que me llevaría al piso cincuenta, me observé en el reflejo de las puertas metálicas. Me veía pálida, con la ropa demasiado sencilla para un lugar donde hasta el aire acondicionado pare
ho principal. No era una oficina; era un santuario al poder. Escritorios de caoba oscura, estanterías repletas
No se levantó al verme entrar. Ni siquiera apartó
ntar la vista. Su voz era grave,
is manos, nerviosas, se aferraban a mi bolso. Él tardó un minuto entero en cerrar la carpeta y
serio -comenzó, entrelazando sus dedos sobre la superficie pulida del escritorio-.
que mi corazón latía contra mis costillas-. No estoy aquí por el dinero, ni por
us razones. Lo que importa es el resultado -se inclin
La letra era pequeña, llena de términos legales que, en c
lutamente nadie, debe saber que esto es un arreglo. Ante los ojos del mundo, y especialmente ante los de
e esté allí? -pregunté, recordando
gestión del viñedo en Valdenia. Él ha dejado que las fincas se deterioren, se ha dejado llevar por la autocompasión. Tú vas a ser su est
ofrío-. Es un hombre adulto, señor Valdés. No
tienes paciencia. Úsala. Si al cabo de un año Damián sigue siendo un espectro, el contrato
teléfono, que descansaba sobre la mesa, vibró violentamente. La
resentas mañana a pedirme perdón de rodillas, tanto tú como tu querida madre se v
ónde te has escapado, gorda? Nadie te va a querer si no es co
rme. Mis dedos picaban por desbloquear el teléfono, por responder, por suplicar... pero
teléfono y, sin leer el siguiente mensaje que acababa de entrar,
señor Valdés, arqueando una ceja-.
temblaban ligeramente bajo la mesa-. Solo asunto
n segundo, vi un destello de algo que no e
posa de Damián, aunque sea un contrato. La reputación de la familia está en juego. Cualquier escándalo por tu parte, cualquier infidelidad,
ometido se acostaba con mi prima mientras yo horneaba nuestro pastel de bodas. Cré
onrisa fina, ca
Si él se entera de que te pagué para estar con él, todo el efecto psicológico que busco se perderá. Él d
as como si fueran veneno-. ¿Y qué obtengo
al para que puedas abrir tu propio restaurante. Un negocio real, no solo sueños. Tendrás el cap
llave de la jaula en la que mi
-pregunté, si
si estuviera firmando mi sentencia de muerte, o tal vez, mi acta de n
. Un coche pasará por ti. No intentes contactar a Bruno, ni a nadie de tu antigua vid
a la ventana, d
er día. Incluso el segundo. Te escupirá amarguras que ni siquiera te pertenecen. No te tomes n
e de pie-. Pero señor Vald
sí? ¿Q
tenta arreglarte sin preguntarte. No intentaré "arreglarlo" como si fuera una pieza de cerámica. In
ó a hacerme un gesto con
eléfono. Había cinco llamadas perdidas de Bruno. Volví a mirar el mensaje: "Si te casas con otro, te j
ror me paralizó. ¿Y si él tenía razón? ¿Y si
Bloqueé el número de Bruno. Bloqueé el de Elena. Bloqueé a tod
tarde golpeaba el asfalto. El aire era pesado, lleno de contaminac
e Damián Valdés. Mañana empezaría mi nueva vida en Valdenia, lejos de las amenazas, lej
ero si quería un hogar... bueno, tendría que aprender que en la cocina, y en la
biendo que no volvería a ver mi apartamento nunca más. El camino a los viñedos n
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