or. Era más grande que la mayoría
s, Chanel, Dior. Eran trofeos, no ropa. Kason los había comprado para cubrirla con el
gnoró
echa bolsa de lona. Era una reliquia del pasado de Elease, una bolsa que había empacado para un viaje de campame
l marco con los brazos cruzados. La obser
de basura?", pregun
amisetas negras lisas y un par de jeans. Los dob
de terciopelo sobr
os diamantes se quedan. Pertenecen al
diamantes brilló bajo la luz empotr
ró por
o guardapelo de plata, acomodado en un rincón de la caja.
to de una mujer de ojos amables le devo
lo de un golpe seco y se
viejo, pero por dentro, el hardware había sido modificado. La personalidad latente de Phoenix había guiado sus manos años
sa y la cerró. La bolsa a
ason. Llevaba u
vuelta",
visto todo antes, Elease. Las cicatrices
mente se quitó la parte de
cía cinco años. Eran más antiguas, un espantoso entramado de líneas pálidas y abultadas -algunas quirúrgicas, otras claramente de quemaduras y metralla-, un mapa de la
apucha y unos leggings. Se calzó
ió la
o se movió. Le bloqueaba el pas
ás fuerte, teñida de frustración. "¿Crees que este acto
e lo
ciencia, Kason", dijo
uido, un sutil cambio de peso que le pe
la agarró del brazo. Su a
siseó él. "No te quedes merodeando por
ado, calculó el ángulo de su muñeca, el punto de presión en su pulgar. Podía romperle la muñeca en dos segundo
u voz bajó una octa
luta que Kason la soltó al instante. Retrocedió,
ioso y entrecortado. "
trado", corr
s pasos eran silenciosos
n la pared. Kason parecía un príncipe. Elease es
det
pensando que est
o y puso el marco boca
g shui",
sada puerta
ni un centavo!", gritó Kason desde el pa
e cerró de
ivo. Fue el sonido de
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