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La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar

Capítulo 2 La Cita del destino y el precio del silencio

Palabras:1623    |    Actualizado en: 28/04/2026

que me llevaría al piso cincuenta, me observé en el reflejo de las puertas metálicas. Me veía pálida, con la ropa demasiado sencilla para un lugar donde hasta el aire acondicionado pare

ho principal. No era una oficina; era un santuario al poder. Escritorios de caoba oscura, estanterías repletas

No se levantó al verme entrar. Ni siquiera apartó

ntar la vista. Su voz era grave,

is manos, nerviosas, se aferraban a mi bolso. Él tardó un minuto entero en cerrar la carpeta y

serio -comenzó, entrelazando sus dedos sobre la superficie pulida del escritorio-.

que mi corazón latía contra mis costillas-. No estoy aquí por el dinero, ni por

us razones. Lo que importa es el resultado -se inclin

La letra era pequeña, llena de términos legales que, en c

lutamente nadie, debe saber que esto es un arreglo. Ante los ojos del mundo, y especialmente ante los de

e esté allí? -pregunté, recordando

gestión del viñedo en Valdenia. Él ha dejado que las fincas se deterioren, se ha dejado llevar por la autocompasión. Tú vas a ser su est

ofrío-. Es un hombre adulto, señor Valdés. No

tienes paciencia. Úsala. Si al cabo de un año Damián sigue siendo un espectro, el contrato

teléfono, que descansaba sobre la mesa, vibró violentamente. La

resentas mañana a pedirme perdón de rodillas, tanto tú como tu querida madre se v

ónde te has escapado, gorda? Nadie te va a querer si no es co

rme. Mis dedos picaban por desbloquear el teléfono, por responder, por suplicar... pero

teléfono y, sin leer el siguiente mensaje que acababa de entrar,

señor Valdés, arqueando una ceja-.

temblaban ligeramente bajo la mesa-. Solo asunto

n segundo, vi un destello de algo que no e

posa de Damián, aunque sea un contrato. La reputación de la familia está en juego. Cualquier escándalo por tu parte, cualquier infidelidad,

ometido se acostaba con mi prima mientras yo horneaba nuestro pastel de bodas. Cré

onrisa fina, ca

Si él se entera de que te pagué para estar con él, todo el efecto psicológico que busco se perderá. Él d

as como si fueran veneno-. ¿Y qué obtengo

al para que puedas abrir tu propio restaurante. Un negocio real, no solo sueños. Tendrás el cap

llave de la jaula en la que mi

-pregunté, si

si estuviera firmando mi sentencia de muerte, o tal vez, mi acta de n

. Un coche pasará por ti. No intentes contactar a Bruno, ni a nadie de tu antigua vid

a la ventana, d

er día. Incluso el segundo. Te escupirá amarguras que ni siquiera te pertenecen. No te tomes n

e de pie-. Pero señor Vald

sí? ¿Q

tenta arreglarte sin preguntarte. No intentaré "arreglarlo" como si fuera una pieza de cerámica. In

ó a hacerme un gesto con

eléfono. Había cinco llamadas perdidas de Bruno. Volví a mirar el mensaje: "Si te casas con otro, te j

ror me paralizó. ¿Y si él tenía razón? ¿Y si

Bloqueé el número de Bruno. Bloqueé el de Elena. Bloqueé a tod

tarde golpeaba el asfalto. El aire era pesado, lleno de contaminac

e Damián Valdés. Mañana empezaría mi nueva vida en Valdenia, lejos de las amenazas, lej

ero si quería un hogar... bueno, tendría que aprender que en la cocina, y en la

biendo que no volvería a ver mi apartamento nunca más. El camino a los viñedos n

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La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar
La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar
“Aurora creía tenerlo todo: un futuro, un amor y una vida cuidadosamente planeada. Hasta que una noche, un pastel en el rostro de su prometido y una verdad dolorosa lo destruyeron todo. Con su mundo desmoronándose y el peso de una deuda imposible de pagar, Aurora se ve obligada a aceptar una propuesta desesperada: convertirse en la esposa temporal de Damián. Él es un hombre marcado por el destino, un CEO que ha convertido su silla de ruedas en una fortaleza y su viñedo en un refugio donde nadie es bienvenido. Damián ha jurado no permitir que nadie más se acerque a su corazón, convencido de que su vida es una amargura que nadie debería compartir. Es un contrato de un año. Una farsa para el mundo exterior. Sin embargo, cuando la vitalidad y la pasión de Aurora chocan contra el muro de frialdad de Damián, las reglas del juego comienzan a cambiar. Entre platos que despiertan sentidos dormidos, silencios cargados de tensión y secretos que amenazan con salir a la luz, ambos descubrirán que el corazón tiene sus propias leyes. ¿Podrá Aurora derretir el hielo de un hombre que se niega a ser amado? ¿O será el contrato la pieza que termine de romperlos a ambos? En un lugar donde el vino madura con el tiempo, ellos aprenderán que, a veces, el amor es el sabor más difícil de digerir.”