ectado hacía una semana desde su propio ordenador remoto, pero no era su trabajo arreglarla. En el Grupo Cross, ella era una simple
eda arreglarlo? -preguntó, manteniendo un
n trago y dejó el pesado vaso de cristal s
nivel intelectual y técnico necesario para reescribir ese
a exactamente qué nombre iba a salir
ijo Nat
casi reverencial-. El mejor hacker independiente del que se tiene registro. O la mejor, nadie lo sabe realmente. Llevo meses intentando rastrear su IP para contrata
Victoria, sintiendo una chispa de dive
altanero y brillante. Un dolor de cabeza absoluto, pero es el único que puede salvarme de la junta directiva el lunes. Le envié un me
siquiera podía recordar la fecha en que le había puesto un anillo en el dedo, elogiando con una pasión ardiente a
ar cientos de millones era la misma esposa insípida que le había cocinado el
dose de pie con lentitud. El ruido de la silla arrastrándose por
o sobre la mesa de caoba sin mirarla a los ojos-. Tu abuelo. El hospital me llamó a primera hora. El director médico necesita firmar unas autorizaciones legales para iniciar la
día ser un marido ausente, un jefe tirano y un hombre frío como el acero, pero nunca, ni una sola vez, había faltado a su palabra respe
Nathaniel.
s, casi robótico, y salió del comedor a paso rápido, dejándola sola una
s metódicos y mecánicos, recogió los platos intactos y los llevó a la amplia cocina de diseño. Vació el lomo de res en el triturador de basura industrial,
hacia su propia habitación, ubicada en el ala opuesta y
pasó el cerroj
el instante exacto en que la cerradura hizo clic. Su postura cambió; sus hombros se enderezaron con autoridad, y sus o
resionó un panel de madera suelto en la pared. Un compartimento secreto insonorizado se abrió
ntalla se iluminó de inmediato, pidiendo una secuencia de contraseñas de treinta y dos caracteres
de pantalla agradables. Solo una terminal de comandos ne
decenas de correos de corporaciones globales, pero uno resaltaba en la parte superior, marcado con prioridad extrema y prove
era el CEO de
a: Urgente. Brecha crítica en el m
toria, transformando por completo su rostro. Sus dedos se posaron sobre el teclado
su reloj cada cinco segundos, desesperado, sudando frío y rezando a un Di
ictoria en la oscuridad de su habitac
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