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Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo

Capítulo 8 

Palabras:870    |    Actualizado en: Hoy, a las 14:47

l

has. La libertad estaba

i teléfono desec

a pantalla, mientras un pavor helado se acumulaba en mi es

recía de toda calidez. "La Matriarca notó que no confirmó su asistencia al Cónclav

s, yo

nzas esta noche. Si tú y el Alfa Jace no cruzan las puertas de la Fortaleza Blackwood a las siete en punto, con

esas palabras hizo que una plata fantasma quemara mi piel, un recuerdo visc

on la voz entrecortada y temblo

ores de Hilda me cazarían antes de que cruzara la fron

ciencia a entrar en la red de

mental. *Necesito que vengas conmigo

a. *¿Estás loca, Elyse? ¡El Anciano Marcus congeló mis cuentas! ¡Estoy lidiando con

y sin filtros a través del vínculo. *¡Me arrastrará de vuelta a los calab

nstintos de Alfa de Jace reconocieron el miedo genuino y primario que irradiaba

llegamos a las siete y nos vamo

bloroso, rezando para que pudiéramos simple

stido negro de gala, temblando mientras la corriente de aire de la pesada puerta principal se colaba hasta mi

minutos para que tuv

segundo piso. No estaba usando el enlace mental; hablab

tontamente Ciera, un sonido que goteaba falsa inoc

del suelo. La puerta del dormitorio de J

ctor de la Manada!", bramó Jace, su aura de Alfa

erfectamente calculadas. "¡Tú tienes una Luna! ¡No puedo simplemente esperar para s

pura de esta hizo que mis propias rodillas se doblaran l

epulcral. El único sonido era el violento t

e mental

e toda culpa. *Los Ancianos acaban de convocar u

reuniones en la noche del Solsticio de Invierno. Era una mentira patética

de Jace estaba exactamente donde lo había dejado, con el sobre de R

ulo que me ataba a Jace Silvermoon se marchitó y murió en

viento helado me mordió la piel al instante, pero no me detuve. Salí a la ceg

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Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo
Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo
“Soy la Luna de la manada, pero al haber nacido sin loba, mi esposo, el Alfa Jace, me ignora como si fuera un parásito inútil. En cambio, trajo a la viuda de su hermano, Ciera, a vivir con nosotros, dándole todo su afecto y acomodándola directamente en el ala sagrada de la Luna. Permitió que el hijo de ella destruyera la única foto que me quedaba de mis padres y me exigió que me disculpara por asustar al niño. Cuando mi despiadada abuela nos convocó bajo amenaza de muerte, Jace eligió quedarse en casa consolando a Ciera por un berrinche inventado. Al presentarme sola en el Cónclave, mi abuela me condenó a la tortura. Me obligaron a arrodillarme sobre piedra incrustada con plata pura, quemando mi carne viva en medio de una ventisca brutal para pagar por la ausencia de mi Alfa. Mientras el dolor destrozaba mis huesos y la nieve helaba mi sangre, la humillación se convirtió en una claridad absoluta. Soporté tres años de este matrimonio político en silencio. Jace sabía exactamente el infierno que mi familia me haría pasar, y aun así me dejó morir sola para complacer a su amante. Pero justo cuando estaba a punto de rendirme ante la oscuridad, las impenetrables puertas de hierro de la fortaleza estallaron en mil pedazos. Mi primo, el temido Lycan Baron, bajó de su auto en medio de la tormenta, destrozó a los guardias y me envolvió en su abrigo abrasador antes de dar una orden letal: "Vendan en corto todo lo relacionado con los Silvermoon. Quiero a Jace rogando en los escalones de su propia manada al amanecer".”