AI
el. No quería llorar, y mucho menos mostrar el dolor que sentía en ese momento. Respiré h
jo? -pregun
n me d
Katherine. ¿Qué te di
había dicho, quejándome de su astuta tra
e ofreció el apoyo de su empresa. Tu jefe
no fue un accidente, te juro que te har
evidente. Cada palabra suya me causaba un dolor profundo, pero él era lo único que tenía para sobre
Valentino? -pregunté
l, querida esposa. No quie
sado a lo largo del tiempo eran mayores que sus deseos.
padres nos dejaron a mí y a mi hermana menor con tanto esfuerzo, ¿y para qué? ¿Para esto? Ac
la frente, fingie
taria y lárgate de este hospital. No quiero volver a este lugar solo para mantener un est
stuve a punto de decirle que renunciaría a mi capita
te la guerra
rsona estúpida que no quiere renunciar a su herencia. Además, me amas,
-le espet
therine, no er
mo si fuera un espectáculo-. ¡Vete, no quiero verte, Valentino! ¡Lárgate! -grité a todo pulmón. Él sonrió y salió de la
rrugó y las lágrimas empezaron a caer a raudales, sumán
la mansión que compartía con Valentino. Todo estaba como lo recordaba, todo en su lugar, exc
llas de la sala. ¿A quién intentaba
ar algunos asuntos cuando entró u
o, yo estoy disfrutando de que tu marido
e mi misma edad; su vientre estaba abultado como resultado del embarazo
n esto no disminuía lo abusivo que era, confirmaba la clase de ser hu
mero del que recibí el mensaje, pero sonaba a
pecho, y cientos de lágrimas corrieron por mis mejillas. No podía describir lo q
o que pudiera aliviar el dolor que sentía en mi corazón, a
os guardaba para momentos de crisis, y ahora estaba en uno de ellos. Me sentía tan sola y consumida por la soledad que era evidente
pé y saqué más de una docena de pastillas. Mi pulso estaba alterado y las lágrimas brotaban a raudales; solo quería dormir y no volver a despertar j
rimas se detuvieron un poco y mi corazón empezó a latir lentamente. No pasó mucho tiempo antes de que las pastillas hicieran efecto. Sentí una paz i
/0/23771/coverbig.jpg?v=eb0bb347674adeff6f5d8106d5dd0e1e&imageMogr2/format/webp)