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Esposa abandonada: La venganza del multimillonario

Capítulo 5 

Palabras:665    |    Actualizado en: Hoy, a las 13:40

los golpeó tan pronto c

stió Stella. "Ese champán podría h

ulian. Se impulsó hacia atrás en su

ta con llave. El clic de la cerradura

intiendo cómo el silencio de la casa la

que no había visto antes. Estaba llena de maquetas arquitectónicas. Rascacielos en minia

Debe ser un aficionado", pensó. "O quizá q

una tormenta se des

ma, haciendo temblar los vie

R

parpadearon y se apag

os. Le recordaban la noche en que murier

n?", lo

o resp

terna. El haz de luz cortó la oscuridad, ilum

al estudio.

tudio, Julian

ger una batería de respaldo para su servidor seguro. El wifi se había co

er

ejó

el suelo justo cuando la puerta se abrió con un crujido. Arrastró las piernas detrás d

a barrió la habitaci

mío!", gr

ando caer la luz. "¡

El sistema de seguridad... funciona con un circuito independiente. Necesit

rodeó con sus brazos por el t

ó d

muerto. Y

dose por levantar su pecho del suelo. "Para

r flácido. "El peso muerto se siente más p

edados, con las extremidades en posiciones incómodas, respi

o iluminó l

esaban dolor. Eran oscuros,

dos rozaron su bíceps. E

con la voz temblorosa. "Llámame la próxima v

o en sus entrañas. Ella era tan sincera. Tan desesperada

o una niñer

a esposa", co

con un súbito chispazo.

a sentada a horcajadas sobre su regazo en el s

rido?", pr

ulian. "Solo

de dolor en los ojos. Se dio la

largo rato. Se miró el brazo donde ella lo ha

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Esposa abandonada: La venganza del multimillonario
Esposa abandonada: La venganza del multimillonario
“Estaba sola en el altar de la Catedral de San Patricio, con trescientos pares de ojos clavados en mi espalda. El silencio no era de paz, era una losa pesada que aplastaba mis hombros mientras el teléfono en mi mano vibraba por tercera vez. Desbloqueé la pantalla y el mundo se detuvo. "No puedo hacer esto. Mónica me necesita". Mi prometido me estaba dejando plantada por mi dama de honor, la misma mujer que me había subido el cierre del vestido hacía tres horas. La madre de Braulio se acercó, no para consolarme, sino para susurrar con veneno que yo lo había "asfixiado" con mi trabajo y ambición. La rabia reemplazó a las lágrimas. Arranqué mi velo de dos mil dólares, tomé el micrófono y anuncié a toda la iglesia que el novio estaba consolando a la dama de honor y que las bebidas corrían por cuenta del cobarde. Salí huyendo hacia la Quinta Avenida y tropecé con mi propia cola, cayendo a los pies de un hombre en silla de ruedas. Era Julián de la Vega, el "Hijo Maldito" de la dinastía, mirándome sin una pizca de lástima con sus fríos ojos grises. "¿Día difícil?", preguntó con voz grave y distante. Le dije que mi prometido se acostaba con mi mejor amiga y que acababa de perderlo todo. Él no me ofreció un pañuelo, me ofreció un trato frío y calculado. "Necesito una esposa para evitar que mi familia me encierre. Tú necesitas salvar tu dignidad". Me sequé el rímel corrido, agarré las manijas de su silla con fuerza y tomé la decisión más loca de mi vida: "Vámonos al Registro Civil antes de que cierren".”