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Bajo el control del enemigo

Capítulo 3 Descarado

Palabras:1368    |    Actualizado en: 11/05/2026

do, todo fue una trampa que hiciste a propósito. Guillermo, ¿qué e

Guillermo la amaba de verdad y que por eso se había casado con ella.

Qu

ermo sonrió de repente, se sentó e

bató el cigarrillo, dio una calada y exhaló lentamente un anillo d

Fírmalo y haremos como si

undo más. Se agachó apresuradamente para recoger el documento que Sandra le había lanz

cuenta por ciento de las acciones de la Corporación Ríos. No se esperaba que Guillermo tuv

tando el documento con fuerza, temblando incon

gio. Además, las acciones de tu Corporación también se verán afectadas. Si Guillermo quiere apoderarse de tu Corporación, será pan comido. Gui

gabunda, ni idea de que haces interrumpiendo!- Antes de que Ele

tan desvergonzado como tú! ¿Le llamas marido? ¿De verdad tienes el descaro d

burló repe

ra mi intención, no tení

Guillermo, por supuest

n, deja de

era terminar de hablar,

sentara, luego se levantó y caminó frente a Elena, mirándol

lena, habló

irte, Elena, será mejor que firmes este acuerdo obedientemente.

a bien. Solo ahora me doy cuenta de que nunca te he entendido en absol

. Elena sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Sus afiladas uñas per

te tantos años, y una pizca de esp

os, permaneciendo en silen

uego los abrió para mirar a Guillermo,

años, alguna v

a frunció el ceño, pronunci

abría notado que el cuerpo de Guil

hablar de amor? Desde aquel incident

el documento y se lo arrojó con fuerza a la cara de Guillermo. Sollozó, conteniendo las lá

tes, soportando la humillación,

rmo al salir por la puerta, casi cayendo al suelo. Se agarró al marco de l

de Elena, Guillermo quiso se

ndando? ¿Has olvidado lo que

ción en la que Elena había desaparecido, apretando

s a ser dos líneas paralelas, qu

idaría es

ra puedes hacer lo que quieras con Marcos- dijo Sandra, levantándose y acercándos

uillermo apartó fríamente la mano de Sa

alejarse, un brillo despiadado

a pasado, parecía imposible

, con la mente en bla

su marido pertenecía a otra

ra peor que

repente vio un coche que se diri

ue directamente hacia él,

, dio un volantazo brusco,

nto trasero, Octav

r, ¿qu

de cruzar la calle y cas

ctavio Vance

h

en el suelo, César sinti

ce herida. ¿Deberíamos

César sin dec

a le heló la s

estaba? - Tras un largo silen

sar abrió la puert

do. César supuso que la había atropellado el coche y pr

hombros de Elena temblaban, con la cabe

spejo para saber l

nadie la viera

e preocupaba tocar las heridas de Elena,

có, con el ceño ligeramente frunc

asó exa

el sudor frí

si está herida. No me atreví a moverme b

os no son

bía otro hombre, Elena levantó ligeramente la cabeza, con

Elena. Tenía los ojos rojos e hinchados, el rostro cubierto de lá

ntrecerró

lermo ya había c

e sintió extremad

uillermo para que te devore

ahora? - César miró a Oct

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Bajo el control del enemigo
Bajo el control del enemigo
“Casada durante un año, su marido había rechazado tocar a Elena Rios, alegando una enfermedad delicada. Pero cuando la amante se presentó alardeando y arrogante frente a Elena con una prueba de embarazo, Elena se dio cuenta de lo ridículo que era el supuesto problema de salud de su marido. Un embarazo inesperado la convirtió en blanco de chismes. Elena solicitó el divorcio, pero su marido la amenazó con un vídeo de ella teniendo una aventura con un desconocido. Elena atónita entendio algo, todo habia sido planeado por su esposo. Su matrimonio no era más que una farsa, una conspiración para dañarla. Sin otro lugar al cual recurrir en medio de todo el caos conoció a Octavio Vance, ante sus ojos era su salvador. -Te ayudare a recuperar lo que te pertenece... Solo haz lo que te pido, y hazlo bien. Con el tiempo Elena comprendió algo, su marido solo era una ficha descartable en este macabro juego. Y aun había alguien que quería acabar con ella.”