ó de un salto y
estás celosa de que Matt pref
sigue ligarse a ningún hombre. ¿Qué es esto, el cua
más. Envalentonada por la bebida, se abalanzó sobre Vivian y estallaron en una pelea de gatas sin cuartel. Se arañaban, se abofeteaban y se tiraban del pelo. Emma es
-gritó-.
el pelo a esa zorra mechón a mechón. Pero su ira hacia Matt estaba a otro nivel. Al fin y al cabo, esto era c
-Emma lo apartó
rle perdón a Viv
erd
yamos traicionado, pero tienes que actuar con madurez ante es
tos estaban ahora mancillados por nuevos recuerdos. Él no era el héroe de su historia. No era el príncipe azul que
fadada que estuviera, estaba destrozada. Tenía el corazón hecho pedazos.
an baja autoestima que solo puedas ir detrás de hombres comprometidos. Siento que nunca tengas amig
s debido!», le ordenó. La miró con ojos fríos, y eso le dolió. Pero no
ta. Te dejé. Hace como di
ue ha pasado aqu
s». Emma ignoró el arrebato
onía que debía pasar. Emma debería haberles suplicado que no le hicieran esto. Debería haber llorado para que Matt no la dejara. Vivian necesitaba ver el caos que había causado en la vida de Emma. Era lo
errumbarse. La adrenalina y el alcohol se mezclaban en su organismo. Estaba mareada por las emociones y los acontecimientos del día l
era un antro de abandono y maltrato. Pero no podía dejar que Jane la vendiera. Antes de que su madre falleciera, Emma había prometido cuidar de s
sus padres pasando el fin de semana, así que no podía acudir a ella. Se había quedado tirada en medio de la tormenta. Sus
Jane que conseguiría es
sacar ese dinero?» Emma deambulaba por la calle, e
ayudara? ¿Cómo se suponía que
trato que había soportado. Emma nunca se había permitido derrumbarse. Nunca había querido ser una carga para nadie. El deseo
zá debería hacer autostop», pensó. P
de su cuerpo estaba empapado por la lluvia. Emma temblaba mientras el agua le helaba los huesos. Los problemas se le acumulaban. Parecía que la agitación en su vida no tenía fin. Pero en ese momento, lo ú
ercaba. Emma no retrocedió. Si así era como iba a morir, que así fuera. No le importaba.
La lluvia parecía incapaz de tocarlo. Era el coche más lujoso que había visto en su vida. Ant
re. Emma se acercó a la puerta. Por lo poco que pudo ve
. ¿Podría
ró de arriba ab
a». Subió la vent
derrumbó en el suelo y rompió a llorar en plena calle. Su madrastra la había vendido. Su novio la había engañado. Su compañera de piso la había
su alma esta
taba ella. De pie en medio de la calle, empapada por la lluvia. Estaba convencido de que se trataba
ituación le tocó
undo. Uf. Me voy a arrepentir de esto». Dio marcha atrás hacia ella. Ella parecía genui
ub
ó y parpade
erado. Un plan comenzó a formarse en su mente. Se meti
de te
gún sitio al que pudiera ir, no en ese momento. «No lo
sumir de ello. Quizás podría usar eso en su beneficio. La idea le repugnó tan pronto como se le ocurrió. Pero su mente destrozada no
ue se odiaría a sí m
¿Eres
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