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Pecado bajo Contrato

Capítulo 4 Horas extras

Palabras:1647    |    Actualizado en: 15/04/2026

d debería haber estado en silencio, pero en el piso cuarenta y cinco de Blackwood Industries, el a

dos primeros botones de su blusa de seda, buscando aire en una oficina que, a pesar del aire acondicionado central, se sentía sofocante. Las hojas de cálculo bailaban ante su vista, pero las proyecciones f

blancas, un hormiguero de vidas que parecían insignificantes desde esa altura. El silencio del edificio era

quí, seño

rciopelada, enviando una descarga eléctrica directa a la

angas de su camisa blanca estaban remangadas hasta los antebrazos, revelando una musculatura tensa y un reloj d

ndo el aliento-. Me dio cuarenta y ocho ho

sos eran silenciosos sobre la alfombra de felpa. Se detuvo frente al escritorio de Elara,

capturado las sombras de la noche-. La mayoría de las personas se habrían rendido tras la junta

torio-. Y usted lo sabe. Por eso me puso esta trampa. Esperaba que fallara

ue una risa, pero carecía de alegr

eñorita Vance. Pero no p

o que la había perseguido durante todo el día. Él extendió una mano y tomó u

to en su vigilia -dijo é

o por un momento su hostilidad ante la oportunidad de probar su punto-. Si observa la página cuatro, verá

tas de Elara-. Eso es lo que escribió a

. -Fue una elección de palabras poco afortuna

monitor principal. Estaba tan cerca que Elara podía sentir el calor que emanaba de su

ozando la pantalla-. Si ajustamo

al lado de su oído-. El riesgo de volatilidad en esa pla

mensaje -insistió ella,

os se encontraron sobre la

as ambos intentaban alcanzar el mismo documento impreso. Pero en el v

su pecho, acelerando su corazón hasta un ritmo alarmante. Killian no retiró la mano. Al contrario, sus ded

la frialdad corporativa. Sus pupilas estaban dilatadas, devorando el gris de sus iris, transformándolos e

lla, aunque no sabía si era un

a peligrosa y ronca. Por primera vez, usó su nombre de pila, y el sonido hizo qu

gla ahora -desafió ella, aunque su vo

tímetro de aire entre ellos. La imponente presencia física del hombre la rodeó, atrapándola entre su cuerpo y el escr

labios de Elara-. Desde el momento en que entraste en esa sala y me miraste

mbre con una audacia que la asustó a ella misma-. Solo es

l líder implacable que había construido un muro de hielo a su alrededor y el hombre hambriento que el

a que sus frentes casi se rozaron-. Debería despedirte ahora mismo. Debería sacarte de est

e? -desafió Elara, su respira

el aroma de ella. Cuando los abrió, el deseo animal que Elar

maldito egoísta

de fuego a su paso. El roce de sus dedos contra la piel sensible de su antebrazo hizo que Elar

destruiría todas las barreras, que quemaría los contratos y las reglas de oro. Ela

fono vibrando sobre el escritorio rompió el hechizo. Era el móvil de Elara, una alarma que e

si la piel de Elara lo hubiera quemado. Su rostro volvió a transformarse en es

nándolo por primera vez en el día, y ret

d cortante, aunque todavía vibraba con una aspereza residual-. Y asegúrese

oficina, sus pasos resonando en el pasillo

us costillas y la mano donde él la había tocado todavía ardiendo. Mi

cía letal. Era el fuego que ocultaba debajo del hielo, un incendio que, ella lo sabía ahora, est

eclear, Elara supo que la verdadera prueba no sería el jueves por la mañana. La verdadera prueba ser

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Pecado bajo Contrato
Pecado bajo Contrato
“Elara Vance pensó que conseguir el puesto de Jefa de Marketing en Blackwood Industries era su billete hacia la cima del mundo corporativo. Estaba preparada para largas horas, reuniones exhaustivas y campañas agresivas. Para lo que no estaba preparada era para el peaje que tendría que pagar: Killian Blackwood. Con una presencia que roba el oxígeno de cualquier habitación y una mirada fría que parece desnudarle el alma, Killian es un hombre forjado en hielo y sombras. En la empresa, su regla de oro es absoluta: nada de confraternizar con el personal. Sin embargo, desde el instante en que Elara cruza las puertas de su oficina, esa regla comienza a asfixiarlo. Mientras Elara intenta mantener una fachada de profesionalismo intachable, Killian se convierte en una fuerza ineludible en su vida. Es un jefe exigente, sí, pero también un protector feroz que despide a cualquier hombre que se atreva a mirarla dos veces. Él sabe que está roto, atormentado por un secreto oscuro y demonios que le advierten que la destruirá si la toca. Pero cuando una cena de negocios termina en desastre y ambos quedan a solas en la intimidad del ascensor privado de la compañía, la máscara de frialdad de Killian se resquebraja. Elara está a punto de descubrir que debajo del impecable traje a medida de su jefe no late el corazón de un hombre de negocios, sino el de una bestia hambrienta. Y ella es su única presa.”