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ude oír los latidos de mi cor
la voz
as falsas y la música fuerte del salón, pero nun
es qué demonios
edida de soltera, así como la suya, y se
stas separadas como los demás. No que
oltera en la que tuviera que fingir
conjunto, bailando con sus amigos y familiares, e
la suite y me detuve
jadeante, susurrando el nombre de Aaron como si fuera la única palabra que
, y se notaba que ella disfrutaba, a juzgar por los sonid
aba co
o que tuve que apoyarme en
s mi mente volvía a todos los mome
s sobre lo "afortunada" que era por tener a Aaron, y la
ciedad que siempre intentaba sentirse superior. Pero
n el que estaba a punto de casarme follándose a mi h
dos guturales y oía cómo ella se retorcía
rigí a la fiesta, entumecida. El salón de baile giró a mi alrededor cuando
onreía, levantaba sus copas para
una copa de champán en la mano mientras se acercaba. "¡Aaron es
los labios rígidos. "Sí
za. "Estás impresionante. ¡Ese vestido debe haber costado una fort
tiendo que la bilis me
uó, con una voz empalagosa. "Es decir, ¿casarte
palmas mientras asentía con educación, cada p
Una transacción comercial? ¿Alguno de ellos me veía a mí, a la verdade
lrededor. Las arañas de cristal brillaban en lo alto, su luz era demasiado brillante, la música demasiad
o y me puso la mano en el brazo. Sus ojos eran amables pero calculadores, la i
ntí, forzando ot
ida". Su sonrisa era aguda, y sus ojos escaneaban la habitación como si ya me estuviera i
nía en la garganta. "
reocupes, cariño. Después de esta noche, no tendrás que preocuparte p
omo un cuchillo en mis entrañ
de la miserable vida que tendría al ca
arse, con el pecho apretado a cada segundo que
chica pobre que se casaba con un r
nterrumpió mis pensamientos en espiral. Era Megan,
ntras se acercaba. "Llevas un rato a
e con voz tensa. "Solo..
o esto es abrumador, ¿verdad? Pero ya casi termina. Pr
co escapó de mis labios. "Sí. Todo
extrañada, per
ecía aquí. N
fuerte, algo que adormeciera los bordes dentados de mi corazón. Me la bebí de un trag
demasiado fuerte en el silencioso pasillo. Necesitaba un lugar pa
ra mí... no recordaba el número. No recordaba nada. Mi visión
octurno era fresco, cortando la neblina del alcohol, pero no era suficiente para adormecer el dolor que sentía en lo más
y el desamor que amenazaban con aplastarme. Las piernas me temblaban, inestables por el peso
dome con él. Mi visión se nubló y sentí que mi cuerpo se rendía. Los pies se me resb
e, un par de brazos fuertes me rodearon la cin
n nublada. Incluso a través de la niebla del alcohol y la
a mandíbula tan afilada que podría cortar la noc
como si pudiera manejar cualquier c
que jamás había hecho. Apreté
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