: Hoy, a las 09:17

ropa mojada colgaba en un rincón para secarse. Podría haberme lamido las heridas como un animal en su madrigue

rillante luz de las velas iluminaba los rostros de las cuatro personas sentadas a la mesa. Mi padre ocupaba la cabecera; Bernice estaba a su derecha, y su sobrino favorito, Ni

ndo el tenedor sobre la mesa. Inmediatamente, me acerqué a recoger s

casarse conmigo. Nuestro prestigio crecerá muchísimo a partir de ahora", respondió Bernice, levantand

ica ejemplar. Sé que nunca me decepcion

s había logrado hacerlo tan feliz, mientras que Bernice

re le envió a Bernice algunos regalos, con la esperanza de

. Los diamantes perfectamente tallados destellaban; Bernice tomó un arete de la felpa de terciopelo y lo acarició con total satisfacción. Observé en silenc

nción de los tres comensales, Bernice si

ba junto a mi padre para retirar su plato, me miró

del agua helada pareció invadirme de nuevo. Creí que me estaba dando fiebre. Me sentía mareada y

encia. "Qué descuido de mi parte olvidar a la otra hija de mi tío. Traje

k, solo es una perdedora que ni siquiera tiene loba. Es la vergüenza de nuestra manada. ¿Qué joyas podr

temerosa de ver la

mañana y retírate. Tenemos una reunión importante

lobo de la familia real, tal vez Delia podría encontrar una buena opción para ella". La voz de Nick

enfermizamente pálida y ese cabello tan seco", se burló Bernice, analizá

í a mí misma. "No p

esta noche. Debes asegurarte de que Kral quede complacido contigo m

brazo. Mientras se alejaban, ella me lanzó una mirada cargada de desprecio y a

ejo estaba demasiado gastado. En cambio, este delantal era feo pero resistente. Me quité el vestido y la diadema junto a la ventana, dejando caer mi larga melena castaña. La luz de l

chó un

había dejado llevar por la tristeza, al segundo siguiente la alerta se apoderó

está ahí?", pregunté en voz alta, pero afuera no había nada. El lavadero qued

que el cansancio me estaba haciendo imaginar cosas, un par de manos fuertes me sujetar

ando; la nuca y los tobillos me dolían con intensidad. Abrí los ojos co

cuenta de que tenía las manos atadas a la espalda. Unos mechones de cabello le caían sobre l

mi manada?". Intenté sonar firme y autoritaria, pero

inó su frente contra la mía, y pude ver claramente el sarcasmo y la lujuria en sus ojos. "Eres la basura de tu manada. Nadie te quiere, excepto yo"

o tenía loba, nadie vendría a salvarme. Tampoco tenía fuerzas para luchar contra él. La f

dad me quisieras, ¿por qué no fuiste a hablar con m

caso tienes miedo de que te diga que no? Después de todo, aunque todos piensen q

no disminuyó la presión sobre mi rostro. A medida que se acerca

ble certeza me invadió. Mi ropa comenzó a deslizarse y el pánico me dio tantas náuseas que sentí que

n el consentimiento de tu padre? No lo olvides, los hombr

grimas de mi madre el día de su muerte, y la mir

mbor y sus dientes dejaban marcas en mi piel temblorosa, pero yo permanecía inmóvil como un tronco congelado bajo la luna. Al ver que no respondía, se im

ría salvar

diera desperta

n aullido cargado de una furia co

densidad del bosque. Dos ojos dorados lo observaban con una friald

estaba casi indefensa. La amenaza oculta en la oscuridad se acercaba cada vez más, y la tens

escapar, un enorme lobo negro emergió de las som

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Emparejada con mi Príncipe Licántropo
Emparejada con mi Príncipe Licántropo
“"Su alteza, esta es mi hija, y le ofrezco mi lealtad". En una fiesta elegante, me escondí en un rincón y observé cómo mi padre, un alfa, se inclinaba para hablar con el príncipe en el trono, mientras mi hermana, Bernice, con un vestido ajustado y deslumbrante, se sentaba a los pies del príncipe y le mostraba una sonrisa encantadora y presumida. Era una recepción en honor del príncipe y de mi hermana, que iba a ser su pareja. "Mi niña, te tengo", sonó la asquerosa voz de mi primo. Al escucharlo, un escalofrío me recorrió la espalda. "No puedes quitártelo", dijo, intentando tocarme de nuevo. "No...". Al mismo tiempo, se oyó un grito ahogado desde el centro del banquete. Bernice estaba pálida, y el príncipe frunció el ceño ante la multitud que tenía delante. Desprendía un aura opresiva propia de un licántropo que hacía que todo el mundo tuviera miedo incluso de respirar. "No es ella", dijo el príncipe, negándose incluso a mirar a Bernice. ¿Cómo era posible? ¿No se suponía que la compañera del príncipe era Bernice? Yo seguía escondida en el rincón. No estaba de humor para seguir lo que pasaba en la fiesta. Solo quería librarme del imbécil que tenía enfrente. ¿Pero por qué el príncipe me miraba a mí, que estaba oculta en el rincón? ¡Oh, Diosa de la Luna, logro descifrar lo que dicen sus ojos!”