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lackwood era ensordecedor, pero para Ivy Sinclair, el verdadero e
ñas cicatrices; quemaduras de la estufa por prepararle la sopa a la temperatura exacta que él exigía, cortes de los vasos rotos que él lanzaba contra la pared en sus peores ataqu
ido su espos
se apoderó de ellos. El contrato matrimonial estaba firmado, pero Elena, la hermana gemela de Ivy, la "hija dorada" y heredera oficial, se negó rotund
leía los informes financieros hasta quedar afónica, y la que finalmente logró calma
jes de sus ojos
doctor Harris salió, quitándose las gafas y esbozan
Sinclair -susurró el médico, asintiendo con
econocería la voz que le había susurrado que todo estaría bien, y quizás, solo quizás, el hombre que
lante, Ivy cr
iluminaba a la perfección. Damian Blackwood estaba de pie frente al ventanal. Su imponente figura, enfundada en un traje oscuro hecho a medida, irradiaba un poder que la
ada. Separó los labios, lista para deci
... -
e, un estrépito en el pasillo interrumpió el momento. El sonido de
an! ¡M
a Elena irrumpiendo en la habitación. Su hermana gemela estaba empapada por la lluvia, con el maquillaje estratégi
y, empujándola bruscamente por el homb
tes de envolver a la mujer que lloraba en su pecho. Cerró l
cargado de alivio en su voz fue una est
queta-. Tan pronto como supe que la operación se había adelantado, tomé el primer vuelo.
stado viviendo en la Riviera Francesa con un heredero italiano, gast
ante, su voz temblando por la
ación. Sus ojos grises escanearon el rostro de Ivy, idéntico al de la mujer que sostenía en
de Damian, girándose hacia Ivy con u
grimas en los ojos-. Mi hermana me encerró. Cuando supo de tu accidente, me ocultó mis pasaportes y me amenazó. Me d
a de duda en su mirada-. Damian, por favor, mírame. Escucha mi voz. Fui yo. Yo fui quien se quedó a tu lado. Yo te preparaba el ca
re como un látigo. Era un sonido bajo,
paso, como si la h
La diferencia de altura era intimidante. Él la miró
ndo cada palabra con veneno-. ¿De verdad creíste que podrías engañarme? ¿Crees que un hombre ciego pierde todos sus
mujer que amo. Las palabras destrozaron el frágil cristal de sus esperanzas. Él nunca
lágrimas desbordando finalmente por
es de la mansión-. Me daba asco tu presencia, pero era demasiado débil para echarte. Jugast
esbozó una pequeña y cruel s
peraban en el pasillo-. No quiero volver a ver su rostro en mi vida. Si intenta acercarse
n de inmediato, agarrando a Ivy
metiendo un error! -gritó Ivy, luchando inútil
uevo, murmurándole palabras de consuelo, ajeno a los gritos desga
aron las escaleras de mármol y la empuja
ó en segundos, helándola hasta los huesos. Escuchó el estruendo metálico de las inmensas rejas de hierro de la mansió
por su rostro hasta gotear en el suelo. Levantó la vista hacia el segundo piso de la mansión. Las luces cálidas de la habitación
cielo, sacudiendo la t
ironía de su destino era un sabor a sangre en su boca. Hacía apenas unas horas, se había en
sensación comenzó a extenderse por sus venas, quemando desde el centro de su estóm
gero estaba arruinado, manchado de barro y agua, pero su postura cambió. Ya no estaba encorvada ba
vez hacia la v
a fría. Letal. Porque cuando la verdad te alcance, no estaré aquí para atraparte. Y te juro por
enta. Esa noche, la esposa sustituta murió bajo la lluvia, y de sus
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