timas veinticuatro horas habían sido las más extrañas de su vida. Se ha
se dijo a sí misma. «Tie
o de ropa vieja. Emma decidió que tenía que quitarse esa ropa. Esa mujer elegante era otra persona. Alguien que ella no quería ser. Entró corriendo en
cambiarse, Emma se quitó el maquillaje y se quitó las joyas. Se solt
mma decidió que lo mejor sería dejarla atrás. No tenía ningún uso para cosas así en su vida. Se sentía
studiante universitaria sin recursos. No tenía ningún uso para cosas así. Lo único que le quedaba era entregarle es
su casa. Jane estaba en la puerta charlando con una vecina. Sin
e Jane desapareció e
la vecina estaba allí. «Más te vale estar l
a cara a Jane. «Este es el dinero que necesita
ante el intercambio. ¿Jane había vendido a su hijastra? Jane es
rte. Ah, y más te vale que aprendas a limpiar una casa. Porque no voy a volver». Emma se alejó y sint
ra que Vivian estuviera allí. Sus plegarias fueron escuchadas. La arpía no estaba po
ca. Aquella no era forma de empezar una nueva vida. Estaba mancillada por su decisión de venderse a un desconocido. Las lágrimas le resbalaban por las mejillas. ¿Qué había
enía que encontrar u
ueva vida
uerta sacó a Emm
z agradable desde fuera. Era Sabrina. Un
Sabrina se dio cuenta
rza. Era un torbellino de brazos y pelo. Era justo lo que necesitaba. «¡Podría matarlos por lo que te hic
más. Solo quiero olvidarlo». Emma a menudo deseaba ser más como Sabrina. Divertida, emocionante y guapísima. Sabrina era p
ojos color chocolate de Sabrina se iluminaron.
idea genial»,
emos visto desde que se gradu
echas de menos
s cla
rie
a que ellas dos. Siempre lista para una pelea, pero aún así preciosa. Emma siempre había envidiado el pelo rizado y abundante de Jess y su
ra como una armadura. Le daban fuerzas para superar el día. Esto era diferente a cuando Jason la vestía. Aunque era amable, Jason solo estaba haciendo su traba
feliz de estar en el bonito y normal coche de Sabrina y de pasar por luga
rente», coment
a librado de unos 100 kilos de
una compañera de piso
rió Emma. «No quie
casa, a tomar helado y a cotillear. Pero mañana tenemos que hablar. Tenemos que decidir
cho», asi
ina. Las otras dos la imitaron. Gritaron y cant
a sintió una sensación de diver
onseguí una mesa VIP
dijo Jess dándole una
Las chicas se dirigieron hacia las mesas privadas
», gimi
rlarse de la pareja hasta que se dio cu
emasiado tarde. En su reservado VIP estaban las dos últimas personas a las
a ve
vian y
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