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UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA

UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA

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Capítulo 1 El Ultimátum

Palabras:1574    |    Actualizado en: 24/05/2026

ÍTU

segundos sin parpadear. Lo justo pa

ó Rafael, de pie al otro lado del

fo. Hizo un ruido pequeño con

¿Perdiste

N

n mi oficina, interrumpes una reunión y me sueltas, sin avisar, que me voy a casar. ¿Y co

ico. Es uno de

ederos. No es excluyente, abuelo. Y en este ca

a dos años preparando esa f

o. Estamos de acuerdo. Él necesita

ecesito

edero, que es lo

es en

en quince años, te estoy pidiendo que la

reció a nada que hubiera soltado en años. Se

clar a ver qué sale? -negó con la cabeza-. No pienso casarme con un Máxim

ca cosa que tenía en común con su nieta y la única, tamb

sobre los doce consejos que llevas dirigiendo desde los veinticinco. Y te mando a la casa de descanso de las afueras. La de los

piernas. Por la otra mención. La del único siti

ratas como

nieta a la que se le

asta el dinero en fiestas que no organizó, en desfile

Y no me refiero a la de ruedas. Me refiero a esta. La del despacho. T

lo e

ate. Sigue al frente del Grupo Ríos. O escoge tu sobe

ero. No menos. Lo contó porque Anabella Río

a dar un hijo. No le voy a dar mi cama. No le voy a dar mi nombre. La empresa la sigo dirigiendo yo. Si en algún moment

o

onste po

actaré

salvo el novio y su abuelo. Si quieres una boda, te haces cargo tú de la lista de inv

la v

. ¿Al

una

lo. Tengo el

te arr

que será u

o ver

ermiso para entrar y dieciocho años, exactamente, sin pedirlo tampoco para salir. Le cerró la pu

Tenía los dedos helados y la mandíbula apretada y una rabia muy concreta, muy vieja, muy útil, que

a servir pa

pasado entró por la puerta q

años

a sorprenderlo. Llevaba dos semanas notándolo distante y se había convencido a sí misma de que era el trabajo, porque ell

con su

egundo, una risa. Lo tercero, el nombre de Victoria,

de él en el suelo. Vio los zapat

os

sos, sin oírla, sin notar que la puerta del dormitorio estaba abierta

imo que Anabella oyó con los oídos sin tapar, porque

a -contestó Diego, si

o gritó. N

Salió del apartamento sin cerrar la puerta. Bajó las escaleras

re que en su ciudad cae una vez al año y d

calle s

suyo o del conductor. Oyó el golpe seco de su

d llegó com

dular incompleta T-12, pero a Anabella no le llegaron las palabras. Solo le llegó la mirada de su abuelo. Sentado

no apa

una disculpa. Solo eso. No quería hacerte daño. Como si el daño no

a vez. La rompió en cuat

da contrato pensando que el siguiente la iba a tener que pillar

Anabella Ríos llevaba cinco año

sí en su

e apretar el bolígrafo. L

ar

, j

nda de la próxi

da t

toda.

o de la línea. De los buenos.

quién,

e aparezca por la puerta

e qué? ¿La igle

. Sin tarta. Sin nada. Solo el cura, los testigos y mi vestido. Si quieres ha

ef

¿

usted

salvar la empresa.

lg

orgulloso de lo que acababa de hacer. Pero llevaba cinco años viéndola morir por dentro sin permiso para tocarla, y un día, aunque ese día

a romperle la coraza a su nieta, e

ertirse, durante un rato, e

pag

y un años acostu

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UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA
UN ESPOSO PARA LA CEO PARALITICA
“Anabella Ríos dirige uno de los imperios financieros más poderosos del país desde una silla de ruedas. Tiene veintiocho años, mandíbula de hierro, un consejo de administración a sus pies y un único recuerdo que no perdona: la noche de lluvia, hace cinco años, en la que cruzó una calle sin mirar y se quedó sin piernas para siempre. Nunca encontraron al conductor. Máximo Salvatierra debería ser el heredero del otro imperio del país. En vez de eso lleva cinco años bebiendo, perdiendo en casinos y huyendo de algo que no se atreve a nombrar ni delante del espejo. Cuando su abuelo lo obliga a casarse con la heredera de los Ríos, sabe que no puede negarse. Por una sola razón. Una que no piensa contarle nunca a la mujer que acaba de subir a un altar en silla de ruedas para decirle sí. Quince reglas firmadas ante notario. Una mansión inmensa que ninguno quiso compartir. Un secreto que él esconde con la vida. Y una madrastra en seda gris que lleva ocho meses esperando esta boda para destruirla. Anabella accedió a casarse para no perder su empresa. Máximo accedió porque la alternativa era impensable. Y los dos creen que se conocen ese sábado por primera vez. Los dos están equivocados. Cuando la verdad explote, no quedará un solo cuarto de la mansión que no arda. Y para entonces, lo peor no será el secreto. Será haberse enamorado primero. ¿Hasta dónde llegarías por una segunda oportunidad? ¿Y hasta dónde por enterrar la primera?”