ciudad se sintieran como los arquitectos del destino. Bajo las colosales lámparas de araña, el aire estaba saturad
as de las pesadas cortinas de terciopelo. Desde esta posición elevada, el salón principal parecía un t
seda negro carbón con un escote vertiginoso y hombreras afiladas. En su mano, una copa de champán Bollinger
posicionándose a su lado con
señalara. Sus ojos ya
alabras como si fueran mandamientos. La ceguera, que una vez lo hizo parecer una estatua de mármol herida, había sido reemplaza
cortes de prensa y fotos granuladas, provocó una reacción visceral en su cuerpo. Una punzada d
llo oscuro peinado hacia atrás con precisión, la misma forma en que colocab
tema de la noche -comentó Julian, observando la escena-. Dice
seca, un sonido s
tumba siempre parece perfecta hasta q
ecía bajo las luces. Llevaba un vestido de seda rosa pálido, diseñado para proyectar una imagen de inocencia y
alidación, buscando una señal de que él realmente estaba allí con ella. Y cada vez que ella le tocaba el brazo, Ivy notaba una mínima tensión en el
en voz baja-. Teme que el espejo se
n animal que percibe un cambio en la presión del aire. Sus ojos grises, antes perdid
través del cristal de su copa. Por un segundo eterno, las miradas de ambos parecieron alinea
reconocería? ¿Podría la memoria del alma superar e
voz de Elena, incluso desde la distancia, rompió e
volviendo su atención a su prometi
ue sintió fue alivio o un nuevo tipo de dolor-. Para él,
l elemento sorpresa es nuestro activo más valioso. Si él supiera quién
go, justo como sus pensamientos-. Pero hay algo insultante en que el hombre que juró que mi p
ltima vez que ella había estado así con él. Fue una noche antes de la cirugía, cuando él, sumido en una depresión
vy se aseguraría de que él pagara por cada mentira que Elena le
reguntó Julian, viendo que Ivy dejaba
hierro-. Damian cree que el terreno es la piedra angular de su futuro imperio comerci
que el mundo es mucho más grande
necesitaba mirar más. La imagen de él, triunfante y ciego a la reali
n los registros hasta el último segundo posible. Quiero que el mar
la gala de maña
balcón. La luz de la luna golpeaba su rost
o que no olvidará en el resto de su vida -dijo Ivy con una voz que sonaba como el
tar ser vista, en el salón principal, Damian Blackwood se
-preguntó Elena, no
cortinas por el aire acondicionado. Sin embargo, una sensación extraña, una especie de eco sensorial, le recorría la nuca.
que su voz sonó más tensa de lo ha
a de su mundo parecía tener una pequeña y casi imperceptible grieta. Y en el exterior del hotel, Ivy subía a su limusina,
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